Homo Cyborg-Naief Yehya

July 27, 2007

Sicko, de Michael Moore

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Sicko y el debate viciado
En una nación donde cualquier crítica que ligeramente se incline hacia la izquierda es motivo de ataques de histeria dignos de una epidemia de ébola, es natural que un cineasta como Michael Moore sea visto como un polemista prodigioso, un redentor o como una alimaña obesa y hedionda. Moore es para su suerte y su desgracia demasiado famoso, demasiado controvertido, demasiado odiado y demasiado celebrado como para que su cine pueda ser apreciado por lo que es y no por lo que representa. En su caso la mayoría los medios estadounidenses parecen olvidar que cualquier artista, cineasta o pensador con ideas radicales será por fuerza controvertido. Esto es trágico, especialmente porque su nueva película, Sicko (2007), trata un tema que debería de poder unificar a la mayoría de los estadounidenses sin importar su afiliación partidista. Pero a pesar de buscar una especie de reconciliación Moore retoma las mismas estrategias que han enfurecido a todos los conservadores del país. Moore elogia precisamente a dos regímenes que la derecha estadounidense repudia particularmente: Francia y Cuba. Difícilmente podemos imaginar que de esta manera Moore ganará muchos amigos en la derecha o convertirá a muchos republicanos o por lo menos acordará una tregua con sus enemigos, aunque siempre es concebible que suceda. Pero tampoco podemos creer que Moore esté predicando para el proverbial coro, ya que sus filmes recaudan decenas de millones de dólares y alcanzan audiencias inimaginables para un documental. Ahora bien, si logramos ignorar la inefable campaña propagandística que trata de vender esta cinta como un entretenimiento hilarante, si podemos soportar la complaciente y condescendiente actitud de Moore hacia su público y si somos capaces de fingir indiferencia hacia una serie de obvias omisiones como el hecho de no presentar por lo menos ligeros matices que humanicen los sistemas de salud británicos, franceses y en particular cubanos. Podemos entonces pasar al análisis de Sicko.

Sicko, sigue el modelo de Roger and Me (1989), Bowling for Columbine (2002) y Fahrenheit 911 (2004), Moore cuenta una serie de historia entrelazadas, protagonizando al personaje que ha creado de sí mismo, un cineasta con cachucha de beisbolista, ingenuo y curioso que recorre el mundo hablando con la gente, comparando experiencias y poniendo en evidencia sus puntos de vista y creencias a través de ejemplos particulares. Atrás quedó la época en que Moore hacía un cine en que confrontaba a los villanos, explotadores y corruptos, armado únicamente de una cámara, un arma cuyo principal poder radica en intimidar y amedrentar a quienes abusan de su poder para explotar a los menos afortunados. No hay en esta ocasión escenas incómodas como aquella en que humilla a Charlton Heston en su propia casa o en que expone a personajes siniestros del calibre de Dick Clark. Aquí no intenta cuestionar a los ejecutivos de las aseguradoras (quienes llevaban meses cuidándose las espaldas y circulando memorándums para prevenirse mutuamente de la amenaza que representaba Moore). Quienes esperan ver a Moore acorralando ejecutivos y políticos su más reciente filme será una decepción ya que en él no hay confrontaciones y todas las entrevista se hacen de manera voluntaria. En cambio su filme presenta una serie de casos devastadores de ambición criminal por parte de las aseguradoras, crueldad corporativa, negligencia médica y desesperanza ante un sistema de salud voraz y despiadado.
No hace falta demasiado para demostrar que el sistema de salud en el país más rico del mundo es profundamente inmoral. Por un lado hay 50 millones de estadounidenses que no tienen seguro de salud por lo que simplemente no tienen derecho a enfermarse ya que los altísimos costos de una visita médica, una hospitalización o de los medicamentos son inaccesibles a la mayoría de la gente. Por el otro los 250 millones de asegurados deben tener fe que sus seguros cubrirán cualquier enfermedad o accidente sin castigarlos injustamente por cualquier detalle intrascendente en su historial médico o descalificarlos de la cobertura que requieren por tener alguna del condiciones de la inmensa lista de males que anulan un contrato de seguro.
Moore presenta sus argumentos contando una serie de casos de estadounidenses brutalmente traicionados por sus seguros, abandonados en las situaciones más desesperadas de su vida, enfermos, en bancarrota, ancianos y desvalidos. El cineasta no tuvo muchos problemas para encontrar víctimas del sistema de salud que quisieran compartir su experiencia con él, por el contrario bastó un anuncio en internet para que en unos días recibiera más de 25 mil respuestas. Además de que numerosos exempleados de aseguradoras se ofrecieron para confesar sus propios pecados al revelar como habían buscado las maneras de ahorrar dinero para sus empleadoras al dejar sin cobertura a sus clientes.
En la segunda parte del filme Moore contrapuntea estos casos con otros en Canadá, Francia e Inglaterra, donde la seguridad está socializada. Para finalizar Moore intenta llevar a tres socorristas que quedaron muy enfermos por participar en las tareas de rescate de las torres gemelas de Nueva York, tras los ataques del 9 de septiembre, a recibir los mismos servicios de salud gratuitos que supuestamente se ofrecen a los presos de Guantánamo. Pero al verse rechazados por las autoridades militares (a las que nunca vemos) Moore los lleva a ser atendidos en Cuba, donde de manera gratuita se les ofrecen todos los servicios de salud que sus seguros les habían negado.
No hay aquí una meticulosa propuesta para mejorar los servicios de salud, no hay planes ni estrategias, lo que hay son simples comparaciones de casos semejantes en distintos contextos que permiten ver que el sistema de cobertura universal que tienen la gran mayoría de los países ricos y muchos de los no tan ricos es inmensamente superior al sistema privatizado estadounidense. Quizás la mejor entrevista del filme es aquella charla que tiene con el exparlamentario británico Tony Benn quien lee un panfleto de 1948, que anuncia la creación del sistema socializado de medicina en Inglaterra, a pesar de que en esos momentos el país estaba en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial. Benn enfatiza que dicha acción tuvo que ver con la solidaridad que provocó la destrucción de la guerra pero también que fue un efecto de la democracia y no del paternalismo estatal.
Las historias de horror son acompañadas por datos (como el hecho de que los EUA ocupan el lugar 37 en el mundo en servicios médicos de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud), estadísticas comparativas sobre expectativas de vida y mortalidad infantil que ponen en evidencia el catastrófico estado en que dejó la privatización de la salud emprendida durante el régimen de Richard Nixon. Moore recupera las grabaciones hechas cuando se le presenta a Nixon el proyecto de crear un sistema privado de salud que podría ofrecer jugosos beneficios. Nixon, quien no tenía interés alguno en los programas de salud se interesó mucho con la idea por su potencial lucrativo y poco después impuso el actual sistema. Pero si bien Nixon aparece como un déspota corrupto, la actual candidata a la presidencia, Hillary Clinton, es ridiculizada con furia por haber intentado crear un sistema universal de salud y al no lograrlo aceptar enormes donativos de las aseguradoras.
Muchos han señalado que Moore no permite matices ni visiones divergentes de la suya en su cine, eso no debería sorprender a nadie y tan sólo pone en evidencia la ignorancia de un público que en esencia no entiende lo que es el cine documental. El cine es punto de vista, opinión, gesto y expresión. El documental ofrece una visión y argumentos para sostenerla. Esperar de un filme la Verdad, con mayúscula, es prácticamente equivalente a la fe religiosa. No es ese el estandar contra el que debe medirse. Toda proporción guardada, nadie esperaría que Alain Resnais hubiera presentado el punto de vista nazi en su prodigioso documental Noche y bruma (1955) para ofrecer un argumento balanceado.
Este es sin duda el filme mejor logrado de Moore, sin que esto quiera decir que es el mejor. Es un trabajo contenido, y aunque manipulador es directo y contundente. Quizás una de las razones por las que el filme funciona es por que en este caso no se preocupa tanto por señalar culpables. Por supuesto que las aseguradoras y los políticos que tienen en los bolsillos son los responsables del estado de las cosas pero es el pueblo estadounidense el que ha permitido esta situación. Por lo que Moore pregunta: ¿quiénes somos y qué ha sucedido con nuestra alma?






















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