Las pequeñas atrocidades cotidianas de una guerra sin fin

Las entrevistas
En el número de 30 de julio del 2007 de la revista The Nation, el excorresponsal del New York Times, Chris Hedges y Laila al-Arian publicaron un controvertido artículo para el que entrevistaron a 50 veteranos de combate de la guerra de Irak, acerca de sus experiencias y de las cicatrices emocionales y físicas que trajeron de esa aventura bélica. http://www.thenation.com/doc/20070730/hedges. En miles de páginas de testimonio queda establecido que si bien no todas las tropas están involucradas en atrocidades contra la población, dichos crímenes son comunes y casi nunca son reportados. El artículo de The Nation, tiene el mérito de ser el primero en reunir testimonios de personal militar estadounidense y corroborar una larga lista de actos cometidos por el propio ejército. En estas declaraciones aparece un “tema común” que es que “pelear en áreas urbanas densamente pobladas ha conducido al uso indiscriminado de la fuerza y a la muerte de miles de inocentes a manos de las tropas de ocupación”. Podría uno imaginar que en una sociedad abierta dicho documento hubiera desatado intensa polémica y hubiera sido comentado por los medios masivos. Sin embargo, la atención que ha recibido es mínima.
Un pueblo infeliz e ingrato
El principal problema para los iraquíes es que dada la “cultura de esta guerra de contrainsurgencia”, el ejército de ocupación “debe asumir que todos los nativos son hostiles” y que “un iraquí muerto es tan sólo otro iraquí muerto”. Para algunos el hecho de que los iraquíes opusieran resistencia, era una considerado como una traición. Sólo el 38 por ciento de los infantes de marina y 47% de los soldados consideran que los iraquíes deben ser tratados con dignidad y respeto. Únicamente el 55% de los soldados y el 40% de los marinos dijeron que reportarían a un compañero en caso de que matara o hiriera a un iraquí inocente. Las tropas rara vez pueden ver al enemigo y su contacto con la población tiene lugar cuando éstas están preparadas para combate. La frustración mezclada con un deseo de venganza y una vena de crueldad humana que invariablemente crece durante las guerras provoca espantosos abusos como profanar cadáveres (mutilarlos, usarlos como accesorios para bromas, posar con ellos en fotos, etc.), robar o destruir bienes de todo tipo, matar deliberadamente mascotas o animales de granja y violar o matar civiles sin motivo.
Redadas
Las incesantes redadas en las que las tropas invaden hogares (de preferencia entre las once de la noche y las cuatro de la mañana) en busca de insurgentes resultan las más de las veces fútiles agresiones, que cuando van bien terminan con la casa “como si la hubiera sacudido un huracán”. Si encuentran cualquier cosa sospechosa o incriminatoria el padre es arrestado si no, tan solo es humillado enfrente de toda su familia. Cada familia puede tener un AK-47 pero si alguien tiene algo más, se considera que la operación ha sido un éxito aunque no se pruebe absolutamente nada. Entre los entrevistados, el Sargento Dustin Flatt, estimó que él había participado en “miles” de redadas de hogares en Tikrit, Samarra y Mosul, durante las cuales lo que hacían era “espantar de muerte a la gente”. El sargento Timothy Westphal comentó que en una ocasión después de despertar a un hombre irrumpiendo en su hogar con lujo de violencia pensó: “acabo de aterrorizar a un hombre en nombre de la bandera estadounidense y no fue para eso que me enlisté en el ejército”. La mayoría de estas redadas se llevan a cabo con información deficiente cuando no totalmente falsa. Como en otras circunstancias la gente tiende a vengarse de sus vecinos o enemigos al acusarlos de ser insurgentes. Además, en muchas ocasiones a los informantes se les paga por cada denuncia. “No somos la policía”, dijo el sargento Geoffrey Millard, “no podemos ir como detectives haciendo preguntas. Tiramos puertas a patadas, entramos y agarramos gente”. El especialista Garett Reppenhagen, señaló que muchas veces ni siquiera sabían que podían considerar como ilícito, además al no entender la lengua (muchas veces actúan sin interpretes ya que no hay muchos y buena parte de estos no son competentes), si encontraban algún poster, libro o documento con el rostro de Muqtada al Sadr, de Sistani o quien fuera, simplemente arrestaban a los hombres, documentaban lo encontrado y dejaban que otros se encargaran de clarificar el asunto. Más de 60,000 iraquíes han sido arrestados desde el principio de la ocupación, la gran mayoría son inocentes y algunos son culpables de infracciones menores. En cualquier caso las familias debían sortear el delirante laberinto kafkiano del sistema legal impuesto por los ocupadores para tratar de liberar a sus parientes.
La otra guerra
El excorresponsal del New York Times, Chris Hedges y la periodista Laila al-Arian recogieron testimonios y declaraciones de una cincuentena de soldados estadounidenses a su regreso de Irak en el artículo The Other War: Iraq Vets Bear Witness, en el número de 30 de julio del 2007 de la revista The Nation. La perspectiva que ofrecen de ese infierno es antagónica a la visión de heroísmo, sacrificio y patriotismo que han venido promocionando los medios masivos de ese país. Así mismo reflejan la torpeza con que la misión Libertad de Irak ha sido conducida.
Las apariencias engañan
El sargento Jesús Bocanegra cuenta que durante los dos primeros meses de la guerra tenían órdenes de detener gente en función de su atuendo, así cualquiera que tuviera ropa árabe, algo no muy inusual en Irak, y botas tipo militar era considerado un combatiente enemigo y arrestado. Otras veces todo aquel en edad militar, entre 15 y 30 años, era detenido. El especialista Aidan Delgado dijo que el momento en que supo que las cosas estaban muy mal fue al revisar los expedientes de los presos de Abu Ghreib, ya que encontró que la mayoría de los supuestos terroristas habían sido enviados ahí por pequeños robos, embriagarse en la vía pública o usar documentos falsos. Delgado solicitó entonces convertirse en objetor de conciencia.
Dulce venganza
El especialista Josh Middleton explica que después de pasar por las humillaciones de los entrenamientos, llegar a Irak y tener este poder, “es realmente liberador. La vida ha sido reducida a este nivel primigenio”. Y ese nivel es uno donde es legítimo deshumanizar a todo un pueblo con apodos insultantes y racistas como haji, jihad Johnny, camel jockey y sand nigger. El especialista Patrick Resta quien estaba asignado en una clínica en Jalula cuenta que tenían prohibido atender iraquíes a menos de que estuvieran a punto de morir. Una noche llegó un hombre gravemente herido que aseguraba que había un grupo de hombres esperándolo para matarlo. El médico lo vio desde lejos y dio la orden de sacarlo de ahí ya que no estaba tan grave. Resta trató de convencer a sus compañeros para no echarlo a la calle pero no pudo por lo que el hombre fue expulsado con sus heridas a una muerte segura.
Convoyes del terror
Los convoyes de provisiones son una de las operaciones más importantes para las fuerzas de la ocupación y han sido objeto de numerosos ataques. Por tanto ahora estas caravanas de vehículos que incluyen de 20 a 30 camiones y escoltas de 2 ó 3 humvees, se desplazan a casi 100 kilómetros por hora aún en zonas urbanas, violando toda regla de circulación, chocando con autos, embistiendo peatones que se atraviesan en su camino y disparando a cualquier conductor que consideren sospechoso. “La idea es no detenerse, ya que un blanco móvil es más difícil de acertar que uno estacionario”, dijo el sargento Ben Flanders. Las patrullas militares han optado por seguir esta fórmula.
A la merced de las tropas
Varios soldados afirmaron que en muchas ocasiones tras matar a un civil los militares plantaban en él pruebas: pistolas, AK 47s, palas o materiales para hacer bombas (lo cual puede ser simplemente cables o componentes electrónicos de cualquier tipo). De esa manera evitaban en la mayoría de los casos que se realizara una investigación.
Otros puntos de conflicto mortal son los checkpoints o puestos de control donde a menudo civiles pierden la vida cuando los soldados se ponen nerviosos o se asustan al interpretar las acciones de los automovilistas. Ahora bien, hay puestos permanentes y otros móviles que se instalan súbitamente y que si bien son los más seguros para los soldados (ya que normalmente no dan tiempo a convertirse en blancos de los insurgentes) son los más peligrosos para los civiles ya que desorientan a una población de por sí aterrorizada y confundida.
Buena guerra malos administradores
Ahora que es obvio que la guerra es una catástrofe irredimible, las hordas de cretinos que se dedicaron a justificarla han optado por señalar a dos responsables: la mala planeación de la administración Bush y los propios iraquíes que no hacen nada por si mismos. De esta manera estos porristas bélicos siguen pregonando que la idea de la guerra era buena pero que la ejecución fue errónea. Así el hecho de que hayan desaparecido más de 100 mil armas que los EUA repartieron al ejército iraquí es una evidencia más para los neocones y los bombarderos de salón de que su maravilloso plan brindar democracia, progreso y felicidad a Irak para fue estropeado por militares incompetentes.
