Homo Cyborg-Naief Yehya

April 4, 2009

Encantadores roedores humanos y brutales manoseadores de autobús

Filed under: General

Hinata Seta está a la venta en una tienda de mascotas, es una de las tres mujeres hámster disponibles. Un comprador la escoge y la lleva a casa en una jaula gigante. Hinata juega, duerme, se revuelca en su jaula, defeca y su propietario introduce a un macho para aparearla. Eventualmente, como sucede con todas las mascotas, Hinata se va al cielo, en este caso al de los hámsteres humanos. Como criar una mascota mujer-hámster (How to Raise a Hamster Pet Girl), seguramente es uno de los videos porno más extraños y en cierto sentido perversos jamás realizados. Sin el menor pudor una mujer es convertida no sólo en mascota sino en versión humanizada de un roedor lampiño en cautiverio. El video resulta muy provocador por que fusiona la seducción del porno hardcore fetichista con el encanto cursi de series de animación infantiles como Hamtaro. Aquí la idea del sometimiento, de la observación perversa y del control absoluto del objeto del deseo quedan expuestos con crudeza singular.

La pornografía japonesa es de una diversidad asombrosa. Para quienes desconocemos el idioma, el porno japonés parece un laberinto hermético de mensajes cruzados, un extraño universo de sadomasoquismo y fetichismo, a la vez sórdido y colorido donde las mujeres a menudo visten disfraces estrambóticos y en general muestran niveles de sumisión surreales. La verdadera esencia de la porno, más allá de idolizar cuerpos desnudos o coitos, es la obsesión con la tecnología, con las posibilidades de observar y de revelar mediante diversos mecanismos los secretos ocultos de la fisiología y psicología humana. Y la cultura japonesa, como siempre a la vanguardia de la tecnología, expresa su fascinación sexual en un porno que cuenta con un arsenal de dispositivos eléctricos y electrónicos tanto para capturar imágenes como para interactuar con los genitales, las escenografías y las tramas. Es importante señalar que por su historia, los japoneses no arrastran con tabúes culturales sexuales comparables a los de Occidente ni tampoco deben someterse a la carga religiosa de la noción de pecado. En ese país ni el shintoismo ni la iglesia ni ninguna otra religión han sido factores para determinar lo que la gente puede o no ver. De manera semejante el feminismo no tuvo en esta nación un impacto semejante al provocado por sus logros en Estados Unidos, o Europa. Por lo que este movimiento tampoco ha tenido influencia en lo que se considera aceptable filmar a manera de fantasías eróticas.
La historia de la porno japonesa se remonta al período Edo (1603-1868). El florecimiento cultural y económico de la ciudad de Edo (hoy Tokio) tuvo como consecuencia una gran inmigración de hombres que dejaban a la familia en las provincias. Para sobrellevar la soledad éstos inmigrantes recurrían a la prostitución y a una prolífica industria que producía shunga o materiales pornográficos impresos. Estos libros solían ofrecerse también a las parejas de recién casados por los padres de la novia. La publicación y consumo de materiales pornográficos comenzó a declinar en el período Meiji (1868-1912) en buena medida porque las autoridades no querían que los extranjeros interpretaran ese aspecto de la cultura japonesa y su apertura sexual como una muestra de retraso o desviación moral. Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial las leyes militares de ocupación impuestas en esa nación hasta 1951 prohibían por completo las imágenes sexuales explícitas.
La porno comenzó a reaparecer poco después con influencias occidentales pero con elementos propios que serían considerados inaceptables en otras partes, como un cierto desparpajo por los temas escatológicos. Además estas imágenes se ofrecían al público severamente censuradas. A principios de la década de los sesenta numerosos estudios pequeños de cine producían “pink movies”, cintas porno de muy bajo presupuesto sujetas a una legislación a la vez ambigua y rigurosa. Una ley del período Meiji prohíbe mostrar penes o vaginas de manera explícita así como vello púbico, por esta razón en la revistas los genitales aparecen disimulados con retoque de pincel de aire o francamente cubiertos, con cintas negras, mientras que en el video apareció el ahora emblemático efecto de mosaico que oculta la región genital con grandes píxeles que permiten a medias ver la acción sin detalles. Esta misma legislación se aplica a los comics o manga y dibujos animados o anime. Hasta 1992 toda la región púbica era considerada obscena. Las leyes no hay cambiado pero una reinterpretación de las mismas ha permitido mayor tolerancia, especialmente debido a la gran cantidad de porno explícito que circula por internet. Sin embargo, lo que resulta impactante para el espectador extranjero es que muchos filmes muestran imágenes brutales y degradantes de abuso, humillación y tortura mientras que ocultan pudorosamente falos y vulvas.

La propia censura ha condicionado la evolución del genero pornográfico y en Japón ha engendrado fenómenos como el bukkake, que consiste en que una mujer recibe descargas seminales de docenas de hombres. En estas cintas no importa mostrar los sexos, en muchas ocasiones no hay coitos y el verdadero atractivo radica en el espectáculo casi ritualizado de ver como el rostro de una mujer es cubierto de esperma. La censura sumada a la desbocada y feroz competencia entre productores de porno ha conducido a una desesperada búsqueda de la novedad, a la ebullición de fetichismos, a la inclusión de parafernalia inusual (con una particular obsesión por los consoladores y vibradores) y la aparición de narrativas delirantes. Así tenemos productos como el comentado al inicio en que una mujer atractiva es transformada en mascota hámster o en muñeca desechable, como en el video dirigido por K.C. Takeda, en que la modelo Nao Yoshizaki, interpreta a una muñeca sexual que pasa por diferentes propietarios quienes después de utilizarla la desechan sucia y maltratada en basureros y callejones, hasta que regresa al científico que la fabricó quien tras usarla decide guardarla en su casillero personal.
También podríamos argumentar que la propia censura ha motivado la expansión y popularidad del cosplay o costume play, los juegos de roles y disfraces que tienen millones de aficionados entre los fanáticos del manga y la ciencia ficción pero que también son ávidamente practicados en la porno. Los uniformes más comunes son los de escolares, enfermeras y sirvientas pero las posibilidades son inacabables y no son pocos los videos porno de policías violadas, oficinistas manoseadas o súper heroínas de fantasía y ciencia ficción al estilo Power Rangers que deben ofrecer favores sexuales a megavillanos planetarios.

Estos juegos están inevitablemente vinculados con la porno travestista donde los cambios de género sexual corresponden a cambios de vestuario, a diferencia de la porno transexual, en la que algunos protagonistas han modificado su apariencia mediante cirugía por lo que tienen pene, implantes de senos y otras características femeninas. En la porno del Japón a los transexuales se les denomina newhalf mientras que a las mujeres que aparecen en videos porno equipadas con penes artificiales se les conoce como futanaris. Ambos seres híbridos protagonizan cientos de videos de dos corrientes que son en sí subgéneros pornográficos bien determinados.
Sin duda la porno más transgresora y perturbadora es aquella donde la violencia no se ejerce como en las tradicionales narrativas de los juegos de poder del sadomasoquismo, sino que se lleva a cabo de forma brutal con el fin de crear la ilusión de que realmente se está agrediendo o lastimando a una mujer. Así tenemos una gran veta de videos filmados supuestamente con cámaras escondidas de hombres manoseando, frotándose y masturbándose con pasajeras de trenes o autobuses. Este subgénero tiene a su vez variantes en videos donde el abuso es obviamente puesto en escena como en Chikan-Chikoku-Natsume Nana, donde una joven vestida con un elegante traje sastre aborda un autobús tan sólo para ser primero manoseada y después violada por media docena de pasajeros vestidos con trajes negros, al tiempo en que el resto de los pasajeros fingen naturalidad. Cuando sus atacantes han todos eyaculado sobre ella, la mujer desciende y aborda un tren donde, como en una pesadilla, le ocurre lo mismo. Luego es violada en un baño público y finalmente en otro tren.

Para muchos estas fantasías de abuso son inaceptables sin embargo, hay un obvio contenido onírico, fantástico y hasta caricaturesco en ellas. En cambio sería muy difícil encontrar elementos que rediman el tipo de actividades que tienen lugar en otras cintas que están emparentadas con los shows de cámara escondida, un ejemplo sería Really Bad Behaviour (Verdadero mal comportamiento), en que una cámara supuestamente oculta filma a mujeres solas que son víctimas de hombres que se acercan a toda velocidad con el miembro erecto masturbándose furiosamente con la mano y rápidamente eyaculan en su cabello, rostro o ropa para luego escapar corriendo. Gran parte del video consiste en mostrar a las mujeres agredidas desconcertadas tratando de limpiarse. Más brutal aún es la serie Taxi, donde un taxi recorre las calles recogiendo mujeres, tras unos minutos de viaje un atacante irrumpe en el auto, las somete a golpes y las viola mientras el vehículo sigue en movimiento, para luego tirarlas desnudas a la calle.
Es muy poco probable que las violaciones que tienen lugar en estos videos comerciales sean auténticas. ¿Quién quiere publicar y vender el testimonio de sus crímenes? Sin embargo, numerosas expresiones de angustia, horror y sufrimiento de las protagonistas de las cintas llamadas chikan o de abuso, resultan pavorosamente realistas. De acuerdo con varios estudios, como Pornography, Rape and Sex Crimes in Japan, de Milton Diamond y Ayako Uchiyama (1999), la abundancia de cine porno en Japón no se ha traducido en un aumento de crímenes sexuales. A pesar de la abundancia desmesurada de pornografía, en particular del tipo violento, el numero de crímenes sexuales no se han incrementado de manera relevante. La porno es el medio que canaliza las fantasía sexuales y los deseos más perturbadores, por tanto es debatible si constituye una válvula de seguridad o un peligroso estimulante. Sin embargo, sería interesante tratar de descifrar las motivaciones culturales que hacen deseable la fantasía de una mujer reducida a la condición de hamster o que transforman imágenes de maltrato, tortura real o simulada de mujeres en expresiones populares que se consume masiva y compulsivamente.

1 Comment »

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  1. Hola Naief. Es estimulante, altamente estimulante para mi leer tus artículos. Qué bueno que te leo. También te escucho en radio UDG.
    Oye, con respecto a Watchmen, yo creo que los personajes están muy bien logrados. Realmente los seres humanos somos así de crueles, de sádicos. Tenemos obsesiones personales que perseguimos (algunos) y olvidamos o reprimimos (otros más). Las tratamos de completar, como si de esto dependiera salvarnos a nosotros mismos.
    Ya quiero leer algo más acerca de esta película. Creo que falta más por analizar. Entre otras cosas, ha roto el tabú del pene explícito (aunque sea de forma breve) en películas comerciales.
    Gracias.

    Comment by carlosarx — April 5, 2009 @ 7:49 pm

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