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	<title>Homo Cyborg-Naief Yehya</title>
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	<description>Cyborgs, Pornography and propaganda</description>
	<pubDate>Tue, 08 Apr 2008 19:17:56 +0000</pubDate>
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		<title>De la cura del agua al waterboarding</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Apr 2008 19:17:56 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[	Tablas de emociones
Snowboarding, skateboarding y waterboarding. Nada puede sonar más divertido y excitante que estos tres términos que parecen evocar deportes extremos: deslizarse sobre la nieve, el asfalto y quizás el agua a alta velocidad. Pero la intensa segregación de adrenalina y emociones que producen las dos primeras actividades es muy distinta del efecto de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Tablas de emociones<br />
Snowboarding, skateboarding y waterboarding. Nada puede sonar más divertido y excitante que estos tres términos que parecen evocar deportes extremos: deslizarse sobre la nieve, el asfalto y quizás el agua a alta velocidad. Pero la intensa segregación de adrenalina y emociones que producen las dos primeras actividades es muy distinta del efecto de la tercera. El último de estos términos no se refiere a una actividad digna de los X-Games sino a una brutal forma de tortura aparentemente inventada por la siempre ingeniosa Santa Inquisición española. La toca o tortura del agua consistía en acostar al sujeto boca arriba, meterle un trapo u otro objeto en la boca para obligarlo a mantenerla abierta y verter agua sobre su cara para que sintiera ahogarse. Actualmente hay muchas variantes de este suplicio pero en todas el objetivo es crear la sensación de ahogamiento, la agonía de respirar agua. Es de imaginar que para los inquisidores la idea del agua evocaba limpieza, purificación del cuerpo y espíritu de los pecadores. La realidad era mucho menos pulcra, se trataba de un procedimiento espantoso que provocaba un dolor devastador (según quienes lo han experimentado soportar más de 15 segundos parece insoportable), podía causar daño cerebral y una agonía que podía concluir con la muerte. Los torturados se inflaban “como sapos” y cuando estaban a punto de estallar el torturador les apretaba el vientre para hacer salir el agua y recomenzar. Lavarle las entrañas a un hereje no podía era considerado como una tortura sino como un remedio para el espíritu. De ahí que se le rebautizara la cura del agua. Dado que se trata de una tortura que no deja huellas visibles y que en esencia no es sangrienta algunos la consideran como una práctica light, un tormento más humano que la “muerte de los mil cortes” china, que los desollamientos, las castraciones, la doncella de hierro, los calderones de aceite hirviente y los toques eléctricos en los genitales, entre otros. Quizás por eso el gobierno de Bush decidió reincorporarlo al arsenal de recursos para buscar la verdad. En algún momento de la historia el nombre de esta práctica que se ha empleado desde Camboya (por el Khmer rouge), hasta Chile (a manos de los verdugos de Pinochet), pasando por las tropas francesas de ocupación de Argelia, pasó de rebautizarse: waterboarding, un nombre a la moda, pegajoso y moderno, justo lo que no debería ser ninguna forma de tortura.<br />
Otros tiempos<br />
En 1898 el gobierno de los Estados Unidos decidió llevar sus ideales de libertad y democracia más allá de sus fronteras. El tiempo de los imperios había terminado por lo que los EUA decidieron liberar a dos colonias del imperio español: Cuba y Filipinas. El comodoro George Dewey se encargó de transportar de regreso a Filipinas al revolucionario exiliado Emilio Aguinaldo, quien con el apoyo de sus protectores derrotó a las tropas españolas invasoras en tierra y creó un gobierno. Después de un tiempo los estadounidenses decidieron que los filipinos todavía no podían gobernarse a sí mismos (en particular cuando se dieron cuenta que esas islas eran un trampolín perfecto para China y el sudeste asiático). Así que los liberadores que habían sido recibidos con flores y dulces se convirtieron en los nuevos invasores, determinados en liberar al pueblo del gobierno de Aguinaldo. Esto dio lugar a una insurrección popular que los soldados estadounidenses contrarrestaron a sangre y fuego, con encarcelamientos masivos, quemas de aldeas, matanzas de civiles y por supuesto, grandes dosis de tortura. Una investigación al respecto de la conducta de las tropas concluyó afirmando que las acusaciones de tortura de los nativos habían sido infundadas o gravemente exageradas. Como escribe Paul Kramer en su artículo “The Water Cure” (The New Yorker, 25/02/08), el Secretario de la guerra, Elihu Root, declaró que era la insurgencia filipina la que se comportaba con “crueldad bárbara común entre las razas no civilizadas. Según Root la campaña estadounidense había sido llevada a cabo “con escrupulosa atención de las reglas de la guerra civilizada, con consideración cuidadosa y genuina para el prisionero y los no combatientes, con mesura y con humanidad nunca rebasadas, y tal vez no igualadas en ningún conflicto, merecedora únicamente de elogio y capaz de reflejar crédito en el pueblo estadounidense”. Sin embargo, algunos “negaban, debido a su raza, que los filipinos merecieran los límites protectivos de la guerra civilizada”, escribe Kramer en un sórdido eco de lo que hoy se dice de los militantes islámicos. (sigue)<br />
 Cambio de reglas<br />
Tras los ataques del 11 de septiembre el vicepresidente estadounidense Dick Cheney dio manos libres a su consejero personal, David Addington para que diera forma a una estrategia agresiva que sería una de la ramas de la denominada guerra contra el terror, aquella que tenía el objetivo de rastrear, capturar y hacer confesar a los enemigos de los Estados Unidos en donde quiera que estuvieran. Addington de manera silenciosa es autor de algunas de la políticas más controvertidas del gobierno Bush, como el uso de cárceles secretas de la CIA distribuidas por le mundo en las que desaparecen presos de todos orígenes, la práctica de la “rendición extraordinaria” de sospechosos que son llevados a otros países para ser torturados, el espionaje telefónico sin autorización jurídica de cualquiera en territorio estadounidense y el uso de la tortura para obtener confesiones. Los defensores de estas prácticas extremas aseguran, por supuesto, que han dado resultados, que de otra manera no se hubiera conseguido. Por ejemplo la confesión de Khalid Sheik Mohammed (o KSM), el presunto autor intelectual de los ataques del 11 de septiembre, quien tras sesiones de waterboarding, reveló su papel en ese ataque y prácticamente en todos los actos de terrorismo relevantes de las últimas décadas. No obstante, KSM había confesado su participación antes de su captura en una entrevista con Yosri Fouda, para al Jazeera el 9 de septiembre del 2002, aparentemente sin haber sido objeto de ningún tormento.<br />
Ticking bomb<br />
La justificación favorita de los apologistas de la tortura es el cuento de la bomba a punto de estallar. Ese mito completamente irreal y que nunca en la historia ha tenido lugar que consiste en suponer que un prisionero sabe donde está una bomba y con tan sólo torturarlo lo suficiente revelará la localización justo a tiempo para impedir una tragedia. Este escenario hipotético es el corazón de la serie televisiva 24 y de numerosas obras de ficción, pero al quererlo transplantar a la vida real se borran los límites de la decencia y se producen monstruos en forma de individuos e instituciones sádicos y fuera de control que creen hacer el bien al intimidar, explotar las debilidades y lastimar sospechosos.<br />
El manual<br />
Por lo menos en teoría los interrogadores del ejército, la CIA y otras agencias debían limitarse a 19 métodos aprobados por el Manual de campo del ejército, entre los que se cuentan tácticas como la de “policía bueno - policía malo”, aislamiento y “bandera falsa” (cuando un interrogador estadounidense se hace pasar por representante de otro país). Estos métodos en general producen buenos resultados. No olvidemos que tras la Segunda Guerra Mundial algunos de los generales y oficiales nazis así como científicos en cautiverio confesaron a su captores estadounidenses miles de secretos del régimen sin necesidad de que se les arrancara una sola uña. Como declaró el exinterrogador y físico de MIT, Henry Kolm, de 90 años al Washington Post (“Fort Hunt&#8217;s Quiet Men Break Silence on WWII”, de Petula Dvorak, 6/10/2007) . “Obteníamos más información de un general alemán con un juego de ajedrez o ping pong de lo que obtienen hoy con sus torturas”. En el mismo artículo George Frenkel, que hoy tiene 87 años, dice: “Durante los muchos interrogatorios que hice nunca le puse las manos encima a nadie. Extraíamos la información en una batalla de ingenio. Me enorgullece decir que nunca comprometí mi humanidad”. </p>
	<p>El verdadero objetivo<br />
La tortura más que una herramienta para extraer información es un mecanismo de terror, es represión individualizada pero de efecto expansivo. Su verdadera meta es inyectar miedo en la población de manera selectiva. Lo que se quiere no es que el sujeto confiese, eso es meramente marginal, se necesita doblegarlo, romper su espíritu, obligarlo a traicionar a sus camaradas, a su causa y a sus seres queridos. En Irak o Palestina, como lo fue antes en las Filipinas, la tortura es la expresión de la frustración del ocupador ante su incapacidad para controlar a otro grupo considerado débil o inferior pero que actúa con rebeldía o desobediencia. No puede haber tortura sin un elemento de condescendencia, racismo y desprecio profundo por el otro. Sólo es posible abusar de un cautivo si se le ha deshumanizado, convertido en una idea y transformado su dolor en señal, código para ser interpretado para descubrir la verdad. </p>
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		<title>Los aliados incómodos de los EUA</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jan 2008 18:16:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
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El lugar más peligroso del mundo 
Ahora resulta que el lugar más peligroso del mundo no es Irak ni las montañas de Afganistán sino Pakistán, como afirmó en un usual despliegue de histeria el semanario Newsweek. Esta nación, cuyo dictador a cargo, el general Pervez Musharraf, dio un golpe de estado el 12 de octubre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/musharraf760456kt4.jpg' alt='' /><br />
<em>El lugar más peligroso del mundo </em><br />
Ahora resulta que el lugar más peligroso del mundo no es Irak ni las montañas de Afganistán sino Pakistán, como afirmó en un usual despliegue de histeria el semanario Newsweek. Esta nación, cuyo dictador a cargo, el general Pervez Musharraf, dio un golpe de estado el 12 de octubre de 1999 al primer ministro electo Nawaz Sharif, se ha querido promocionar como el fiel guardián de los intereses estadounidenses en la región. Pero bajo el régimen de Musharraf difícilmente se podría decir que los extremistas islámicos de esa nación asiática hayan sido eliminados o pacificados. Los grupos militantes se multiplican, el propio Musharraf ha sobrevivido a varios intentos de homicidio y los atentados con bomba, prácticamente desconocidos en ese país hasta el 2001, casi se han vuelto comunes. Durante la campaña de bombardeo contra el talibán y al Qaeda en Afganistán buena parte de los milicianos escaparon y se ocultaron en territorio paquistaní. Si bien por una parte era lógico que buscaran santuario en el país vecino, donde en principio no podían alcanzarlos los misiles, por otra era claro que estos fundamentalistas buscarían refugio al lado de sus aliados. El servicio de inteligencia pakistaní, ISI, se encargó de financiar (con miles de millones de dólares estadounidenses) a las milicias islámicas afganas en su lucha contra los soviéticos. Aparte de la insurgencia afgana el ISI patrocinaba otra guerra santa en Kashmir en contra de la India y aparentemente estaban fuera de cualquier control del gobierno de Islamabad. El ISI estableció madrazas para indoctrinar y reclutar jóvenes, creó redes de fanáticos islámicos, estableció campos de entrenamiento, armó grupos guerrilleros, organizó actividades de agresión y sabotaje, así como asesinatos en varios países. El ISI ayudó al talibán a establecer su lunático régimen y preparó a su líder, el mulá Omar. Pero ante la amenaza proferida, supuestamente por Colin Powell y Richard Armitage, de regresar a su país a la edad de piedra, Musharraf prefirió unirse a la coalición en contra del talibán y abandonó sus esfuerzos por salvar al frágil gobierno de sus fanáticos aliados afganos y a las huestes de Osama bin Laden, fuerzas que no hubieran existido de no ser por el intervencionismo estadounidenses. El equilibrio por el que optó Musharraf fue fingirse comprometido con occidente al combatir a los extremistas pero para evitar una revuelta doméstica les dio santuario en su territorio. Pocas semanas después del artículo en Time, la expremier ministra Benazir Bhutto, quien había podido regresar a su patria gracias a un acuerdo negociado por los Estados Unidos, fue asesinada en un ostentoso atentado con armas de fuego y explosivos. </p>
	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/ap_turkey_kurds_071025_ms.jpg' alt='' /></p>
	<p>	<em>Caos en la frontera norte</em><br />
Turquía pertenece a la OTAN y ha sido un fiel aliado estadounidense durante décadas, sin embargo la invasión de Irak nunca convenció al gobierno de Ankara, no les interesaba tener una guerra en un país vecino y no deseaban que los kurdos turcos se inspiraran en los logros de los kurdos iraquíes, quienes desde el inicio se aliaron a los EUA en contra del gobierno de Saddam. Y lo que temían los turcos no tardó en suceder. Milicianos kurdos del PKK incursionan en su territorio para llevar a cabo acciones bélicas con el fin de conquistar la autonomía para un futuro estado kurdo. A esto Washington ha respondido con mensajes de solidaridad pero no con acciones para presionar al gobierno títere de Bagdad a poner fin a las hostilidades, como cerrar  campamentos de milicianos y perseguir a los responsables de los ataques criminales. En vez de buscar una solución pacífica el presidente iraquí, el kurdo, Jalal Talabani, declaró que nunca entregará al gobierno turco “a ningún hombre ni gato kurdo”.<br />
	<em>Tercera guerra mundial</em><br />
La situación  es potencialmente catastrófica ya que el conflicto sigue extendiéndose por el Oriente próximo. Además, en la frontera de Irak con Irán también tienen lugar incursiones kurdas, éstas del partido PJAK, un brazo del PKK, quienes han confrontado regularmente al ejército iraní. Mientras el PKK es un dolor de cabeza para los EUA, el PJAK es un discreto aliado en contra de Irán. Richard Oppel en un artículo de primera plana del New York Times, “In Northern Iraq, Conflict Simmers on a Second Kurdish Front” , revela que los EUA suministran armas, entrenan y mantienen contactos con el PJAK. La estrategia esquizofrénica en el frente kurdo no puede más que traducirse en una nueva tragedia, en nuevos enemigos y nuevas geografías del odio y el descontento que eventualmente se transformarán en armas de fuego o aviones usados como misiles con consecuencias previsibles pero difícilmente imaginables.
</p>
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		<title>La guerra contra Irán</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Nov 2007 04:07:13 +0000</pubDate>
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	Durante el todo el verano en los Estados Unidos los grandes medios no cesaron de repetir el mensaje oficial el cual pedía “dar tiempo” al incremento de tropas o “surge” , no cuestionar la política bélica y esperar el informe del 10 de septiembre (fecha elegida por obvias resonancias emocionales justo antes del aniversario del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/Persian_Gulf.jpg' alt='' /></p>
	<p>Durante el todo el verano en los Estados Unidos los grandes medios no cesaron de repetir el mensaje oficial el cual pedía “dar tiempo” al incremento de tropas o “surge” , no cuestionar la política bélica y esperar el informe del 10 de septiembre (fecha elegida por obvias resonancias emocionales justo antes del aniversario del los ataques contra las Torres gemelas y el Pentágono) del general Petraeus acerca del estado de las cosas en Irak tras esta iniciativa. Cualquier persona medianamente interesada podía seguir el curso de los acontecimientos más relevantes sucedidos en este, otro infernal verano iraquí, y darse cuenta que el nivel de violencia interétnica, el caos, el continuo éxodo de la población iraquí, el colapso de los servicios básicos y el crimen no han menguado en lo más mínimo y de acuerdo con las cifras más recientes recogidas por la agencia AP, el deterioro se ha incrementado y la opinión pública iraquí es muy desfavorable al aumento de tropas invasoras.<br />
Mientras tanto la retórica del gobierno estadounidense en contra de Irán siguió aumentando. El 28 de agosto pasado, ante la Legión Americana, Bush declaró que Irán amenazaba al Medio Oriente con un holocausto nuclear y que había autorizado a sus comandantes a confrontar las actividades criminales de Teherán.  Por meses se ha acusado al gobierno de Ahmadinejad de proveer entrenamiento, dirección y armas a los insurgentes chiítas, en particular en lo referente a explosivos sofisticados que han cobrado numerosas vidas entre las tropas estadounidenses. Los Estados Unidos han llegado al extremo de amenazar con designar a una de las principales ramas del ejército de ese país, al cuerpo de la guardia revolucionaria iraní, como un organización terrorista global. Paradójicamente el principal aliado estadounidense en la región, el primer ministro Nouri al-Maliki, quien además debe su supervivencia en el poder a las fuerzas invasoras, ha contradicho estas acusaciones al declarar que el papel de Irán ha sido constructivo en Irak.<br />
Y si bien los medios estadounidenses se han mostrado ligeramente más escépticos al respecto de estas acusaciones, por otra parte tampoco han denunciado lo que a todas luces parece una nueva campaña de desinformación y propaganda de la Casa Blanca para vender una nueva guerra. Como hace cuatro años, hay “filtraciones” de información que obviamente son parte de una estrategia deliberada para ir creando una Zeitgeist favorable o por lo menos tolerante en caso de que se lance esta guerra. Aunque comenzar otra guerra parece totalmente delirante dado que el ejército estadounidense se encuentra rebasado, empantanado en sus guerras actuales y en crisis debido al inmenso desgaste y altísimo costo que han tenido cuatro año años de invasiones en Irak y seis en Afganistán, Bush, Cheney y lo que queda de su equipo de neocones, podrían  apostar a esta alternativa para despertar una renovada euforia bélico-patriotera que pudiera traducirse en un triunfo republicano en las urnas.<br />
El ataque sería justificado por que la Estrategia de Seguridad Nacional del 2006 establece que uno de  sus objetivos es eliminar a Irán como potencia regional y llevar a cabo un cambio de régimen en la república islámica a pesar de “peligros e impedimentos” significativos. Varios analistas militares, entre los que destacan Dan Plesch, el Director del Centro para Estudios Internacionales y Diplomacia de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, y Martin Butcher, el exdirector del Consejo de Información sobre Seguridad Anglo Americano han publicado  reportes al respecto de supuestos planes del Pentágono para lanzar  un ataque tipo “shock and awe”, como el usado al inicio de la guerra contra Irak, masivo, multifrente, de espectro total con el que se espera destruir gran parte de la capacidad militar, de la infraestructura y las plantas nucleares del país, con la intención de tornarlo en un solo golpe en un “estado débil o fracasado”. Los planes señalan que 10,000 blancos han sido elegidos para su destrucción con misiles de largo alcance. Se cuenta con que los Estados Unidos tienen suficientes tropas de tierra e infantes de marina en la región para ser usadas en un ataque relámpago contra Irán. También supuestamente hay ya agentes de fuerzas especiales, CIA y otras agencias infiltrados trabajando con grupos disidentes y de resistencia popular en varias provincias del país, como en la zona azerí, en Balujistán, Kurdistán y en la principal zona de producción petrolera el Khuzestán, con la intención de incitar levantamientos y llevar a cabo actos de sabotaje contra el gobierno central. En esta guerra las únicas naciones que supuestamente prestarían apoyo serían Inglaterra e Israel. Llama la atención también que los aspirantes a candidatos presidenciales de ambos partidos han asumido como una obligación hablar de la manera en que confrontaran la amenaza iraní y compiten por mostrarse agresivos al respecto de una situación de confrontación aún inexistente.</p>
	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/5247.jpg' alt='' /></p>
	<p>Estos autores piensan que el Pentágono tiene considerado el uso de armas nucleares en el caso de que Irán tenga ya un arsenal atómico o si se requieren para destruir las instalaciones de la planta nuclear de Natanz que supuestamente cuenta con un bunker de profundidad. Pocas veces se menciona en los medios de comunicación estadounidenses que Irán es uno de los países signatarios del Tratado de no proliferación nuclear de 1970 y ha cumplido sus obligaciones con éste. La AIEA ha reportado que Irán a frenado su programa de enriquecimiento de uranio, que está produciendo combustible nuclear en cantidades insignificantes y está operando por debajo de su capacidad. La Agencia Internacional para la Energía Ató mica AIEA ha verificado que su nivel de enriquecimiento se encuentra muy por debajo de lo necesario para producir una bomba atómica.<br />
	 Mientras sigue el crecendo en la retórica bélica, reaparece misteriosa y oportunamente un Bin Laden, quien aparentemente se ha reteñido la barba para ocultar sus canas y que probablemente recibió un portazo que le dejó la nariz hinchada, anunciando una escalada de la resistencia jihadi en contra de las tropas invasoras en Irak. Esta milagrosa resurrección del fondo de las cavernas recuerda su no menos oportuno retorno a pocos días de las pasadas elecciones, cuando dirigió un mensaje electoral a la población estadounidense que tuvo cierto peso en la reelección de Bush. Más que un líder rebelde Bin Laden, carga ahora un aura seudomística de líder de culto religioso extremista en la línea de Charles Manson y David Koreish. De tomarlo en serio su “incremento jihadista” no se prevé más eficiente que el “surge” de Bush, por el contrario se puede anticipar que será igualmente fracasado. “Bin Laden” (como ser humano  o como trade mark) antagonizó a los chiítas y ha perdido el apoyo de gran parte de los sunitas, además de que la idea de que un saudita les dicte política es inaceptable desde casi cualquier punto de vista para  los iraquíes. Sus seguidores son puñados de fanáticos endiosados, el equivalente con explosivos, a los jóvenes neonazis que se tatúan swásticas y salen a golpear indigentes. Sus otros fans  son quienes lo usan como parte de las campañas para intimidar a la población estadounidense para que vote por los republicanos y sus guerras. </p>
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		<title>Ese genocida potencial: El Baradei</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Oct 2007 03:07:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
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	Irritante y astuto
Entre la enorme variedad de horrores que reportaban los diarios en el mes de septiembre pasado destaca sin lugar a dudas un artículo de primera plana en el New York Times (con ecos en la mayoría de los demás medio masivos de información estadounidenses) del día 17 de septiembre de 2007: To Iran [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/051007_elbaradei_vmed_4a.widec.jpg' alt='' /></p>
	<p><strong>Irritante y astuto</strong><br />
Entre la enorme variedad de horrores que reportaban los diarios en el mes de septiembre pasado destaca sin lugar a dudas un artículo de primera plana en el <a href="http://naiefyehya.blogsome.com/go.php?http://www.nytimes.com/2007/09/17/world/middleeast/17elbaradei.html?_r=2&#038;hp=&#038;adxnnl=1&#038;oref=slogin&#038;pagewanted=all&#038;adxnnlx=1190388337-flW6zor+jIr8Vp4baTOFwA">New York Times</a> (con ecos en la mayoría de los demás medio masivos de información estadounidenses) del día 17 de septiembre de 2007: To Iran and Its Foes, an Indispensable Irritant (Para Irán y sus enemigos, un irritante indispensable), un artículo en el que Elaine Sciolino y  William J. Broad nos revelan el nombre del nuevo enemigo público número uno del imperio: nada menos que Mohammed el Baradei, premio Nobel de la paz 2005 y director desde hace una década de la Agencia Internacional para la Energía Atómica. En esencia este egipcio, proveniente de la clase media, hijo de un prominente abogado, que fue educado por una nana francesa y llegó a ser campeón nacional de squash a los 19 años (un deporte para el que “hay que ser astuto”, declaró ElBaradei, sin la menor modestia y total impunidad) se ha convertido, de acuerdo con el diario del “registro de la historia”, en un peligro para la humanidad. Al grado en que “diplomáticos de EUA, Francia, Inglaterra y Alemania marcharon a su oficina en la punta de un rascacielos en Viena para entregarle una protesta en conjunto” por “involucrarse de manera irresponsable con la estrategia del Consejo de Seguridad  de la ONU de castigar y no premiar a Teherán.”<br />
<strong>El irritante deslumbrado</strong><br />
En un tono presuntamente neutro pero cargado de esa condescendencia e ironía “irritante” que el Times tan sólo dedica a los líderes de izquierda y a los pedófilo, lo autores nos informan que El Baradei, un hombre que se caracteriza por usar “metáforas retorcidas” , se encuentra en el centro de una espesa controversia por su peculiar simpatía por Irán y su necedad por hacer hasta lo imposible para proteger al gobierno de Teherán. También nos informan que su casa está repleta de tapetes de Iran (no persas, iraníes, saquemos nuestras propias conclusiones…). Los autores citan una fina selección de detractores de El Baradei, desde los anónimos que lo acusan de estar “borracho por el poder del Nobel”, hasta el bien conocido psicópata que se tornó insostenible hasta para la administración más sicótica de la historia reciente, el exembajador de los EUA en la ONU, John Bolton, lo llama: “ingenuo y de una peligrosa idiosincrasia”. Sciolino y Broad señalan que El Baradei tiene la osadía (o mala educación) de llamar “locos” a quienes quieren lanzar una guerra contra Irán, además de que declaró que el comienzo de la invasión de Irak fue el día más triste de su vida. En un tiempo de sátrapas cegados por fantasías bélicas como Paul Wolfowitz, Richard Perle, Donald Rumsfeld y Douglas Feith por sólo mencionar algunos nombres que irritan la lengua y la memoria, el Times declara (supuestamente citando las palabras de un diplomático europeo sin nombre) que El Baradei está “deslumbrado por su propio destino”.</p>
	<p><strong>Mohammed, el irritante</strong><br />
Pero el artículo va más allá, llegando a acusaciones nada sutiles de complicidad como: “Incluso los iraníes lo necesitan (como le gusta a él recordarles) porque sus maniobras prometen aminorar y probablemente terminar el aguijón de las sanciones estadounidenses” y a anunciar que el plan de El Baradei “amenaza con darle más tiempo a Irán para dominar la tecnología, con la que pueda hacer combustible para reactores o bombas atómicas” (citando a sus críticos). El Baradei es pintado como un déspota “con una visión expansiva de sí mismo”, patológicamente tímido (no le gusta conversar en los elevadores, lleva su propia comida a la oficina, odia las cenas de gala con diplomáticos) y con perversos delirios de grandeza (“soy un papa secular… mi misión es impedir que acabemos matándonos  mutuamente”). También  aprendemos aquí que El Baradei es un compulsivo “name dropper” o cita nombres que se la pasa contando que “condi (Condoleezza Rice) dijo esto…Putin contó aquello”. Pero el momento cumbre del artículo llega cuando el mismo diplomático europeo sin nombre dice que El Baradei, “es casi como un niño”. Este inocente comentario pone el punto de exclamación al tono de paranoia racista que impregna todo el artículo.<br />
Irritante<br />
¿Podría ser que el diario que se entregó como panfleto propagandístico para preparar la actual guerra de Irak esté nuevamente participando en otra campaña de desinformación y manipulación? Se preguntan los lectores anónimos.<br />
<strong>Nuevas razones</strong><br />
Seymour Hersh, el periodista que reveló al mundo las atrocidades ocurridas en la aldea de My Lai, en Vietnam el 16 de marzo de 1968, donde soldados estadounidenses mataron a alrededor de 500 personas tras haber cometido toda clase de barbaridades imaginables, escribe en su más reciente artículo en la revista New Yorker (Oct. 8, 2007) que la Casa Blanca ha tenido que redefinir la guerra en Irak como una batalla estratégica entre los EUA e Irán. Esto definitivamente es un cambio notable, especialmente para todos aquellos que se creyeron el cuento de las armas de destrucción masivas de Hussein, de los vínculos con al Qaeda o de la democratización de Irak a la cual seguiría una democratización de toda la región (probablemente por la teoría de dominós inversa que asegura que la ley de gravedad es mera propaganda de al Qaeda). Así George W. Bush, el presidente de la nación que ha tirado millones de toneladas de explosivos sobre la población civil iraquí, que ha presidido sobre el genocidio de la nación, que ha obligado a exilarse a más de la tercera parte de la población y que ha destruido toda noción de instituciones, leyes, autoridades, civilidad y servicios, declaró en agosto pasado que Irán entrena milicianos para atacar civiles, soldados y estadounidenses. “He autorizado a nuestros comandantes militares  en Irak para que confronten las actividades asesinas de Teherán”, dijo.<br />
<strong>Nuevas leyes</strong><br />
El pasado 27 de septiembre el Senado (en manos de los demócratas) aprobó por 76 votos contra 22 la enmienda que permite al gobierno de Bush designar al Cuerpo de Guardias Revolucionarias (CGR) iraní como una organización terrorista extranjera. Es relevante señalar que la senadora por Nueva York y flamante candidata presidencial, Hillary Clinton, quien se ha pasado su campaña repitiendo que si hubiera sabido entonces lo que sabe ahora, nunca hubiera votado a favor de la guerra, votó a favor de esta peligrosa enmienda que legalmente inclina la balanza hacia la confrontación militar con Irán.<br />
<strong>Nuevos blancos</strong><br />
Para lanzar la guerra el régimen de Bush necesitaba reinventar sus motivos debido a que la presunta amenaza nuclear iraní no tenía credibilidad. Como afirmó Mohammed El Baradei, el director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, declaró que los iraníes están enriqueciendo uranio a una pureza del 3.67%, lo cual no es suficiente para hacer funcionar un reactor nuclear  y es muchísimo menos de lo necesario para una bomba. Así los halcones eligieron el tema de que los iraníes tenían sangre estadounidense en las manos. La misión se presentaría entonces ya no como una en contra de la proliferación nuclear sino en contra del terrorismo. Por tanto renovaron su estrategia para adoptar un plan de ataques “quirúrgicos” contra las posiciones del CGR, esto sería justificado al público estadounidense como una acción tomada para proteger las vidas de los soldados invasores. El equipo neocon de Bush no parece entender la profunda relación que existe entre Irán e Irak, como el simple hecho de que anualmente más de un millón de turistas, peregrinos y visitantes iraníes visitan Irak (a pesar de las horrendas condiciones de seguridad), por lo que parte de la importante fuente de ingresos hay lazos religiosos, étnicos y culturales que van más allá de las nacionalidades y complican el esquema simplista de los invasores. Más que impedir que Irán use a Irak como plataforma para atacar a los EUA, lograrán enajenar a  los shiítas iraquíes y extender una guerra que ya está fuera de control. No obstante, de acuerdo con Hersh, Washington tiene ya todo listo para el ataque: portaviones y submarinos en el golfo Pérsico, así como misiles, bombarderos y aviones AWAC con los blancos ya programados. Aparte de las bombas piensan lanzar ataques terrestres “agudos y cortos” con unidades de las fuerzas especiales En esta aventura cuentan con el apoyo del nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, quien aparentemente quiere venganza por la humillación de que fue objeto su país cuando Irán atrapó a un grupo de marinos que incursionaron en sus aguas y a quienes hicieron pedir perdón en los medios de comunicación. Ahora bien este tipo de misiones  tan sólo pueden funcionar si se cuenta con información precisa y dadas la recientes experiencias de espionajes e inteligencia, nadie puede confiar en que los blancos que bombardearán tendrán algún valor estratégico. Quizás una vez que hayan caído las bombas en las plantas de luz, los hospitales y escuelas el New York Times se retracte por haber ofendido a Mohammed el Baradei.</p>
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		<title>Las pequeñas atrocidades cotidianas  de una guerra sin fin</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Sep 2007 01:28:39 +0000</pubDate>
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Las entrevistas
En el número de 30 de julio del 2007 de la revista The Nation, el excorresponsal del New York Times, Chris Hedges y Laila al-Arian publicaron un controvertido artículo para el que entrevistaron a 50 veteranos de combate de la guerra de Irak, acerca de sus  experiencias y de las cicatrices emocionales y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/Iraqwar426.jpg' alt='' /><br />
<strong>Las entrevistas</strong><br />
En el número de 30 de julio del 2007 de la revista <em>The Nation</em>, el excorresponsal del <em>New York Times,</em> Chris Hedges y Laila al-Arian publicaron un controvertido artículo para el que entrevistaron a 50 veteranos de combate de la guerra de Irak, acerca de sus  experiencias y de las cicatrices emocionales y físicas que trajeron de esa aventura bélica. <a href="http://naiefyehya.blogsome.com/go.php?http://www.thenation.com/doc/20070730/hedges">http://www.thenation.com/doc/20070730/hedges.</a> En miles de páginas de testimonio queda establecido que si bien no todas las tropas están involucradas en atrocidades contra la población, dichos crímenes son comunes y casi nunca son reportados. El artículo de The Nation, tiene el mérito de ser el primero en reunir testimonios de personal militar estadounidense y corroborar una larga lista de actos cometidos por el propio ejército. En  estas declaraciones aparece un “tema común” que es que “pelear en áreas urbanas densamente pobladas ha conducido al uso indiscriminado de la fuerza y a la muerte de miles de inocentes a manos de las tropas de ocupación”. Podría uno imaginar que en una sociedad abierta dicho documento hubiera desatado intensa polémica y hubiera sido comentado por los medios masivos. Sin embargo, la atención que ha recibido es mínima.<br />
<strong>Un pueblo infeliz e ingrato</strong><br />
El principal problema para los iraquíes es que dada la “cultura de esta guerra de contrainsurgencia”, el ejército de ocupación “debe asumir que todos los nativos son hostiles” y que “un iraquí muerto es tan sólo otro iraquí muerto”. Para algunos el hecho de que los iraquíes opusieran resistencia, era una considerado como una traición. Sólo el 38 por ciento de los infantes de marina y 47% de los soldados consideran que los iraquíes deben ser tratados con dignidad y respeto. Únicamente el 55% de los soldados y el 40% de los marinos dijeron que reportarían a un compañero en caso de que matara o hiriera a un iraquí inocente. Las tropas rara vez pueden ver al enemigo y su contacto con la población tiene lugar cuando éstas están preparadas para combate. La frustración mezclada con un deseo de venganza y una vena de crueldad humana que invariablemente crece durante las guerras provoca espantosos abusos como profanar cadáveres (mutilarlos, usarlos como accesorios para bromas, posar con ellos en fotos, etc.), robar o destruir bienes de todo tipo, matar deliberadamente mascotas o animales de granja y violar o matar civiles sin motivo.<br />
<strong>Redadas</strong><br />
Las incesantes redadas en las que las tropas invaden hogares (de preferencia entre las once de la noche y las cuatro de la mañana) en busca de insurgentes resultan las más de las veces fútiles agresiones, que cuando van bien terminan con la casa “como si la hubiera sacudido un huracán”. Si encuentran cualquier cosa sospechosa o incriminatoria el padre es arrestado si no, tan solo es humillado enfrente de toda su familia. Cada familia puede tener un AK-47 pero si alguien tiene algo más, se considera que la operación ha sido un éxito aunque no se pruebe absolutamente nada. Entre los entrevistados, el Sargento Dustin Flatt, estimó que él había participado en “miles” de redadas de hogares en Tikrit, Samarra y Mosul, durante las cuales lo que hacían era “espantar de muerte a la gente”. El sargento Timothy Westphal comentó que en una ocasión después de despertar a un hombre irrumpiendo en su hogar con lujo de violencia pensó: “acabo de aterrorizar a un hombre en nombre de la bandera estadounidense y no fue para eso que me enlisté en el ejército”. La mayoría de estas redadas se llevan a cabo con información deficiente cuando no totalmente falsa. Como en otras circunstancias la gente tiende a vengarse de sus vecinos o enemigos al acusarlos de ser insurgentes. Además, en muchas ocasiones a los informantes se les paga por cada denuncia. “No somos la policía”, dijo el sargento Geoffrey Millard, “no podemos ir como detectives haciendo preguntas. Tiramos puertas a patadas, entramos y agarramos gente”. El especialista Garett Reppenhagen, señaló que muchas veces ni siquiera sabían que podían considerar como ilícito, además al no entender la lengua (muchas veces actúan sin interpretes ya que no hay muchos y buena parte de estos no son competentes), si encontraban algún poster, libro o documento con el rostro de Muqtada al Sadr, de Sistani  o quien fuera, simplemente arrestaban a los hombres, documentaban lo encontrado y dejaban que otros se encargaran de clarificar el asunto. Más de 60,000 iraquíes han sido arrestados desde el principio de la ocupación, la gran mayoría son inocentes y algunos son culpables de infracciones menores. En cualquier caso las familias debían sortear el delirante laberinto kafkiano del sistema legal impuesto por los ocupadores para tratar de liberar a sus parientes.<br />
<strong>La otra guerra</strong><br />
El excorresponsal del <em>New York Times</em>, Chris Hedges y la periodista Laila al-Arian recogieron testimonios y declaraciones de una cincuentena de soldados estadounidenses a su regreso de Irak en el artículo The Other War: Iraq Vets Bear Witness, en el número de 30 de julio del 2007 de la revista The Nation. La perspectiva que ofrecen de ese infierno es antagónica a la visión de heroísmo, sacrificio y patriotismo que han venido promocionando los medios masivos de ese país. Así mismo reflejan la torpeza con que la misión Libertad de Irak ha sido conducida.<br />
<strong>Las apariencias engañan</strong><br />
El sargento Jesús Bocanegra cuenta que durante los dos primeros meses de la guerra tenían órdenes de detener gente en función de su  atuendo, así cualquiera que tuviera ropa árabe, algo no muy inusual en Irak, y botas tipo militar era considerado un combatiente enemigo y arrestado. Otras veces todo aquel en edad militar, entre 15 y 30 años, era detenido. El especialista Aidan Delgado dijo que el momento en que supo que las cosas estaban muy mal fue al revisar los expedientes de los presos de Abu Ghreib, ya que encontró que la mayoría de los supuestos terroristas habían sido enviados ahí por pequeños robos, embriagarse en la vía pública o usar documentos falsos. Delgado solicitó entonces convertirse en objetor de conciencia.<br />
<strong>Dulce venganza</strong><br />
El especialista Josh Middleton explica que después de pasar por las humillaciones de los entrenamientos, llegar a Irak y tener este poder, “es realmente liberador. La vida ha sido reducida a este nivel primigenio”.  Y ese nivel es uno donde es legítimo deshumanizar a todo un pueblo con apodos insultantes y racistas como haji, jihad Johnny, camel jockey y sand nigger. El especialista Patrick Resta quien estaba asignado en una clínica en Jalula cuenta que tenían prohibido atender iraquíes a menos de que estuvieran a punto de morir. Una noche llegó un hombre gravemente herido que aseguraba que había un grupo de hombres esperándolo para matarlo. El médico lo vio desde lejos y dio la orden de sacarlo de ahí ya que no estaba tan grave. Resta trató de convencer a sus compañeros para no echarlo a la calle pero no pudo por lo que el hombre fue expulsado con sus heridas a una muerte segura.<br />
<strong>Convoyes del terror</strong><br />
Los convoyes de provisiones son una de las operaciones más importantes para las fuerzas de la ocupación y han sido objeto de numerosos ataques. Por tanto ahora estas caravanas de vehículos que incluyen de 20 a 30 camiones y escoltas de 2 ó 3 humvees, se desplazan a casi 100 kilómetros por hora aún en zonas urbanas, violando toda regla de circulación, chocando con autos, embistiendo peatones que se atraviesan en su camino y disparando a cualquier conductor que consideren sospechoso. “La idea es no detenerse, ya que un blanco móvil es más difícil de acertar que uno estacionario”, dijo el sargento Ben Flanders. Las patrullas militares han optado por seguir esta fórmula.<br />
<strong>A la merced de las tropas</strong><br />
Varios soldados afirmaron que en muchas ocasiones tras matar a un civil los militares plantaban en él pruebas: pistolas, AK 47s, palas o materiales para hacer bombas (lo cual puede ser simplemente cables o componentes electrónicos de cualquier tipo). De esa manera evitaban en la mayoría de los casos que se realizara una investigación.<br />
Otros puntos de conflicto mortal son los checkpoints o puestos de control donde a menudo civiles pierden la vida cuando los soldados se ponen nerviosos o se asustan al interpretar las acciones de los automovilistas. Ahora bien, hay puestos permanentes y otros móviles que se instalan súbitamente y que si bien son los más seguros para los soldados (ya que normalmente no dan tiempo a convertirse en blancos de los insurgentes) son los más peligrosos para los civiles ya que desorientan a una población de por sí aterrorizada y confundida.<br />
<strong>Buena guerra malos administradores</strong><br />
Ahora que es obvio que la guerra es una catástrofe irredimible, las hordas de cretinos que se dedicaron a justificarla han optado por señalar a dos responsables: la mala planeación de la administración Bush y los propios iraquíes que no hacen nada por si mismos. De esta manera estos porristas bélicos siguen pregonando que la idea de la guerra era buena pero que la ejecución fue errónea. Así el hecho de que hayan desaparecido más de 100 mil armas que los EUA repartieron al ejército iraquí es una evidencia más para los neocones y los bombarderos de salón de que su maravilloso plan brindar democracia, progreso y felicidad a Irak para fue estropeado por militares incompetentes.
</p>
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		<title>Sicko, de Michael Moore</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jul 2007 03:15:44 +0000</pubDate>
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	Sicko y el debate viciado
En una nación donde cualquier crítica que ligeramente se incline hacia la izquierda es motivo de ataques de histeria dignos de una epidemia de ébola, es natural que un cineasta como Michael Moore sea visto como un polemista prodigioso, un redentor o como una alimaña obesa y hedionda. Moore es para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/sicko.jpg' alt='' /></p>
	<p><strong><em>Sicko</em> y el debate viciado</strong><br />
En una nación donde cualquier crítica que ligeramente se incline hacia la izquierda es motivo de ataques de histeria dignos de una epidemia de ébola, es natural que un cineasta como Michael Moore sea visto como un polemista prodigioso, un redentor o como una alimaña obesa y hedionda. Moore es para su suerte y su desgracia demasiado famoso, demasiado controvertido, demasiado odiado y demasiado celebrado como para que su cine pueda ser apreciado por lo que es y no por lo que representa. En su caso la mayoría los medios estadounidenses parecen olvidar que cualquier artista, cineasta o pensador con ideas radicales será por fuerza controvertido. Esto es trágico, especialmente porque su nueva película, Sicko (2007), trata un tema que debería de poder unificar a la mayoría de los estadounidenses sin importar su afiliación partidista. Pero a pesar de buscar una especie de reconciliación Moore retoma las mismas estrategias que han enfurecido a todos los conservadores del país. Moore elogia precisamente a dos regímenes que la derecha estadounidense  repudia particularmente: Francia y Cuba. Difícilmente podemos imaginar que de esta manera Moore ganará muchos amigos en la derecha o convertirá a muchos republicanos o por lo menos acordará una tregua con sus enemigos, aunque siempre es concebible que suceda. Pero tampoco podemos creer que  Moore esté predicando para el proverbial coro, ya que sus filmes recaudan decenas de millones de dólares y alcanzan audiencias inimaginables para un documental. Ahora bien, si logramos ignorar  la inefable campaña propagandística que trata de vender esta cinta como un entretenimiento hilarante, si podemos soportar la complaciente y condescendiente actitud de Moore hacia su público y si somos capaces de fingir indiferencia hacia una serie de obvias omisiones como el hecho de no presentar por lo menos ligeros matices que humanicen los sistemas de salud británicos, franceses y en particular cubanos. Podemos entonces pasar al análisis de Sicko.</p>
	<p>	Sicko, sigue el modelo de Roger and Me (1989), Bowling for Columbine (2002) y Fahrenheit 911 (2004), Moore cuenta una serie de historia entrelazadas, protagonizando al personaje que ha creado de sí mismo, un cineasta con cachucha de beisbolista, ingenuo y curioso que recorre el mundo hablando con la gente, comparando experiencias y poniendo en evidencia sus puntos de vista y creencias a través de ejemplos particulares. Atrás quedó la época en que Moore hacía un cine en que confrontaba a los villanos, explotadores y corruptos, armado únicamente de una cámara, un arma cuyo principal poder radica en intimidar y amedrentar a quienes abusan de su poder para explotar a los menos afortunados. No hay en esta ocasión escenas incómodas como aquella en que humilla a Charlton Heston en su propia casa o en que expone a personajes siniestros del calibre de Dick Clark. Aquí no intenta cuestionar a los ejecutivos de las aseguradoras (quienes llevaban meses cuidándose las espaldas y circulando memorándums para prevenirse mutuamente de la amenaza que representaba Moore). Quienes esperan ver a Moore acorralando ejecutivos y políticos su más reciente filme será una decepción ya que en él no hay confrontaciones y todas las entrevista se hacen de manera voluntaria. En cambio su filme presenta una serie de casos devastadores de ambición criminal por parte de las aseguradoras, crueldad corporativa, negligencia médica y desesperanza ante un sistema de salud voraz y despiadado.<br />
	No hace falta demasiado para demostrar que el sistema de salud en el país más rico del mundo es profundamente inmoral. Por un lado hay 50 millones de estadounidenses que no tienen seguro de salud por lo que simplemente no tienen derecho a enfermarse ya que los altísimos costos de una visita médica, una hospitalización o de los medicamentos son inaccesibles a la mayoría de la gente. Por el otro los 250 millones de asegurados deben tener fe que sus seguros cubrirán cualquier enfermedad o accidente sin castigarlos injustamente por cualquier detalle intrascendente en su historial médico o descalificarlos de la cobertura que requieren por tener alguna del condiciones de la inmensa lista de males que anulan un contrato de seguro.<br />
Moore presenta sus argumentos contando una serie de casos de estadounidenses brutalmente traicionados por sus seguros, abandonados en  las situaciones más desesperadas de su vida, enfermos, en bancarrota, ancianos y desvalidos. El cineasta no tuvo muchos problemas para encontrar víctimas del sistema de salud que quisieran compartir su experiencia con él, por el contrario bastó un anuncio en internet para que en unos días recibiera más de 25 mil respuestas. Además de que numerosos exempleados de aseguradoras se ofrecieron para confesar sus propios pecados al revelar como habían buscado las maneras de ahorrar dinero para sus empleadoras al dejar sin cobertura  a sus clientes.<br />
En la segunda parte del filme Moore contrapuntea estos casos con otros en Canadá, Francia e Inglaterra, donde la seguridad está socializada. Para finalizar  Moore intenta llevar a tres socorristas que quedaron muy enfermos por participar en las tareas de rescate de las torres gemelas de Nueva York, tras los ataques del 9 de septiembre, a recibir los mismos servicios de salud gratuitos que supuestamente se ofrecen a los presos de Guantánamo. Pero al verse rechazados por las autoridades militares (a las que nunca vemos) Moore los lleva a ser atendidos en Cuba, donde de manera gratuita se les ofrecen todos los servicios de salud que sus seguros les habían negado.<br />
No hay aquí una meticulosa propuesta para mejorar los servicios de salud, no hay planes ni estrategias, lo que hay son simples comparaciones de casos semejantes en distintos contextos que permiten ver que el sistema de cobertura universal que tienen la gran mayoría de los países ricos y muchos de los no tan ricos es inmensamente superior al sistema privatizado estadounidense. Quizás la mejor entrevista del filme es aquella charla que tiene con el exparlamentario británico Tony Benn quien lee un panfleto de 1948, que anuncia la creación del sistema socializado de medicina en Inglaterra, a pesar de que en esos momentos el país estaba en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial. Benn enfatiza que dicha acción tuvo que ver con la solidaridad que provocó la destrucción de la guerra pero también que fue un efecto de la democracia y no del paternalismo estatal.<br />
	Las  historias de horror son acompañadas por datos (como el hecho de que los EUA ocupan el lugar 37 en el mundo en servicios médicos de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud), estadísticas comparativas sobre expectativas de vida y mortalidad infantil que ponen en evidencia el catastrófico estado en que dejó la privatización de la salud emprendida durante el régimen de Richard Nixon. Moore recupera las grabaciones hechas cuando se le presenta a Nixon el proyecto de crear un sistema privado de salud que podría ofrecer jugosos beneficios. Nixon, quien no tenía interés alguno en los programas de salud se interesó mucho con la idea por su potencial lucrativo y poco después impuso el actual sistema. Pero si bien Nixon aparece como un déspota corrupto, la actual candidata a la presidencia, Hillary Clinton, es ridiculizada con furia por haber intentado crear un sistema universal de salud y al no lograrlo aceptar enormes donativos de las aseguradoras.<br />
	Muchos han señalado que Moore no permite matices ni visiones divergentes de la suya en su cine, eso no debería sorprender a nadie y tan sólo pone en evidencia la ignorancia de un público que en esencia no entiende lo que es el cine documental. El cine es punto de vista, opinión, gesto y expresión. El documental ofrece una visión y argumentos para sostenerla. Esperar de un filme la Verdad, con mayúscula, es prácticamente equivalente a la fe religiosa. No es ese el estandar contra el que debe medirse. Toda proporción guardada, nadie esperaría que Alain Resnais hubiera presentado el punto de vista nazi en su prodigioso documental Noche y bruma (1955) para ofrecer un argumento balanceado.<br />
	Este es sin duda el filme mejor logrado de Moore, sin que esto quiera decir que es el mejor. Es un trabajo contenido, y aunque manipulador es directo y contundente. Quizás una de las razones por las que el filme funciona es por que en este caso no se preocupa tanto por señalar culpables. Por supuesto que las aseguradoras y los políticos que tienen en los bolsillos son los responsables del estado de las cosas pero es el pueblo estadounidense el que ha permitido esta situación. Por lo que Moore pregunta: ¿quiénes somos y qué ha sucedido con nuestra alma?</p>
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		<title>El show de Cho</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jun 2007 04:16:41 +0000</pubDate>
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Regularidad aterradora
Sucedió nuevamente y de no ser por el altísimo número de víctimas del 17 de abril de 2007 en Virginia Tech, quizás la matanza ni siquiera hubiera llamado la atención internacional. Tal vez ésta hubiera pasado inadvertida como tantas calamidades que se pierden en el diluvio desinformativo de los medios electrónicos. La regularidad con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/20070419T060430Z_01_NOOTR_RTRIDSP_2_OFRWRUSAFUSILLADEVIDEO20070419.jpg' alt='' /><br />
<strong>Regularidad aterradora</strong><br />
Sucedió nuevamente y de no ser por el altísimo número de víctimas del 17 de abril de 2007 en Virginia Tech, quizás la matanza ni siquiera hubiera llamado la atención internacional. Tal vez ésta hubiera pasado inadvertida como tantas calamidades que se pierden en el diluvio desinformativo de los medios electrónicos. La regularidad con que suceden crímenes de esta naturaleza en los EUA, ha logrado en buena medida desensibilizar al público, el cual ahora los consume como si fueran una especie de epidemia, inevitable y tristemente familiar. Además, cómo pasar por alto que la matanza del campus de Blacksburg, Virginia casi coincidió con el octavo aniversario de la masacre escolar de Columbine, que hasta entonces detentaba el récord de muertos.<br />
<strong>La venganza de un solitario ofendido</strong><br />
Cho Seung-Hui era un estudiante patológicamente introvertido, silencioso y evasivo que llegó de Corea del sur a los Estados Unidos con su familia cuando tenía 8 años. Como otros asesinos masivos era objeto de burlas y humillaciones de sus compañeros. Pero a diferencia de la gran mayoría de los jóvenes enajenados, él decidió que la vida no tenía sentido y estuvo dispuesto a sacrificarlo todo para vengarse. En un estado de aguda paranoia y psicosis elaboró un complicado plan de exterminio de quienes él percibía como sus torturadores y de todos aquellos que habían “destrozado su corazón, violado su alma y quemado su conciencia”. Cho había tenido ya un par de roces con las autoridades, en 2005, cuando su comportamiento violento provocó que se le hiciera una evaluación en un psiquiátrico. Sin embargo, los médicos no encontraron razones para hospitalizarlo contra su voluntad. Por lo que volvió a su dormitorio a seguir acumulando odio. Compró dos pistolas semiautomáticas y se consagró a preparar un complejo y vasto paquete multimedia que envió el día de la matanza (tras matar a sus dos primeras víctimas ) a la cadena televisora NBC. Con una precisión, frialdad y crueldad impresionantes Cho mató a 32 personas (27 estudiantes y 5 maestros) antes de suicidarse.<br />
<strong>La guerra, siempre</strong><br />
En el acalorado debate que provocó este ataque habían quienes señalaban que Cho no es un producto de la sociedad estadounidense sino un ser marginado de ésta. No obstante sería infantil ignorar que el mismo día de la masacre de Cho en Bagdad hubo una serie de atentados que cobraron alrededor de 170 vidas. No es descabellado imaginar que las balas de Virginia Tech fueron una especie de eco mortal de la violencia desatada de manera irresponsable en el Oriente Cercano. ¿Cómo olvidar el altísimo número de instituciones educativas iraquíes que han sido objeto de actos de violencia inverosímiles? Es claro que no hay vínculos explícitos entre la guerra y las matanzas, por tanto los medios y líderes de opinión estadounidenses en su mayoría no aceptan que exista relación alguna entre la normalización del genocidio que está teniendo lugar en Irak con las acciones de un psicópata.  Pero alguien dijo que los locos son el equivalente para la sociedad del proverbial canario de la mina. A menudo son ellos quienes perciben con mayor sensibilidad la intensidad de las tendencias y corrientes culturales.<br />
<strong>Mediósfera perversa</strong><br />
Pero el villano favorito de los medios masivos estadounidenses no es la guerra (¿cómo podría serlo si ellos fueron cómplices del equipo Bush?), sino más bien el entretenimiento violento dirigido principalmente al público adolescente y joven adulto (la tajada de oro del mercado: los hombres entre 16 y 25 años). Así, nuevamente el dedo acusador apunta hacia el cine, la televisión, los cómics y los juegos de video. Y debemos reconocer un dilema: millones de jóvenes y niños ven regularmente importantes dosis de entretenimiento violento, gore, cruel y definitivamente sádico. Así como hicimos muchos en determinado momento. Es obvio que estos productos nos transforman y de una u otra manera influencian a los más jóvenes, les ayudan a conformar ideas sobre el mundo, las relaciones, las mujeres y por supuesto el recurso de la violencia. Es claro que la mayoría de estos aficionados nunca levantará una sierra eléctrica con el fin de descuartizar a nadie ni se armará como los personajes de The Martix para vivir una fantasía asesina. Pero algunos lo han hecho. No hay duda de ello. Por tanto, quienes defendemos la libertad de expresión y pensamos que el arte no debe reconocer límites ni fronteras, debemos preguntarnos, ¿lo hubieran hecho de carecer de modelos fílmicos?<br />
<strong>La venganza</strong><br />
No han sido pocos quienes han pensado que el director coreano de cine Chan-wook Park, autor de cintas de culto como la trilogía de la venganza: Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Oldboy (2003) y Sympathy for Lady Vengance (2005) tuvo alguna  influencia en los actos criminales del 17 de abril pasado de Cho Seung-Hui, el multihomicida de Virginia Tech. La analogía se ha hecho debido al origen nacional de ambos y a la aparente fascinación de los dos por el tema de la venganza. El trabajo de Park es brutal y en cierta forma celebratorio de la violencia pero se necesita mucha imaginación para asumir que sus delirantes y tortuosos melodramones mortíferos puedan ser usados como guía del crimen, o puedan considerarse como filmes creados para inspirar a aspirantes a criminal. También se ha querido vincular la masacre de Cho con los juegos de video hiperviolentos (y de paso Corea es actualmente una de las potencias mundiales en el mundo competitivo de los video juegos), especialmente con aquellos que siguen el modelo de Grand Theft Auto (ahora conocidos como GTAs), los cuales ofrecen al jugador el punto de vista de alguien que debe de matar al mayor número de victimas. A las pocas horas de la carnicería varios medios (particularmente Fox News) declararon que Cho era muy aficionado al juego  &#8220;Counterstrike&#8221;, en el cual el jugador, en primera persona, participa en enfrentamientos entre terroristas y policías. Esta afirmación demostró ser falsa cuando sus compañeros declararon que nunca lo vieron jugar además de que entre sus posesiones no se encontró juego alguno.<br />
<img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/070418_vatech_shooterSTILL.hmedium.jpg' alt='' /><br />
<strong>La prosa de Cho</strong><br />
Todo mundo sabía que Cho era una bomba de tiempo. Estudiaba letras y en numerosas ocasiones sus profesores, compañeros y personal de la universidad reportaron su comportamiento y sus amenazas. La situación era tan aguda que decidieron asignarle tutores con la intención de integrarlo. Sin embargo, el respeto que debe tener una institución educativa superior por las extravagancias de sus estudiantes resultó en este caso fatal. En los medios se ha enfatizado que Cho escribía textos de una violencia repugnante e inaceptable. Por el momento tan sólo pueden leerse en internet dos breves guiones suyos que más que revelar una personalidad violenta parecen ser trabajo de una mente atormentada y masoquista. La primera obra es Mr Brownstone, la cual describe a tres estudiantes rebeldes que se van de pinta para ir a jugar a un casino con identificaciones falsificadas. Mientras juegan en las máquinas tragamonedas son descubiertos por el malvado maestro de matemáticas, el Sr. Brownstone, en el preciso momento en que uno de ellos gana el premio mayor. El maestro les roba el premio y estos son expulsados del casino. El nombre de Mr. Brownstone fue inspirado por una canción del grupo Guns’n Roses en donde es usado para referirse a la heroína. No parece haber evidencia alguna de que Cho consumiera esa o cualquier otra droga). El segundo texto es Richard McBeef, el cual trata acerca del odio de un muchacho por su padrastro, el Richard del título, a quien acusa de haber matado a su padre para casarse con su madre. El hombre trata de hacer las paces con el muchacho pero este lo rechaza violentamente. Finalmente tras soportar insultos y agresiones McBeef,  “le asesta un golpe mortal al joven de trece años”.<br />
<strong>Criticar la mente criminal</strong><br />
Es difícil juzgar en una veintena de páginas la prosa de Cho, sin embargo son muy claras algunas obsesiones como el rechazo-devoción  a la autoridad todo poderosa. Los dos textos llevan por titulo el nombre del adulto en quien los jóvenes proyectan su odio, en los dos está presente la amenaza pedofílica (aparentemente imaginaria en McBeef, supuestamente real en Brownstone) y en ambos es evocado el sexo anal. Y si bien el adulto representa a esta “clase que no ha tenido la decencia de morirse de un ataque cardiaco”, las actitudes de los jóvenes no parecen heroicas ni redimibles, sino que son descritas casi con condescendencia, como una especie de rebeldía inútil (las bromas de los estudiantes contra el profesor, la foto del padrastro usada como blanco para dardos). Ambas piezas están escritas de manera muy elemental, por momentos rayan en la incoherencia y poseen una visión infantilizada de universos herméticos donde no hay más reglas que la trasgresión y el castigo. Además, es notorio que en los dos textos los jóvenes son derrotados por los adultos, despojados y sacrificados por su osadía de tratar de escapar de su condena.<br />
<strong>Confesión manifiesto</strong><br />
El multihomicida de Virginia Tech, Cho Seung-Hui se describió a sí mismo como un mártir en el testamento-manifiesto que pasó al aire la cadena NBC. Su venganza no consistió únicamente en matar a sus presuntos opresores, enemigos y fariseos, sino en tornar sus actos en un espectáculo. Para esto debió pasar por lo menos una semana  desarrollando la imagen que proyectaría de sí mismo, creándose una identidad de superhéroe trágico del manga (cachucha de béisbol puesta al revés, chaleco de cazador-fotógrafo, guantes negros, cartucheras) para eso realizó sesiones de foto posando con su precario arsenal, el cual incluía pistolas (11 fotos), cuchillos y hasta un martillo. Hizo videos confesionales, en unos aparece sonriente, en otros recita parrafada tras parrafada de insultos y amargura hasta llegar a las18 mil palabras para condenar al mundo por haberlo obligado a “derramar su sangre”. “La decisión fue de ustedes”, señala y luego entra al terreno religioso al apuntar que como Cristo él va a inspirar a generaciones de personas débiles e indefensas. También adopta la causa de la humanidad y se manifiesta en contra del hedonismo y se lanza en contra de aquellos a quienes no les “bastan sus mercedes, sus collares de oro, sus cuentas de banco, su vodka, su coñac y su libertinaje” . En toda su magnitud catastrófica el paquete multimedia de Cho (que aparte de textos incluye docenas de fotos suyas de un narcisismo apabullante e instantáneas y close ups de sus cuchillos y pistolas) parece el juego de un niño maniaco y ocioso que en sus fantasías se ve a sí mismo crucificado por luchar contra los privilegiados. Cho recuerda la falsa y artificiosa complejidad de los héroes y villanos de las caricaturas del anime japonés, seres a menudo atribulados, imbuidos de las patologías de los superhéroes de los comics Marvel pero impregnados de un angustioso derrotismo.<br />
<img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/0133739B.jpg' alt='' /><br />
<strong>El show</strong><br />
La masacre de Virginia Tech fue transformada en entretenimiento grotesco, en material para ser explotado durante incontables horas de seudoinformación mediática y regodeo sadomasoquista televisivo. Aún cuando no había nada que comunicar los medios seguían repitiendo imágenes y desfilando a expertos en toda clase de disciplinas para especular al aire acerca de la información que desconocían. Incluso medios conservadores como el propio New York Times puso en su webpage mapas y el recorrido virtual de la matanza. Estos documentos tienen un relativo valor informativo pero más que nada evocan la estética vistosa de los juego de video. De manera en que este diario entró en la competencia por el público al tornar su información en una emulación del tipo de espectáculos violentos en video como los que supuestamente inspiraron a Cho.<br />
<strong>La apropiación de la voz narrativa</strong><br />
La maquinaria del infoentretenimiento se echó a andar de manera convencional, pero a las pocas horas Cho, desde la tumba, se apropió del show. Le arrebató a los medios la narrativa, secuestró la atención del público y se insertó como una construcción mediática en la Zeitgeist, dictando como quería ser recordado. Esto no es poca cosa ya que al seducir a los medios, específicamente a la cadena NBC con un jugoso paquete de imágenes, que no se atrevieron a rechazar (y enviar a la policía en lugar de trasmitir al aire), Cho logró inyectar su voz en el recuento informativo de manera mucho más poderosa que cualquier otro asesino psicópata de la historia reciente. Tenemos que reconocer que acertó. Bien pudo subir su material a internet, en YouTube, MySpace o cualquier página pero optó por la televisión. Y aunque en ese medio los comentaristas condenaron ampliamente sus acciones, para quienes ven a los “viejos medios masivos” como el enemigo, el mensaje crítico y moralista de la tele carece de sentido y significado. Cho, al lado de sus héroes, Eric Harris y Dylan Klebold, los asesinos de la escuela Columbine (20 abril de 1999), pasará a ser una mórbida figura de culto, otro fenómeno al estilo de Charles Manson, John Wayne Gacy o Jeffrey Dahmer, otro genocida, antihéroe de la cultura necrófila mediatizada que logró extender sus proverbiales 15 minutos de fama al ser adoptado por la cultura popular. No hay duda que Cho será canonizado por los suicidas vengativos del futuro y por los humillados que sueñan con cumplir sus fantasías de venganza matando a los estudiantes populares, a los maestros severos, a los deportistas engreídos y a todos sus demás enemigos.</p>
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		<title>La década de los Expedientes X</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Apr 2007 00:33:37 +0000</pubDate>
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	La década de los 90 terminó el 11 de septiembre del 2001.
Con esa tragedia concluyó una era de excesos, opulencia, frivolidad y alegre decadencia que, retomando las palabras de Alan Greenspan, podría definirse por su exuberancia irracional. En los 90 se cumplió la profecía de Bill Gates de que todo escritorio sería ocupado por una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/The_X_Files_thumbnail.jpg' alt='' /></p>
	<p>La década de los 90 terminó el 11 de septiembre del 2001.<br />
Con esa tragedia concluyó una era de excesos, opulencia, frivolidad y alegre decadencia que, retomando las palabras de Alan Greenspan, podría definirse por su exuberancia irracional. En los 90 se cumplió la profecía de Bill Gates de que todo escritorio sería ocupado por una computadora personal; fue la era en que el resto del mundo accedió a internet, en que la telefonía celular se tornó epidémica y en que los asistentes personales electrónicos se elevaron a artefactos de devoción. La última década del siglo XX se caracterizó por prometedoras pero falaces iniciativas de paz (Palestina-Israel, Irlanda del norte) y por masacres inconcebibles (Ruanda, Bosnia, Chechenia, Irak, Sierra Leona). Los 90 representaron una era de apertura, así como de posibilidades e ilusiones frustradas. Pero si algo marcó la imaginación de la época fue la incredulidad en las ideologías, la desconfianza en las autoridades y el franco cinismo hacia los políticos y las corporaciones. Ahora bien esta oleada de escepticismo generalizado no fue producto de un revolucionario, sino por el contrario fue el resultado del colapso de las utopías y la cruda que dejó el colapso del bloque soviético.<br />
Los 90 vieron como la cultura popular se impregnó con el virus herético de la ironía. Burlarse, parodiar y ridiculizar todo y a cualquiera, dejó de ser patrimonio de la contracultura para volverse entretenimiento de masas. La política, la cultura corporativa y en particular la religión perdieron su carácter solemne y se transformaron en materia prima para la caricatura, a veces realizada desde dentro de esas mismas instituciones. Paradójicamente al tiempo en que tenía su auge esta epidemia de irreverencia, millones de personas se entregaron a la euforia desquiciada por Wall Street y a la fe ciega en los dot coms. Y por supuesto, los 90 fueron la década del renacimiento del extremismo religioso, en parte debido a una crisis de valores pero también gracias a los manejos sucios de la CIA y otros servicios de inteligencia quienes ayudaron a los fanáticos a organizarse y radicalizarse para sus propios fines.<br />
Entre todas las manifestaciones de la cultura popular pocas reflejan mejor el espíritu de esta era que la serie televisiva Los expedientes secretos X, creada por Chris Carter para la cadena Fox. La serie era protagonizada por el entonces poco conocido David Duchovny, en el papel de Fox Mulder, un agente del FBI obsesionado con toda clase de fenómenos paranormales, y por Gillian Anderson, como la agente Dana Scully, quien aparte de ser doctora está encargada de cuidar a Mulder y mostrarle que todo tiene una explicación lógica. Curiosamente el programa debutó el 10 de septiembre de 1993 (tres días antes de que se firmara el emblemático y fracasado tratado de paz de Oslo entre palestinos e israelíes). La serie comenzó presentando casos supuestamente inspirados en la realidad. Afortunadamente esta idea fue abandonada pronto y los Expedientes se convirtieron en una serie de culto que cautivó a millones al canalizar el escepticismo, la ironía y la paranoia dominante en el zeitgeist. Carter supo transformar viejos temas del cine de serie B de horror y ciencia ficción en metáforas de las obsesiones contemporáneas.<br />
Tras un largometraje en 1998 que no tuvo el éxito esperado, la deserción de Duchovny y un cierto desgaste natural, la serie llegó al siglo XXI con dos nuevas estrellas (Robert Patrick y Annabeth Gish) y un auditorio en disolvencia. La puntilla se la darían los atentados del 11 de septiembre, los cuales crearon una atmósfera de patriotismo obediente y rabioso que dejaba muy poco espacio para las teorías conspiratorias y la desconfianza en la autoridad. La era del escepticismo había fallecido bajo los escombros del WTC y con ella los Expedientes X, una de las series más inteligentes y mordaces de la historia de la televisión, fueron enterradas como daño colateral del terrorismo y de la guerra contra el mismo.</p>
	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/aliensiwanttobelievexfiles4000145.jpg' alt='ufo' />
</p>
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		<title>Jean Baudrillard - 20 de julio de 1929-6 de marzo de 2007</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2007 02:49:10 +0000</pubDate>
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Jean Baudrillard
	“Si tuviera que tener nostalgia, sería por la pérdida de la ilusión, no por la pérdida de la realidad”. J.B.
	20 de julio de 1929-6 de marzo de 2007
Se fue Baudrillard. A los 77 años, tras una larga enfermedad falleció el sociólogo, germanista, provocador y polemista que denunció las ideologías dominantes y en particular desmembró [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/baudrillard1.jpg' alt='' /><br />
Jean Baudrillard</p>
	<p>“Si tuviera que tener nostalgia, sería por la pérdida de la ilusión, no por la pérdida de la realidad”. J.B.</p>
	<p>20 de julio de 1929-6 de marzo de 2007<br />
Se fue Baudrillard. A los 77 años, tras una larga enfermedad falleció el sociólogo, germanista, provocador y polemista que denunció las ideologías dominantes y en particular desmembró con genialidad las manías y obsesiones de la sociedad de consumo. Así mismo se opuso con el mismo fervor al estalinismo que al maoísmo y el troskismo. Su principal legado fue su reducción de las ideologías a simples sistemas de signos y por tanto a simulacros. Su éxito se internacionalizó con la aparición de Por una crítica de la economía política del signo (1972) que lo convirtió en uno de los autores y pensadores franceses más importantes de nuestro tiempo. Baudrillard logró conservar su escepticismo y feroz pesimismo aún cuando el mundo parecía estar a punto de cambiar radicalmente durante las revueltas del 68. Este autor prolífico e inquieto publicó libros importantes como El sistema de los objetos (1968), obras fundamentales como De la seducción (1979) así como panfletos incendiarios al estilo de Olvidar a Foucault (1977), ensayos oportunistas y divertimentos como Cool Memories (1987-2005). Mientras sus primeros libros estaban dirigidos a un público académicamente especializado, los últimos eran obras pop escritas para un público amplio y diverso.<br />
La guerra que supuestamente no sucedió<br />
La obra de Baudrillard fue muy relevante para quienes descubríamos el mundo de las ideas en los años 80. En lo personal no puedo negar la enorme influencia que tuvieron sus libros en mi trabajo. Sin embargo, el enorme respeto intelectual que sentía por el autor de América prácticamente se deplomó al leer su pretencioso alegato, La guerra del Golfo no<br />
ha tenido lugar (1991). Aquí retomaba y reciclaba algunas de sus viejas propuestas para adaptarlas a lo que denominaba una “guerra muerta” (el cadáver descongelado de la guerra fría). Aquí todos éramos “rehenes in situ” cautivos frente al televisor y su espectáculo de bombardeos de apócrifa precisión. La guerra es vista como un simulacro, la confrontación sin imágenes de batallas entre un misionero traficante de armas y un mercader de tapetes. Si bien el texto tenía apuntes interesantes (la desaparición de la historia y de la memoria) y observaciones geniales (la información como agujero negro que absorbe los acontecimientos) se trataba de una deshumanización del conflicto real, en aras de percibirlo todo como símbolo. En un pasaje escribe que: “El drama real, la guerra real, ni nos apetecen ya, ni falta que nos hacen”, sin apreciar que las bombas y las víctimas eran reales y no meros efectos especiales y escenografías. Su argumentación llegó al extremo de acusar a los manifestantes antibélicos de servir a los intereses de Saddam, con lo que su antiamericanismo intersectaba las justificaciones más retrógradas de los defensores y promotores de la guerra.<br />
El espíritu del terror<br />
Tras los atentados del 11 de septiembre Baudrillard publicó otro panfleto no menos provocador: El espíritu del terrorismo (2002), en donde lanzaba entre otras cosas la afirmación de que todos en el fondo habíamos deseado el colapso de esas torres que simbolizaban el poder del imperio. Nuevamente la crítica lo acusó de su total ausencia de simpatía por las víctimas y de un antiamericanismo rampante. Pero otra vez el breve libro estaba repleto de notas tan certeras como: “La violencia en sí misma puede ser perfectamente trivial e inofensiva. Únicamente la violencia simbólica puede generar singularidades”. Así mismo su análisis del terrorismo islámico es pertinente y eficaz.<br />
El emperador va medio desnudo<br />
En 1997 Alain Sokal y Jean Brickmont incluyeron a Baudrillard en su demoledor aunque políticamente sesgado ensayo Imposturas intelectuales (1997), ahí lo acusaban junto con otras figuras prominentes de la cultura francesa como Jacques Lacan, Bruno Latour, Guilles Deleuze y Felix Guattari, de emplear un vocabulario saturado de nebulosa y a menudo errónea terminología científica para oscurecer sus ensayos. Con algunas citas fuera de contexto Sokal y Brickmont ridiculizaron, por momentos con tino, el uso extremadamente “libre” y “pomposo” que daba Baudrillard a conceptos como teoría del caos, geometría no euclidiana y la “reversibilidad de las leyes de la física”. El golpe fue duro pero en esencia no destruyó la reputación de este autor. Pero lejos de sus parrafadas herméticas y sus deslices populistas Baudrillard nos dejó numerosas herramientas para entender como los medios están devorado a la realidad. </p>
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		<pubDate>Thu, 15 Mar 2007 03:35:09 +0000</pubDate>
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Replicantes Nexus 6

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			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src='http://naiefyehya.blogsome.com/images/bladerunner1_01.jpg' alt='Bladerunner' /><br />
Replicantes Nexus 6
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