Homo Cyborg-Naief Yehya

June 16, 2007

El show de Cho

Filed under: General


Regularidad aterradora
Sucedió nuevamente y de no ser por el altísimo número de víctimas del 17 de abril de 2007 en Virginia Tech, quizás la matanza ni siquiera hubiera llamado la atención internacional. Tal vez ésta hubiera pasado inadvertida como tantas calamidades que se pierden en el diluvio desinformativo de los medios electrónicos. La regularidad con que suceden crímenes de esta naturaleza en los EUA, ha logrado en buena medida desensibilizar al público, el cual ahora los consume como si fueran una especie de epidemia, inevitable y tristemente familiar. Además, cómo pasar por alto que la matanza del campus de Blacksburg, Virginia casi coincidió con el octavo aniversario de la masacre escolar de Columbine, que hasta entonces detentaba el récord de muertos.
La venganza de un solitario ofendido
Cho Seung-Hui era un estudiante patológicamente introvertido, silencioso y evasivo que llegó de Corea del sur a los Estados Unidos con su familia cuando tenía 8 años. Como otros asesinos masivos era objeto de burlas y humillaciones de sus compañeros. Pero a diferencia de la gran mayoría de los jóvenes enajenados, él decidió que la vida no tenía sentido y estuvo dispuesto a sacrificarlo todo para vengarse. En un estado de aguda paranoia y psicosis elaboró un complicado plan de exterminio de quienes él percibía como sus torturadores y de todos aquellos que habían “destrozado su corazón, violado su alma y quemado su conciencia”. Cho había tenido ya un par de roces con las autoridades, en 2005, cuando su comportamiento violento provocó que se le hiciera una evaluación en un psiquiátrico. Sin embargo, los médicos no encontraron razones para hospitalizarlo contra su voluntad. Por lo que volvió a su dormitorio a seguir acumulando odio. Compró dos pistolas semiautomáticas y se consagró a preparar un complejo y vasto paquete multimedia que envió el día de la matanza (tras matar a sus dos primeras víctimas ) a la cadena televisora NBC. Con una precisión, frialdad y crueldad impresionantes Cho mató a 32 personas (27 estudiantes y 5 maestros) antes de suicidarse.
La guerra, siempre
En el acalorado debate que provocó este ataque habían quienes señalaban que Cho no es un producto de la sociedad estadounidense sino un ser marginado de ésta. No obstante sería infantil ignorar que el mismo día de la masacre de Cho en Bagdad hubo una serie de atentados que cobraron alrededor de 170 vidas. No es descabellado imaginar que las balas de Virginia Tech fueron una especie de eco mortal de la violencia desatada de manera irresponsable en el Oriente Cercano. ¿Cómo olvidar el altísimo número de instituciones educativas iraquíes que han sido objeto de actos de violencia inverosímiles? Es claro que no hay vínculos explícitos entre la guerra y las matanzas, por tanto los medios y líderes de opinión estadounidenses en su mayoría no aceptan que exista relación alguna entre la normalización del genocidio que está teniendo lugar en Irak con las acciones de un psicópata. Pero alguien dijo que los locos son el equivalente para la sociedad del proverbial canario de la mina. A menudo son ellos quienes perciben con mayor sensibilidad la intensidad de las tendencias y corrientes culturales.
Mediósfera perversa
Pero el villano favorito de los medios masivos estadounidenses no es la guerra (¿cómo podría serlo si ellos fueron cómplices del equipo Bush?), sino más bien el entretenimiento violento dirigido principalmente al público adolescente y joven adulto (la tajada de oro del mercado: los hombres entre 16 y 25 años). Así, nuevamente el dedo acusador apunta hacia el cine, la televisión, los cómics y los juegos de video. Y debemos reconocer un dilema: millones de jóvenes y niños ven regularmente importantes dosis de entretenimiento violento, gore, cruel y definitivamente sádico. Así como hicimos muchos en determinado momento. Es obvio que estos productos nos transforman y de una u otra manera influencian a los más jóvenes, les ayudan a conformar ideas sobre el mundo, las relaciones, las mujeres y por supuesto el recurso de la violencia. Es claro que la mayoría de estos aficionados nunca levantará una sierra eléctrica con el fin de descuartizar a nadie ni se armará como los personajes de The Martix para vivir una fantasía asesina. Pero algunos lo han hecho. No hay duda de ello. Por tanto, quienes defendemos la libertad de expresión y pensamos que el arte no debe reconocer límites ni fronteras, debemos preguntarnos, ¿lo hubieran hecho de carecer de modelos fílmicos?
La venganza
No han sido pocos quienes han pensado que el director coreano de cine Chan-wook Park, autor de cintas de culto como la trilogía de la venganza: Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Oldboy (2003) y Sympathy for Lady Vengance (2005) tuvo alguna influencia en los actos criminales del 17 de abril pasado de Cho Seung-Hui, el multihomicida de Virginia Tech. La analogía se ha hecho debido al origen nacional de ambos y a la aparente fascinación de los dos por el tema de la venganza. El trabajo de Park es brutal y en cierta forma celebratorio de la violencia pero se necesita mucha imaginación para asumir que sus delirantes y tortuosos melodramones mortíferos puedan ser usados como guía del crimen, o puedan considerarse como filmes creados para inspirar a aspirantes a criminal. También se ha querido vincular la masacre de Cho con los juegos de video hiperviolentos (y de paso Corea es actualmente una de las potencias mundiales en el mundo competitivo de los video juegos), especialmente con aquellos que siguen el modelo de Grand Theft Auto (ahora conocidos como GTAs), los cuales ofrecen al jugador el punto de vista de alguien que debe de matar al mayor número de victimas. A las pocas horas de la carnicería varios medios (particularmente Fox News) declararon que Cho era muy aficionado al juego “Counterstrike”, en el cual el jugador, en primera persona, participa en enfrentamientos entre terroristas y policías. Esta afirmación demostró ser falsa cuando sus compañeros declararon que nunca lo vieron jugar además de que entre sus posesiones no se encontró juego alguno.

La prosa de Cho
Todo mundo sabía que Cho era una bomba de tiempo. Estudiaba letras y en numerosas ocasiones sus profesores, compañeros y personal de la universidad reportaron su comportamiento y sus amenazas. La situación era tan aguda que decidieron asignarle tutores con la intención de integrarlo. Sin embargo, el respeto que debe tener una institución educativa superior por las extravagancias de sus estudiantes resultó en este caso fatal. En los medios se ha enfatizado que Cho escribía textos de una violencia repugnante e inaceptable. Por el momento tan sólo pueden leerse en internet dos breves guiones suyos que más que revelar una personalidad violenta parecen ser trabajo de una mente atormentada y masoquista. La primera obra es Mr Brownstone, la cual describe a tres estudiantes rebeldes que se van de pinta para ir a jugar a un casino con identificaciones falsificadas. Mientras juegan en las máquinas tragamonedas son descubiertos por el malvado maestro de matemáticas, el Sr. Brownstone, en el preciso momento en que uno de ellos gana el premio mayor. El maestro les roba el premio y estos son expulsados del casino. El nombre de Mr. Brownstone fue inspirado por una canción del grupo Guns’n Roses en donde es usado para referirse a la heroína. No parece haber evidencia alguna de que Cho consumiera esa o cualquier otra droga). El segundo texto es Richard McBeef, el cual trata acerca del odio de un muchacho por su padrastro, el Richard del título, a quien acusa de haber matado a su padre para casarse con su madre. El hombre trata de hacer las paces con el muchacho pero este lo rechaza violentamente. Finalmente tras soportar insultos y agresiones McBeef, “le asesta un golpe mortal al joven de trece años”.
Criticar la mente criminal
Es difícil juzgar en una veintena de páginas la prosa de Cho, sin embargo son muy claras algunas obsesiones como el rechazo-devoción a la autoridad todo poderosa. Los dos textos llevan por titulo el nombre del adulto en quien los jóvenes proyectan su odio, en los dos está presente la amenaza pedofílica (aparentemente imaginaria en McBeef, supuestamente real en Brownstone) y en ambos es evocado el sexo anal. Y si bien el adulto representa a esta “clase que no ha tenido la decencia de morirse de un ataque cardiaco”, las actitudes de los jóvenes no parecen heroicas ni redimibles, sino que son descritas casi con condescendencia, como una especie de rebeldía inútil (las bromas de los estudiantes contra el profesor, la foto del padrastro usada como blanco para dardos). Ambas piezas están escritas de manera muy elemental, por momentos rayan en la incoherencia y poseen una visión infantilizada de universos herméticos donde no hay más reglas que la trasgresión y el castigo. Además, es notorio que en los dos textos los jóvenes son derrotados por los adultos, despojados y sacrificados por su osadía de tratar de escapar de su condena.
Confesión manifiesto
El multihomicida de Virginia Tech, Cho Seung-Hui se describió a sí mismo como un mártir en el testamento-manifiesto que pasó al aire la cadena NBC. Su venganza no consistió únicamente en matar a sus presuntos opresores, enemigos y fariseos, sino en tornar sus actos en un espectáculo. Para esto debió pasar por lo menos una semana desarrollando la imagen que proyectaría de sí mismo, creándose una identidad de superhéroe trágico del manga (cachucha de béisbol puesta al revés, chaleco de cazador-fotógrafo, guantes negros, cartucheras) para eso realizó sesiones de foto posando con su precario arsenal, el cual incluía pistolas (11 fotos), cuchillos y hasta un martillo. Hizo videos confesionales, en unos aparece sonriente, en otros recita parrafada tras parrafada de insultos y amargura hasta llegar a las18 mil palabras para condenar al mundo por haberlo obligado a “derramar su sangre”. “La decisión fue de ustedes”, señala y luego entra al terreno religioso al apuntar que como Cristo él va a inspirar a generaciones de personas débiles e indefensas. También adopta la causa de la humanidad y se manifiesta en contra del hedonismo y se lanza en contra de aquellos a quienes no les “bastan sus mercedes, sus collares de oro, sus cuentas de banco, su vodka, su coñac y su libertinaje” . En toda su magnitud catastrófica el paquete multimedia de Cho (que aparte de textos incluye docenas de fotos suyas de un narcisismo apabullante e instantáneas y close ups de sus cuchillos y pistolas) parece el juego de un niño maniaco y ocioso que en sus fantasías se ve a sí mismo crucificado por luchar contra los privilegiados. Cho recuerda la falsa y artificiosa complejidad de los héroes y villanos de las caricaturas del anime japonés, seres a menudo atribulados, imbuidos de las patologías de los superhéroes de los comics Marvel pero impregnados de un angustioso derrotismo.

El show
La masacre de Virginia Tech fue transformada en entretenimiento grotesco, en material para ser explotado durante incontables horas de seudoinformación mediática y regodeo sadomasoquista televisivo. Aún cuando no había nada que comunicar los medios seguían repitiendo imágenes y desfilando a expertos en toda clase de disciplinas para especular al aire acerca de la información que desconocían. Incluso medios conservadores como el propio New York Times puso en su webpage mapas y el recorrido virtual de la matanza. Estos documentos tienen un relativo valor informativo pero más que nada evocan la estética vistosa de los juego de video. De manera en que este diario entró en la competencia por el público al tornar su información en una emulación del tipo de espectáculos violentos en video como los que supuestamente inspiraron a Cho.
La apropiación de la voz narrativa
La maquinaria del infoentretenimiento se echó a andar de manera convencional, pero a las pocas horas Cho, desde la tumba, se apropió del show. Le arrebató a los medios la narrativa, secuestró la atención del público y se insertó como una construcción mediática en la Zeitgeist, dictando como quería ser recordado. Esto no es poca cosa ya que al seducir a los medios, específicamente a la cadena NBC con un jugoso paquete de imágenes, que no se atrevieron a rechazar (y enviar a la policía en lugar de trasmitir al aire), Cho logró inyectar su voz en el recuento informativo de manera mucho más poderosa que cualquier otro asesino psicópata de la historia reciente. Tenemos que reconocer que acertó. Bien pudo subir su material a internet, en YouTube, MySpace o cualquier página pero optó por la televisión. Y aunque en ese medio los comentaristas condenaron ampliamente sus acciones, para quienes ven a los “viejos medios masivos” como el enemigo, el mensaje crítico y moralista de la tele carece de sentido y significado. Cho, al lado de sus héroes, Eric Harris y Dylan Klebold, los asesinos de la escuela Columbine (20 abril de 1999), pasará a ser una mórbida figura de culto, otro fenómeno al estilo de Charles Manson, John Wayne Gacy o Jeffrey Dahmer, otro genocida, antihéroe de la cultura necrófila mediatizada que logró extender sus proverbiales 15 minutos de fama al ser adoptado por la cultura popular. No hay duda que Cho será canonizado por los suicidas vengativos del futuro y por los humillados que sueñan con cumplir sus fantasías de venganza matando a los estudiantes populares, a los maestros severos, a los deportistas engreídos y a todos sus demás enemigos.

Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://naiefyehya.blogsome.com/2007/06/16/el-sow-de-cho/trackback/

No comments yet.

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>























Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Minz Meyer