Homo Cyborg-Naief Yehya

November 29, 2005

Dividir y vencer en la era de las guerras virtuales

Filed under: General

Los verdaderos culpables de la atomización de los Balcanes

Naief Yehya

Este es un viejo texto publicado en la revista mexicana Complot

Jean Baudrillard enfureció a la mitad de los intelectuales del mundo cuando hace más de un década argumentó que la guerra del Golfo no había tenido lugar, en un libro de 1991 que llevaba precisamente ese título. Hoy no cabe la menor duda de que ese conflicto más que una guerra fue un devastador simulacro bélico destinado a mandar un mensaje al mundo acerca del “nuevo orden” que los Estados Unidos estaban dispuestos a imponer tras el colapso de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría. No obstante, en Iraq las consecuencias del bombardeo fueron reales y catastróficas y sus estragos siguen causando serios problemas a una década de la confrontación.
Simulacro o no, esta fue una guerra mundial a pequeña escala en la que se utilizó una cantidad de armamento y material digno de un conflicto de gran envergadura. No obstante fue una guerra en la que dejó de cumplirse aquella máxima de que “quien controla el territorio lo posee”. El siguiente “pequeño gran conflicto” de la era del nuevo orden fue la ofensiva desatada por la OTAN, en particular por los Estados Unidos, en contra de Yugoslavia con la misión de proteger a los kosovares de una limpieza étnica supuestamente emprendida por el gobierno serbio. Si la guerra del Golfo fue un simulacro, la de Kosovo fue la primera guerra virtual, un conflicto para el cual fue prácticamente irrelevante el desplazamiento de tropas y que se desarrolló tan sólo en la forma de un intenso, indiscriminado y brutal bombardeo desde grandes alturas. Este fue un conflicto en el que las armas inteligentes y los bombardeos quirúrgicos, los cuales fueron experimentados contra Iraq, fueron usados ampliamente. La paradoja fue que las armas inteligentes dieron lugar a desastrosos errores como la destrucción de trenes de pasajeros, caravanas de refugiados o bien de la embajada china en Belgrado.
La guerra de Kosovo fue una gigantesca derrota para el régimen serbio de Slobodan Milosevic, el líder excomunista que se tornó nacionalista tras el colapso del bloque soviético. Milosevic ha sido pintado por la prensa occidental como un dictador comparable con Stalin, Hitler y Saddam Hussein. No obstante, la realidad es que su régimen tenía muy poco en común con los de aquellos tiranos. Hoy Milosevic está preso, acusado de crímenes contra la humanidad, genocidio, nepotismo y estafas multimillonarias entre otras cosas. Sin duda es culpable de algunos de esos crímenes, no obstante independientemente de su culpabilidad es claro que su juicio será político y que será utilizado por el nuevo régimen como un peón sacrificable a cambio de un jugoso paquete de ayuda en dólares. Sin embargo Milosevic no es el culpable de la existencia de tensiones étnicas y culturales entre croatas, bosnios, macedonios, albanos y serbios, y si bien explotó esos sentimientos con el fin de preservarse en el poder, sería un error argumentar que las guerras que desgarraron a los Balcanes a partir de la década de los 90 fueron obra suya. Milosevic más bien ocupó brillantemente el papel del villano de la historia y sirvió como el chivo expiatorio de aquellos que tenían en mente una reordenación geopolítica total del este europeo.
Independientemente de la retórica inflamatoria que Milosevic empleó en varias ocasiones para asegurar al pueblo serbio que nunca más sería víctimas de nadie, el presidente de la federación yugoslava se enfrentó a los dictados e imposiciones del Fondo Monetario Internacional y se distinguió de otros líderes que de la noche a la mañana se convirtieron al neoliberalismo y de paso hipotecaron sus raquíticas economías a los designios del Banco mundial. Así mismo se enfrentó a líderes nacionalistas como Vuk Draskovic, uno de los políticos consentidos de los Estados Unidos, quien se oponía a la supervivencia del estado yugoslavo. Mientras Milosevic era acosado el presidente de Croacia, Franjo Tudjman era considerado un aliado de los Estados Unidos, a pesar de que revivió la bandera fascista de Croacia, la moneda, los uniformes del ejército (incluyendo el saludo con el brazo extendido)y reimpuso los nombres de las calles que rendían tributo a los viejos jefes de la Ustashi fascista. Además, en su constitución Croacia se definía como el estado de la étnia croata. En cambio Serbia siempre se definió como un estado multiracial, multicultural y multiétnico.
Es cierto que las guerras en que Milosevic se embarcó o fue embarcado fueron un desastre, y el régimen de Belgrado fue derrotado en cada una de ellas. No obstante es pertinente hacer una revisión de las causas de los conflictos que durante la década de los 90 desintegraron a Yugoslavia. La inestabilidad en la región comenzó cuando en febrero de 1990 el Secretario de estado Lawrence Eagleburger aseguró a los eslovenos que su país aceptaría su independencia si se hacía “pacífica y democráticamente”. En octubre de 1990, el Congreso estadounidense aprobó una enmienda a la ley de Operaciones de apropiación extranjera (Foreign Operations Appropiations) con la cual prohibían todo préstamo o crédito estadounidense a Yugoslavia a menos de que estuviera dirigido a una república que hubiera tenido elecciones democráticas y libres. De esa manera, aunque los Estados Unidos no hicieron como Alemania, que reconoció inmediatamente a Eslovenia y a Croacia, en realidad firmaron el certificado de defunción de Yugoslavia, una federación integrada durante casi todo el siglo XX por seis naciones. Esta estrategia es lo que el académico y experto en los Balcanes, Raju Thomas, definió como “un nuevo método de agresión: el reconocimiento diplomático”.
Mientras los Estados Unidos aseguraban al mundo que tan sólo querían preservar la unidad de Yugoslavia su embajador en ese país Warren Zimmerman, declaró al diario croata Danas (12 de enero de 1992): “Estamos buscando la disolución pacífica de Yugoslavia en estados independientes”. Al fomentar la fragmentación de un estado los Estados Unidos estaba llevando a cabo una estrategia de convertir a los Balcanes en una serie de pequeños y débiles protectorados vigilados de cerca por la OTAN y cuyas políticas internas y externas estarían modeladas por los Estados Unidos.
Por una parte los Estados Unidos anunciaban que no aceptarían declaraciones de independencia unilaterales, pero por otra amenazaban al régimen de Belgrado que de responder militarmente los Estados Unidos intervendrían. En la misma entrevista con Zimmerman mencionada antes, el embajador se refiere al ejército yugoslavo como un “ejército enemigo” o una “fuerza invasora”, a pesar de que se encontraba en su legítimo derecho de estar en el territorio nacional. Por otra parte ha salido a la luz (en un artículo del Observer londinense, entre otros medios) que algunas naciones de la OTAN vendieron armas a los eslovenos violando su supuesta neutralidad.
En marzo de 1992 tras los primeros choques sangrientos entre croatas y serbios, los líderes de los bosnios serbios, croatas y musulmanes se reunieron en Lisboa para hacer una partición del territorio. A su regreso a Sarajevo tras la firma del tratado, el líder de los musulmanes Alija Izetbegovic se reunió con el embajador Zimmerman que la administración del presidente Bush prefería una sola Bosnia y lo “persuadió” de retractarse, con lo que dio inicio la guerra de Bosnia. Estados Unidos presionó entonces a sus aliados europeos para que reconocieran al nuevo estado Bosnio y este reconocimiento vino a incendiar viejas pasiones nacionalistas, temores y odios ancestrales. Una vez comenzada la guerra los Estados Unidos hicieron lo posible por sabotear cualquier acuerdo de paz que no se apegara a sus intereses, como los tratados Vance-Owens y más tarde el Stoltenberg. Finalmente la guerra concluyó con los acuerdos de Daytona, los cuales convirtieron a Bosnia en una colonia militarizada, ocupada por las tropas de la OTAN y regida por un gobierno fragmentado. Esto era lo que anunciaba Zimmerman cuando en la entrevista a Danas declaró: “La mayoría de las tareas que llevo a cabo en Belgrado y Yugoslavia se reducen a estrechar relaciones con repúblicas, lo que mi gobierno considera extremadamente útil”.
En 1999 la OTAN fue al rescate de los kosovares pero nunca se planteó (públicamente) que Kosovo dejaría de ser parte de Serbia. Lamentablemente para Occidente la guerrilla kosovar no deseaba únicamente ejercer su derecho de legítima defensa en contra de un régimen racista y genocida (como fue presentado el serbio en una campaña propagandística salvaje orquestada por el Pentágono), sino que aspiraba a la independencia y eventualmente a la creación de una gran Albania, la cual incluiría partes de Serbia y Macedonia. Lo malo es que en el proceso los “freedom fighters” albanos estában dispuestos a llevar a cabo una campaña de limpieza étnica, precisamente el crimen que le costó a Serbia ser bombardeada. Es de esperar que en Kosovo y en Macedonia ocurra como en Bosnia y que a pesar de las repetidas afirmaciones estadounidenses de preservar la integridad territorial de Yugoslavia eventualmente se acepte la independencia de estos nuevos microestados. De hecho ya el presidente de lo que resta de la federación yugoslava, Vojislav Kostunica, ha declarado que la independencia de Montenegro, aunque lamentable, es inevitable.
Tras numerosos atentados sangrientos en contra de los pocos serbios restantes en Kosovo, finalmente la OTAN aceptó que los guerrilleros habían estado aprovechando su protección para reclutar hombres, entrenarlos, contrabandear armas, gente y drogas. La ironía es que la OTAN permitió al ejército serbio volver a la zona de seguridad cuya creación Milosevic tuvo que aceptar al término de la guerra. Más notable aún, entre los generales que comandan a las tropas serbias en su retorno a la denominada zona de seguridad, están Vladimir Lazarevic y Nebojsa Pavkovic, quienes estuvieron a cargo de los ataques en contra de la población civil kosovar que dieron motivo a la guerra.
El revés que finalmente derrumbó al régimen de Milosevic fue la guerra de Kosovo. Este conflicto dio lugar a una nueva lógica intervencionista para la cual la soberanía nacional de los países débiles ha dejado de ser respetada. Esta acción bélica emprendida con el pretexto de una causa humanitaria en realidad va a provocar una desestabilización del orden mundial y, más importante aún, ha desatado una renovada carrera armamentista, ya que como apunta Paulo Virilio, esta guerra no dio un ímpetu fresco al complejo militar industrial sino al complejo científico militar que se encarga de desarrollar el armamento. Señales visibles del cambio en la estrategia política de las potencias es el acuerdo silencioso por el que los rusos permitieron a la OTAN bombardear Yugoslavia a cambio de quedarse callados al respecto del genocidio que ellos estaban levando a cabo en Chechenia. Tristemente en una era en que las guerras son virtuales es de esperar que los estados, las alianzas y los tratados lo sean también.






















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