Homo Cyborg-Naief Yehya

November 15, 2006

Festival de la palabra 2006

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Impresiones, comentarios y sumario de mi participación en el Festival de la Palabra 2006

Originalmente fui invitado a participar en el festival de la Palabra ofreciendo un seminario en el que hablara de la relación entre internet y la lectura y de cómo invitar a los jóvenes a los libros a través de la tecnología. Mi curso era una introducción a la tecnocultura, a los vínculos e importancia de las tecnologías con la manera en que nos relacionamos, descubrimos y apropiamos de las obras humanas. La propuesta en este caso era interesante y diferente a todo lo que había hecho antes, ya que el programa estaría dividido en dos partes, una para maestros y otra para alumnos. Era necesario recurrir a nuevas formas para abordar el problema.
La parte dirigida a los maestros estuvo conformada por cinco partes de una hora en las que el objetivo era que los profesores dejaran atrás su desconfianza, rechazo o desprecio de los medios tecnológicos para analizar las posibilidades que estos medios pueden ofrecer. Inicialmente las reacciones eran de sospecha e incluso frustración. Sin embargo partiendo de una evaluación de los recursos que ofrece internet a los lectores, escritores y maestros, los asistentes fueron aceptando las posibilidades de la red de redes. Una vez tratado el medio electrónico más aceptable, como es la red, pasé a evaluar a los otros medios. Así, analicé los usos de los foros de chat, de los mensajes instantáneos y otros sistemas de comunicación escrita que se han vuelto epidémicos. Posteriormente presenté el caso de los juegos de video y sus posibilidades narrativas. Hablamos del cine y del medio más devaluado y omnipresente de todos, la televisión.
Mi propuesta se basa en la idea de que es inútil negar la existencia de los medios electrónicos y es mejor apropiárnoslos como parte de la educación que luchar una batalla perdida de antemano por borrarlos del mapa. Entre las ideas que ofrecí fue la de utilizar los métodos de las campañas promocionales que usan una película para vender juguetes, juegos de video, ropa, programas de televisión y demás. Podemos aprovechar los intereses y obsesiones de los alumnos para introducirlos a formas culturales que normalmente no le son atractivas. Esta idea no es tan original pero requiere de una condición que a menudo no se cumple: los profesores deben conocer la cultura y los medios que fascinan a sus alumnos.
La respuesta de los maestros fue extraordinaria y entusiasta. Más maestros de los que puedo recordar me dijeron que le habían perdido el miedo a la tecnología, que estaban ansiosos por comenzar a utilizar los recursos electrónicos y que pensaban que en efecto hasta la televisión chatarra podía ser utilizada para motivar, interesar y despertar la curiosidad de los alumnos.
El enfoque que presenté a los estudiantes de secundaria era por fuerza muy diferente, no únicamente se trataba de jóvenes de menor edad que mi público habitual sino que además tan sólo contaba de una hora para hacer mi exposición. Así que rediseñé el curso para explicar la relación entre tecnología y cultura (explicando cuidadosamente ambos conceptos). Luego presenté lo que llamé: La historia de la cultura en 20 minutos. Ahí mostraba la evolución de la cultura desde la edad de piedra, partiendo de las pinturas rupestres, la Venus de Willendorf y otras representaciones simbólicas prehistóricas para llegar a la literatura. Traté de mostrar como la cultura comenzó con imágenes, se desarrolló inmensamente con la escritura y más tarde volvió a las imágenes con la aparición de tecnologías como la foto, el cine y la televisión. Pero en un extraño giro la cultura de las palabras volvió con la llegada de internet y las comunicaciones digitales. Después propuse que al escribir mensajes de texto o chatear en realidad estaban creando literatura con un nuevo lenguaje altamente codificado en la que ellos eran a la vez personajes y narradores que participaban escribiendo una gran novela colectiva. Expliqué algunas de las virtudes de los juegos de video y la riqueza narrativa de ciertos programas televisivos como Los Simpsons. Así mismo traté de analizar la estructura y funcionamiento de emisiones televisivas que usualmente descontamos como desechables. Quizás soy optimista pero considero que al dar a los jóvenes este tipo de herramientas para desnudar el entretenimiento que consumen les da un enorme poder sobre los productos y puede ayudarlos a neutralizar su poder enajenante, además de que los acerca a la cultura de los libros. En mi curso dejaba varias tareas a los alumnos para hacer con sus maestros. La primera era que cada uno creara su propio blog, un diario en internet gratuito que podría motivarlos a escribir y a expresarse en un medio que resulta fascinante por ser novedoso, flexible y rico en posibilidades. La segunda era retomar la tradición de los Pen pals o de las amistades por correo pero a través del correo electrónico. Hay numerosos servicios que permiten a estudiantes escribir a otros jóvenes en diferentes países del mundo. La tercera era utilizar la Wikipedia para tratar de entender como el conocimiento es divulgado y cuestionado en un medio como internet. Finalmente, durante el seminario ponía a los estudiantes a escribir un mini texto en el formato de los mensajes instantáneos que se comunican por teléfonos celulares, así los estudiantes tenían que escribir un pensamiento, un breve poema, un chiste o cualquier ideas con la intención de mostrar que una herramienta de comunicación de uso cotidiano no era totalmente ajena de la cultura de los libros.
La experiencia fue fabulosa y en todos los diferentes grupos con los que tuve el privilegio de trabajar encontré un gran interés. Los alumnos respondieron maravillosamente, cooperaron y creo que se divirtieron participando. El Festival de la Palabra me ha dejado muy satisfecho y motivado para seguir buscando nuevas y mejores maneras para usar a la tecnología como herramienta para difundir la cultura.






















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