Ese genocida potencial: El Baradei

Irritante y astuto
Entre la enorme variedad de horrores que reportaban los diarios en el mes de septiembre pasado destaca sin lugar a dudas un artículo de primera plana en el New York Times (con ecos en la mayoría de los demás medio masivos de información estadounidenses) del día 17 de septiembre de 2007: To Iran and Its Foes, an Indispensable Irritant (Para Irán y sus enemigos, un irritante indispensable), un artículo en el que Elaine Sciolino y William J. Broad nos revelan el nombre del nuevo enemigo público número uno del imperio: nada menos que Mohammed el Baradei, premio Nobel de la paz 2005 y director desde hace una década de la Agencia Internacional para la Energía Atómica. En esencia este egipcio, proveniente de la clase media, hijo de un prominente abogado, que fue educado por una nana francesa y llegó a ser campeón nacional de squash a los 19 años (un deporte para el que “hay que ser astuto”, declaró ElBaradei, sin la menor modestia y total impunidad) se ha convertido, de acuerdo con el diario del “registro de la historia”, en un peligro para la humanidad. Al grado en que “diplomáticos de EUA, Francia, Inglaterra y Alemania marcharon a su oficina en la punta de un rascacielos en Viena para entregarle una protesta en conjunto” por “involucrarse de manera irresponsable con la estrategia del Consejo de Seguridad de la ONU de castigar y no premiar a Teherán.”
El irritante deslumbrado
En un tono presuntamente neutro pero cargado de esa condescendencia e ironía “irritante” que el Times tan sólo dedica a los líderes de izquierda y a los pedófilo, lo autores nos informan que El Baradei, un hombre que se caracteriza por usar “metáforas retorcidas” , se encuentra en el centro de una espesa controversia por su peculiar simpatía por Irán y su necedad por hacer hasta lo imposible para proteger al gobierno de Teherán. También nos informan que su casa está repleta de tapetes de Iran (no persas, iraníes, saquemos nuestras propias conclusiones…). Los autores citan una fina selección de detractores de El Baradei, desde los anónimos que lo acusan de estar “borracho por el poder del Nobel”, hasta el bien conocido psicópata que se tornó insostenible hasta para la administración más sicótica de la historia reciente, el exembajador de los EUA en la ONU, John Bolton, lo llama: “ingenuo y de una peligrosa idiosincrasia”. Sciolino y Broad señalan que El Baradei tiene la osadía (o mala educación) de llamar “locos” a quienes quieren lanzar una guerra contra Irán, además de que declaró que el comienzo de la invasión de Irak fue el día más triste de su vida. En un tiempo de sátrapas cegados por fantasías bélicas como Paul Wolfowitz, Richard Perle, Donald Rumsfeld y Douglas Feith por sólo mencionar algunos nombres que irritan la lengua y la memoria, el Times declara (supuestamente citando las palabras de un diplomático europeo sin nombre) que El Baradei está “deslumbrado por su propio destino”.
Mohammed, el irritante
Pero el artículo va más allá, llegando a acusaciones nada sutiles de complicidad como: “Incluso los iraníes lo necesitan (como le gusta a él recordarles) porque sus maniobras prometen aminorar y probablemente terminar el aguijón de las sanciones estadounidenses” y a anunciar que el plan de El Baradei “amenaza con darle más tiempo a Irán para dominar la tecnología, con la que pueda hacer combustible para reactores o bombas atómicas” (citando a sus críticos). El Baradei es pintado como un déspota “con una visión expansiva de sí mismo”, patológicamente tímido (no le gusta conversar en los elevadores, lleva su propia comida a la oficina, odia las cenas de gala con diplomáticos) y con perversos delirios de grandeza (“soy un papa secular… mi misión es impedir que acabemos matándonos mutuamente”). También aprendemos aquí que El Baradei es un compulsivo “name dropper” o cita nombres que se la pasa contando que “condi (Condoleezza Rice) dijo esto…Putin contó aquello”. Pero el momento cumbre del artículo llega cuando el mismo diplomático europeo sin nombre dice que El Baradei, “es casi como un niño”. Este inocente comentario pone el punto de exclamación al tono de paranoia racista que impregna todo el artículo.
Irritante
¿Podría ser que el diario que se entregó como panfleto propagandístico para preparar la actual guerra de Irak esté nuevamente participando en otra campaña de desinformación y manipulación? Se preguntan los lectores anónimos.
Nuevas razones
Seymour Hersh, el periodista que reveló al mundo las atrocidades ocurridas en la aldea de My Lai, en Vietnam el 16 de marzo de 1968, donde soldados estadounidenses mataron a alrededor de 500 personas tras haber cometido toda clase de barbaridades imaginables, escribe en su más reciente artículo en la revista New Yorker (Oct. 8, 2007) que la Casa Blanca ha tenido que redefinir la guerra en Irak como una batalla estratégica entre los EUA e Irán. Esto definitivamente es un cambio notable, especialmente para todos aquellos que se creyeron el cuento de las armas de destrucción masivas de Hussein, de los vínculos con al Qaeda o de la democratización de Irak a la cual seguiría una democratización de toda la región (probablemente por la teoría de dominós inversa que asegura que la ley de gravedad es mera propaganda de al Qaeda). Así George W. Bush, el presidente de la nación que ha tirado millones de toneladas de explosivos sobre la población civil iraquí, que ha presidido sobre el genocidio de la nación, que ha obligado a exilarse a más de la tercera parte de la población y que ha destruido toda noción de instituciones, leyes, autoridades, civilidad y servicios, declaró en agosto pasado que Irán entrena milicianos para atacar civiles, soldados y estadounidenses. “He autorizado a nuestros comandantes militares en Irak para que confronten las actividades asesinas de Teherán”, dijo.
Nuevas leyes
El pasado 27 de septiembre el Senado (en manos de los demócratas) aprobó por 76 votos contra 22 la enmienda que permite al gobierno de Bush designar al Cuerpo de Guardias Revolucionarias (CGR) iraní como una organización terrorista extranjera. Es relevante señalar que la senadora por Nueva York y flamante candidata presidencial, Hillary Clinton, quien se ha pasado su campaña repitiendo que si hubiera sabido entonces lo que sabe ahora, nunca hubiera votado a favor de la guerra, votó a favor de esta peligrosa enmienda que legalmente inclina la balanza hacia la confrontación militar con Irán.
Nuevos blancos
Para lanzar la guerra el régimen de Bush necesitaba reinventar sus motivos debido a que la presunta amenaza nuclear iraní no tenía credibilidad. Como afirmó Mohammed El Baradei, el director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, declaró que los iraníes están enriqueciendo uranio a una pureza del 3.67%, lo cual no es suficiente para hacer funcionar un reactor nuclear y es muchísimo menos de lo necesario para una bomba. Así los halcones eligieron el tema de que los iraníes tenían sangre estadounidense en las manos. La misión se presentaría entonces ya no como una en contra de la proliferación nuclear sino en contra del terrorismo. Por tanto renovaron su estrategia para adoptar un plan de ataques “quirúrgicos” contra las posiciones del CGR, esto sería justificado al público estadounidense como una acción tomada para proteger las vidas de los soldados invasores. El equipo neocon de Bush no parece entender la profunda relación que existe entre Irán e Irak, como el simple hecho de que anualmente más de un millón de turistas, peregrinos y visitantes iraníes visitan Irak (a pesar de las horrendas condiciones de seguridad), por lo que parte de la importante fuente de ingresos hay lazos religiosos, étnicos y culturales que van más allá de las nacionalidades y complican el esquema simplista de los invasores. Más que impedir que Irán use a Irak como plataforma para atacar a los EUA, lograrán enajenar a los shiítas iraquíes y extender una guerra que ya está fuera de control. No obstante, de acuerdo con Hersh, Washington tiene ya todo listo para el ataque: portaviones y submarinos en el golfo Pérsico, así como misiles, bombarderos y aviones AWAC con los blancos ya programados. Aparte de las bombas piensan lanzar ataques terrestres “agudos y cortos” con unidades de las fuerzas especiales En esta aventura cuentan con el apoyo del nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, quien aparentemente quiere venganza por la humillación de que fue objeto su país cuando Irán atrapó a un grupo de marinos que incursionaron en sus aguas y a quienes hicieron pedir perdón en los medios de comunicación. Ahora bien este tipo de misiones tan sólo pueden funcionar si se cuenta con información precisa y dadas la recientes experiencias de espionajes e inteligencia, nadie puede confiar en que los blancos que bombardearán tendrán algún valor estratégico. Quizás una vez que hayan caído las bombas en las plantas de luz, los hospitales y escuelas el New York Times se retracte por haber ofendido a Mohammed el Baradei.
