Homo Cyborg-Naief Yehya

September 17, 2008

Buenas intenciones, terribles consecuencias: Kanan Makiya y la memoria Iraquí

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En enero de 2003, Kanan Makiya, profesor de la universidad de Brandeis, y otros dos exiliados iraquíes fueron invitados a la Casa Blanca para reunirse con George W. Bush. Fue ahí donde le aseguraron al presidente que los iraquíes recibirían a las tropas estadounidenses “con dulces y flores”, reportó George Packer, en su artículo ‘Dreaming of Democracy’, (The New York Times Magazine, 2 de marzo 2003).

Makiya, un egresado de MIT, que en sus años universitarios se decía marxista y apoyaba la causa palestina, se había convertido a inicios del siglo XXI en una celebridad entre la comunidad exiliada iraquí, debido a su activa militancia en contra del régimen de Saddam Hussein. En 1989, mientras trabajaba como arquitecto para su padre, en Londres, Kanan escribió y publicó (bajo el seudónimo de Samir al Khalil) Republic of Fear, una denuncia de las atrocidades que se vivían como cotidianidad en Irak.

El libro solo tuvo un gran impacto cuando Hussein invadió Kuwait en agosto de 1990. Entonces se tornó una especie de referencia, texto obligatorio para quien quisiera entender la situación en Irak o por lo menos para justificar la visión que Occidente tenía del régimen iraquí.Otro exiliado iraquí, el tristemente célebre Ahmed Chalabi, compró cientos de ejemplares del libro (antes de conocer a Kanan) y los repartió entre la comunidad exiliada, políticos y periodistas estadounidenses para promocionar su caso.

Al término de la Primera Guerra del Golfo, Makiya se consideraba un experto en el tema. Viajó numerosas veces al kurdistán iraquí (el cual ya no se encontraba bajo el control de Hussein) y escribió el libro Cruelty and Silence, donde acusaba al mundo árabe de cobardía y complicidad con el régimen de Saddam. En ese libro denunciaba a los líderes árabes por su rabioso antiamericanismo, el cual argumentaba estaba injustificado.

Cuando los vientos de guerra comenzaron a soplar en 2002, y el régimen de Bush preparaba su invasión de Irak, con un arsenal de mentiras, distorsiones y propaganda, Makiya se convirtió en uno de los principales defensores de la acción armada. Pero para él no eran importantes las razones de Bush (armas de destrucción masiva, alianzas de Bagdad con al Qaeda y el peligro latente que representaba Saddam para los EUA); su lógica era que la guerra era la única forma de rescatar al pueblo iraquí de un régimen genocida como el de Hussein. Makiya creía que derrocar a Hussein era una “oportunidad histórica”, que haría posible a la democracia florecer en el Oriente cercano.

Makiya elaboró un esbozo de constitución e hizo una lista de los 45 líderes del régimen que debían ser condenados por crímenes contra la humanidad. El académico y autor, imaginaba que Irak sería como Sudáfrica después del apartheid o Alemania democrática después de la caída del Muro de Berlín. De hecho, el periodista Dexter Filkins, cuenta que Makiya visitó las oficinas de la desaparecida agencia de inteligencia alemana, Stasi, que había sido convertida en un archivo abierto, donde los ciudadanos podían ver la clase de abusos que se habían cometido contra ellos. Esta apertura lo inspiró.

Makiya llegó a creer que Chalabi, a pesar de su reputación como criminal, estafador, mercader de la muerte e intrigante, podría llegar a ser el “Mandela iraquí”; más tarde se decepcionó profundamente de sus manipulaciones.

Hoy ha quedado muy claro que la ingenuidad y la ignorancia política no son una buena base para pregonar guerras en países lejanos. A estas alturas, Makiya ha podido constatar que las multitudes no llegaron a recibir con flores a los soldados estadounidense, que la ocupación ha sido una fuerza devastadora que ha reducido al estado a ruinas, que cientos de miles de vidas iraquíes se han perdido y millones de iraquíes han tenido que abandonar el país; Estados Unidos y sus aliados ya se reparten los beneficios del petróleo iraquí, la liberación de Irak es un estigma que ha destruido la reputación estadounidense y el caos sembrado en la región durará por décadas. La guerra hubiera tenido lugar de cualquier manera, a final de cuentas ni Makiya ni sus socios fueron tan relevantes como imaginaron para la salvar a Irak, el equipo Bush y sus neoconservadores los usaron como un argumento propagandístico más.

Filkins escribe que el sueño de Makiya era construir un museo para los archivos del partido Baaz en el lugar donde está el Arco de la Victoria, el monumento construido por Hussein para conmemorar su presunta victoria sobra Irán, a un costo de un millón de vidas. Makiya creó la Fundación para la Memoria Iraquí, un grupo consagrado a documentar las atrocidades del régimen de Hussein.

De acuerdo con Edward Wong, Makiya tiene en su sala, ocho discos duros con más de once millones de páginas de documentos que “encontró” tras la caída del gobierno, en oficinas abandonadas en Bagdad. Por el momento su sueño de un museo en Bagdad tendrá que ser pospuesto, pero ya ha negociado con la universidad Stanford para guardar la base de datos.

Como escribe Hugh Eakin, en su artículo ‘Iraqi Files in U.S.: Plunder or Rescue?’ (New York Times, 1 de julio de 2008) su valeroso restante parece hoy un claro saqueo. El director de la biblioteca nacional de Irak y el ministro de cultura han declarado que los documentos fueron retirados ilegalmente del país y deben ser regresados sin la menor demora ni excusa.

La toma de estos documentos se encuentra en línea con los tradicionales saqueos de reliquias cometidos en las guerras e invasiones coloniales. Varias instituciones culturales del mundo, como la Asociación canadiense de Archivistas y la Sociedad Estadounidense de Archivistas se han unido al gobierno iraquí en su reclamo.

Makiya, con todo y sus buenas intenciones, se ha convertido en una figura trágica más en la espantosa historia reciente de Irak, y su rescate de aquellos documentos es el epílogo apropiado a una guerra que él pensó rescataría a su pueblo.

September 1, 2008

El terrorismo sexual en la era Bush

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Guerra santa

Sería difícil resistir la tentación de ridiculizar la experiencia militar del presidente y comandante en jefe de las fuerzas armadas estadounidenses, George Bush, Jr., cuya única tarea en el ejército consistió en proteger, entre 1968 y 1972, los cielos de Texas de cualquier incursión norvietnamita. No podemos negar que su labor fue un éxito. Sería difícil ignorar las muchas carreras frustradas que ha tenido el exporrista de la universidad de Andover, exdueño del equipo de béisbol Texas Rangers, expetrolero fracasado y exsocio de la familia Bin Laden. Pero si hay algo difícil de olvidar es que el presidente que gusta pasar sus vacaciones de verano en su “rancho” de la ciudad de Crawford, Texas, le dijo en 2003 al primer ministro Mahmoud Abbas en Aqaba: “Dios me dijo que atacara a al Qaeda y los ataqué, y entonces me indicó que atacara a Saddam, lo cual hice y ahora estoy determinado en resolver el problema del Medio Oriente. Si usted me ayuda yo actuaré y si no, vendrán las elecciones y tendré que enfocarme en ellas”. Estas inolvidables palabras fueron publicadas el 26 de junio de 2003 en el diario israelí, Ha’aretz por el periodista, Arnon Regular. Quizás jamás podremos saber si Bush en realidad dijo semejante cosa pero sí podemos intuir que Abbas no quiso o no pudo ayudar a Bush ya que la situación en Israel y Palestina está peor que nunca. ¡Que oportunidad perdida de aprovechar el poder divino que Bush ha despilfarradlo en sus guerras!

Guerra ambigua
No podemos asegurar que Bush crea realmente que sus guerras tienen motivación divina, lo que sí debería creer es que sus guerras tienen un elemento de terrorismo sexual cada día más ominoso. El presidente dio en verano del 2007 una discreta orden ejecutiva que permite a los agentes de inteligencia y espionaje estadounidenses evadir todas las restricciones (imaginadas por la Suprema corte, el Congreso y el artículo 3 de las convenciones de Ginebra) al respecto del uso de técnicas degradantes y humillantes de interrogación. El argumento es que un agente puede humillar y degradar a un sospechoso si sospecha que al hacerlo puede impedir que tenga lugar un acto terrorista. Se ha hablado mucho, especialmente en los medios estadounidenses de la controversia del “waterboarding” o la tortura del agua (a la que dedicamos dos entregas de esta columna), en cambio se ha omitido deliberadamente toda mención de tortura sexual. Y la genialidad de Bush y su equipo ha sido precisamente dejar todo en la ambigüedad: no dejar documentación alguna de la técnicas de tortura sexual aprobadas. De esa manera nuevamente han eludido la responsabilidad y futuros cargos por crímenes de lesa humanidad.

Las técnicas de la perversión
Habiendo tantas formas de provocar dolor podríamos preguntarnos porqué el énfasis en la tortura sexual. La razón es que este tipo de tormento no sólo provoca dolor físico sino también heridas emocionales y profunda vergüenza. Dado que no hay memorandums explícitos que instruyan a los agentes de inteligencia militar, de la CIA o de cualquier otra organización de inteligencia, el comentarista David Rosen, propone que una buena guía de lo que está ocurriendo es el registro histórico documentado de las prácticas y técnicas sexuales usadas por los Estados Unidos y otros países para hacer confesar a los sospechosos de terrorismo. Lo más obvio sería pensar en la violación de hombres, mujeres y niños, una práctica que se ha usado desde hace siglos en donde quiera que ha habido abusos de poder. No obstante se han reportado pocos casos de violación en la “guerra contra el terror”, en cambio se han empleado ampliamente las siguientes técnicas:

• Videograbar y fotografiar a detenidos desnudos
• Obligar a los presos a posar en posiciones sexualmente explícitas
• Mantener a los presos desnudos durante varios días
• Embarrar lo que supuestamente era sangre menstrual en el rostro de los presos
• Manosear sexualmente a los presos
• Obligar a los presos varones a utilizar ropa interior femenina
• Obligar a los presos a masturbarse en grupos para videograbarlos y fotografiarlos
• Obligar a los presos a formar pirámides o pilas humanas
• Ponerle bolsas de tela en la cabeza a los presos desnudos y luego conectarles cables en las manos y los genitales para darles o hacerles creer que se les darán descargas eléctricas
• Ponerle correas de perro al cuello a los presos desnudos, tratarlos como animales y hacerlos posar con mujeres soldados.
• Sodomizar a los presos con tubos de luz (como los usadas por los buzos) y escobas.

Estas prácticas han sido documentadas en varias guerras y tan sólo en la “guerra contra el terror” se han producido cientos de fotos y por lo menos cuatro videos. Además sabemos que la CIA ha destruido deliberadamente numerosos videos y evidencias de interrogatorios hechos en 2002. Resulta difícil creer que en algún momento los autores intelectuales de esta orgía del terror pagaran por sus abusos, pero sería revelador entender qué clase de dios pide a sus seguidores que pelen una guerra semejante.






















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