Homo Cyborg-Naief Yehya

December 8, 2008

Afganistán, la otra guerra y su legado

Filed under: General

Dos visiones opuestas
Gane quien gane las elecciones de noviembre en los Estados Unidos, el nuevo presidente heredará dos guerras (o quizá tres si la Casa Blanca lanza una sorpresa de octubre en forma de un ataque contra Irán), una catástrofe financiera (cuyas consecuencias se harán sentir a lo largo de la década) y el desastroso legado de ocho años de Bush y su pandilla de neoconservadores: en lo social (como el abandono de Nueva Orleáns), lo judicial (cientos de leyes cambiadas en beneficio de corporaciones y organizaciones ultraconservadoras), y lo moral (la tortura como herramienta del estado y la doctrina de las guerras preventivas). Las propuestas de John McCain y Barack Obama como candidatos a la presidencia difieren en casi todos los dominios, en particular en materia de relaciones exteriores. Obama siempre estuvo en contra de la guerra de Irak, McCain siempre a favor. Obama cree en la utilidad de negociar con los líderes de los estados “parias” mientras que McCain canta: “bomb, bomb, bomb, bomb, bomb Irán”, con la tonada de Barbara Anne, (la canción hecha famosa por Los Beach Boys).

… con algo en común

No obstante, ni los pacifistas ni los enemigos de la guerra ganan elecciones en los Estados Unidos, por lo que Obama proyectó su furia bélica (por la necesidad de mostrar que a pesar de ser un elitista, un intelectual y un buen orador, también es capaz de matar terroristas) en lo que él y su equipo (en el que destacan operadores de la vieja guardia clintoniana) imaginaron que era una guerra menos problemática: Afganistán. Eso tienen en común los dos candidatos. Así, Obama trata de sonar agresivo y al mismo tiempo conservar un poco la congruencia, separando una guerra buena, (contra el talibán y al Qaeda), de una mala (contra Saddam Hussein). Así, el senador demócrata de Chicago, propone retirar a las tropas de Irak pero enviar más soldados a Afganistán. Esto es la receta infalible para más horrores y tragedias en una nación que, tras 7 años de conflicto, vive un brutal incremento de violencia. Entre enero y agosto de este año han muerto por lo menos 1,445 civiles (40% más que el año pasado), en el que ya se considera el peor años de la guerra.

La paz de los despojados
La última y más absurda falacia del gobierno de Bush (la cual McCain ha adoptado como dogma de fe) consiste en creer con desesperación que el “surge” o aumento de tropas en Irak ha funcionado y ha pacificado al país. La aparente calma no es más el resultado que de la estrategia de “depuración étnica” por parte de la mayoría chiíta, así como de una serie de alianzas entre milicias y grupos segregacionistas que tienen como objetivo eliminar a sus enemigos locales y consolidar su poder aprovechando la presencia de las tropas de los Estados Unidos. Ante la incapacidad de las fuerzas de ocupación de proteger a la población, en particular en Bagdad, las minorías, sunítas, turkmenas y cristianas, entre otras, han optado por huir de la violencia, y emigrar interna o internacionalmente.

Repetir la historia
La propuesta de enviar 8000 soldados más a Afganistán (como propone Bush) o de duplicar el número de combatientes, como quieren McCain y Obama (cuando esto se escribe hay 33 mil estadounidenses y 23 mil soldados de otros miembros de la OTAN), difícilmente resultará en una estrategia más exitosa que las empleadas por las tropas invasoras británicas en el siglo XIX o soviéticas en 1979. El entusiasmo del pueblo afgano, de haber existido al comienzo la invasión, se ha diluido, especialmente tras numerosos ataques fallidos, como aquel del 22 agosto del 2008, en el cual, de acuerdo con la ONU y las autoridades afganas, 90 civiles (60 de ellos niños) fueron asesinados por misiles lanzados erróneamente en el oeste del país (el ejército estadounidense tan sólo aceptó haber matado a 30, como si ese descuento fuera de alguna manera una compensación). El pueblo afgano sigue empobrecido y vive por lo menos igualmente aterrorizado que durante los años del régimen fundamentalista talibán. Lo que quedaba de infraestructura preinvasión ha sido demolida y las pocas obras llevadas a cabo por los ocupadores se colapsan tras años de guerra. Además, la creciente inestabilidad en Pakistán amenaza con extender la guerra y complicar aún más la situación afgana, por la facilidad con que los rebeldes atraviesan la frontera, prácticamente sin obstáculos, y por las incursiones estadounidenses en territorio paquistaní que han inflamado sentimientos nacionalistas y radicalizado a las poblaciones del Oriente cercano.

Narcos e invasores
Antes de la invasión estadounidense el talibán había limitado y en algunas zonas erradicado el cultivo de opio. Sin duda, esta fue una de las poca acciones decentes e inteligentes que llevó a cabo este grupo fundamentalista. Hoy, una de las provincias más turbulentas del país, Helmland, provee (de acuerdo con expertos de la ONU) más de la mitad de las 7,700 toneladas de opio que produjo Afganistán este año, cantidad que supuestamente equivale al 80 por ciento de la heroína que se consume en el mundo, y que ha generado internamente un ingreso anual de 4 mil millones de dólares. Presuntamente este es el dinero que financia a los rebeldes, por tanto desde la segunda semana de octubre la OTAN determinó incluir en su mandato atacar a los narcotraficantes. Uno se pregunta: ¿qué hacían antes si se topaban con camiones cargados de amapola?¿los dejaban pasar?¿Informaban a la incompetente policía o al letárgico ejército con la certeza de que no podrían hacer nada contra los narcos? ¿Cómo entender las relaciones entre una fuerza militar internacional invasora y los narcocaciques locales? No podemos más que imaginar que debe haber algún tipo de complicidad entre los ocupadores y los traficantes. Esta invasión moderna tiene muchas reminiscencias con las intervenciones y voracidad de las viejas potencias coloniales. Parafraseando a Philip K. Dick: “el siglo XIX nunca terminó”.

Fragmentos de país
El gobierno de Hamid Kharzai tan sólo tiene poder en Kabul. Al rebasar los límites de la ciudad se entra en territorio hostil. De acuerdo con testimonios como el del periodista Nir Rosen (“A Journey into Taliban-Controlled Afganistán”, publicado en la edición del 30 de octubre de 2008, de la revista Rolling Stone), el talibán se enfrenta diariamente a las tropas de ocupación y ni siquiera recurren al abrigo de la oscuridad para controlar los caminos, llevar a cabo redadas, instalar tribunales, detener y ejecutar a quienes acusan de espionaje o colaboración con los invasores. El talibán de hoy es una fuerza más pragmática, más sofisticada, menos fanática, mejor equipada y preparada que el de hace siete años. Sus acciones son cada día más atrevidas, violentas e ingeniosas, como fue aquel ataque contra la prisión de Kandahar el 13 de junio de 2008, cuando estacionaron una pipa de combustible frente a la puerta y después le dispararon con un lanza granadas. En la explosión murieron los guardias y 900 presos escaparon. El talibán conduce regularmente ataques espectaculares contra ciudades, así como bases estadounidenses y de la OTAN, como aquella donde mataron a 10 soldados franceses estacionados en las afueras de la capital.

El peligro de los invasores
Y al tiempo en que esto sucede la maquinaria propagandística ya teje su nuevo cuento: “Los terroristas no son afganos sino que son guerrilleros que vienen escapando de la estrategia estadounidense antisubversiva empleada en Irak”. El ejército de EU recurre nuevamente a la vieja y paradójica tradición de descalificar a un enemigo nativo al argumentar que en realidad se trata de invasores extranjeros. Sin duda hay militantes de muchas partes del mundo peleando en Afganistán, pero querer negar que los rebeldes persiguen una causa nacionalista es simple propaganda. Así mismo, está de vuelta la costumbre de exagerar los números de combatientes enemigos eliminados. El ejército estadounidense asegura diariamente que ha eliminado a decenas o cientos de talibanes y en cada ataque se dice que ha caído uno o más de los principales líderes rebeldes. Esta propaganda es insertada en el ciclo noticioso, con la esperanza de influenciar al público, y una vez que la noticia desaparece de los titulares, nadie pone atención si es desmentida.

Regresando al legado de George W. Bush
Al término de la era Bush hay quienes sentirán una enorme gratitud por su liderazgo. Bajo este régimen, empresas como Exxon Mobil, rompieron todos los récord históricos de ingresos, y se convirtieron en las corporaciones más ricas que han existido en el planeta (sus ganancias para el 2007 fueron 40.61 mil millones de dólares o bien $1,300 por segundo). Y si bien Bush deja a un país en ruinas algunos sectores de la economía han prosperado de manera increíble, como las empresas de mercenarios Blackwater, y Triple Canopy, así como empresas de “contratistas” multiusos como Halliburton (de la cual era director general el vicepresidente, Dick Cheney) y KBR. Y no podemos olvidar a los fabricantes de armas y equipo militar, que en 2008 vendieron más de 32 mil millones de dólares en armas, rompiendo también todo récord existente y estableciendo un nuevo estándar en las relaciones comerciales de los EUA y Oriente próximo.

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