Homo Cyborg-Naief Yehya

November 16, 2005

Armas químicas y la masacre de Halabja

Filed under: General

Indignación de efecto retardado


Halabja

Uno de los argumentos que fueron más invocados para inyectar legitimidad a la II Guerra del Golfo y para tratar de convencer sobre la inminente necesidad de una campaña en contra de Irak, fue el muy repetido eslogan de que el presidente iraquí Saddam Hussein “había empleado armas biológicas y químicas en contra de su propio pueblo” y que por lo tanto era capaz de volverlo a hacer. Durante décadas esta afirmación ha sido presentada como la una de las principales evidencias de la naturaleza excepcional de la tiranía de Hussein. Y es una de las razones por la que se le compara con Hitler y Stalin (especialmente con éste último a quien supuestamente admira e imita). Se han publicado numerosos recuentos, testimonios y evidencias de este crimen. Entre los más conocidos está el libro Cruelty and Silence, de Kanan Makiya, donde se ofrecen recuentos y testimonios del presunto uso de armas químicas por el régimen de Saddam en contra de la población kurda del norte del país, con la intención expresa de exterminio.
Sorprende por supuesto que la indignación de los medios y el gobierno estadounidense haya surgido con tal virulencia más de una década después de que ocurrieran las atrocidades, mientras que en su momento optaron por emitir tibias condenas, por ignorar los llamados de organizaciones humanitarias e incluso por justificar al régimen de Hussein para seguirle vendiendo armas y ofreciendo ayuda militar.
El 5 de marzo de 1984 se dio la noticia en el Washington Post, entre otros medios, que Irak había empleado armas químicas en contra de las tropas iraníes. El gobierno de Ronald Reagan, quien apoyaba a Irak en ese conflicto, había autorizado el año anterior la venta al régimen de Hussein de helicópteros y equipo que podía ser usado para lanzar armas químicas. La condena, leída por John Hughes, el portavoz del Pentágono, se limitó a: “Los Estados Unidos condenan fuertemente el uso prohibido de armas químicas en donde quiera que esto suceda”. Un año más tarde Irak volvió a emplear por lo menos en cinco ocasiones armas químicas contra Irán, a pesar de que había prometido dejarlas de usar (Washington Post, “Iraq Is Waging Chemical War,” 4/1/85). A pesar de esto el gobierno de Reagan le vendió en otoño de ese año 45 helicópteros Bell de “uso dual”. Tres años más tarde, en marzo de 1988, Hussein volvió a usar su arsenal químico, pero esta vez en contra de los kurdos de su país. En septiembre de ese año el Congreso estadounidense aprobó la imposición de sanciones en contra de Irak, que en esencia prohibían venderle armas, cesaban los créditos y las importaciones de petróleo de ese país. Las administraciones de Reagan y posteriormente de Bush padre se opusieron a esta resolución, argumentando que dichas sanciones harían daño a su propia economía y a la relación con un útil aliado. (ver www.FAIR.com , “The Washington Post’s Gas Attack. Today’s outrage was yesterday’s no big deal”, de Seth Ackerman)
El problema kurdo
Históricamente la población kurda ha sido objeto de incontables despojos, ataques, traiciones e humillaciones por parte de sus vecinos así como de las potencias coloniales europeas. Existen viejos odios y rivalidades entre los kurdos y sus vecinos árabes, turcos y persas. Cuando a principio de siglo el gobierno británico dibujó las fronteras de la región, le arrebató a los kurdos el privilegio de tener su propio estado nacional, por no considerarlos dignos de tal privilegio. De tal manera los kurdos pasaron a ser ciudadanos de segunda clase y a veces ni siquiera eso tanto en Turquía como en Irak, Irán y Siria. Las agresiones de que ha sido objeto este pueblo van desde la marginación social, la discriminación, los desplazamientos y deportaciones, hasta la sistemática destrucción de su cultura (como la prohibición de hablar su idioma, usar nombres kurdos o practicar sus tradiciones), la “arabización” y los intentos de genocidios, entre los que se cuenta la operación al Anfal, una presunta campaña sistemática de depuración étnica del gobierno de Hussein.
Entre los ataques con armas de destrucción masiva contra los kurdos destaca la masacre de Halabja, la cual tuvo lugar el 16 marzo de 1988. Según la versión más difundida por los medios, la población kurda de cerca de 50,000 habitantes fue atacada con un gas venenoso hacia el final de la guerra entre Irán e Irak (80-88). Entre 3,200 y 7000 civiles, incluyendo mujeres, niños y ancianos perdieron la vida. De acuerdo con varias versiones Hussein quería vengarse de los kurdos por haber apoyado a los iraníes. Halabja ha sido usada como justificación para la invasión estadounidense y británica.
No obstante, la versión de la marina estadounidense y de los servicios de inteligencia de ese país difieren de esta afirmación. Stephen C. Pelletiere, el analista político en jefe de la CIA para Irak y profesor del Instituto de estudios estratégicos del Colegio de guerra de la Marina, de 1988 a 2000, el teniente coronel Douglas Johnson II y Leif Rosenberger escribieron el libro, “Iraqi Power and US Security in the Middle East”, un reporte oficial, en el que se analizaban las capacidades del ejército Iraquí y sus tácticas en la guerra contra Irán. En este reporte se establece que gases a base de cianuro (blood agents o agentes sanguíneos) fueron responsables de la matanza de kurdos en Halabja. Pelletiere y Johnson escribieron otros documentos al respecto del uso de armas químicas por Irak, entre los que destaca el reporte Lessons Learned: The Iran-Iraq War, Vol I, del 10 de diciembre de 1990(http://www.fas.org/man/dod-101/ops/war/docs/3203/), el cual es más amplio en su análisis del uso de las armas químicas usadas por Irak.
El 15 de marzo de 1988 la Unión Patriótica del Kurdistán, PUK tomó Halabja. Supuestamente esta ciudad era en su gran mayoría proiraní y el PUK era asesorado por miembros de la Guardia revolucionaria iraní. Posiblemente Irak lanzó un ataque contra el PUK y las tropas iraníes y los civiles fueron “daño colateral”, así mismo hay quienes han especulado que dado a que la ciudad acababa de caer, quizás el ejercito iraní bombardeo a sus fuerzas y aliados por error, pensando que la ciudad aún estaba bajo control iraquí. Aunque parece poco probable que los iraníes bombardearan equivocadamente a los suyos por tres días.
De acuerdo con varias versiones el ataque, comenzó al anochecer del 16 de marzo, cuando 8 aviones lanzaron bombas químicas, durante la noche hubo 14 incursiones aéreas, con 7 u 8 aviones cada una. El bombardeo intermitente duró hasta el 18 o la mañana del 19 de marzo. Makiya, quien niega que los iraníes hayan sido responsables, cita el testimonio de Abdalah Abdel-Qadir al Askari, un ingeniero químico que supuestamente perdió a 15 miembros de su familia pero sobrevivió a un ataque con armas químicas, el 3 de mayo de 1988 en su pueblo natal, Guptapa. Abdalah afirma que el ataque fue realizado con una combinación de gases que incluían cianuro, “…debido a que las columnas de humo que subían lentamente sobre el pueblo contenían una cierta tonalidad de café relacionada exclusivamente con ese veneno”.
Pelletiere y Johnson basan mayormente su diagnóstico en fotografías de las víctimas, las cuales muestran una decoloración azul alrededor de la boca y en las extremidades, lo cual es una indicación de la presencia de un compuesto de cianuro. Pelletiere escribió que después de la batalla de Halabja la agencia de inteligencia del Departamento de la defensa elaboró un reporte clasificado que afirmaba que los dos ejércitos usaron gases tóxicos. Pero dada la condición de los cadáveres se podía concluir que habían sido víctimas de gases con base de cianuro como los que usaba Irán. En ese tiempo, Irak usaba principalmente gas mostaza y se cree que no tenía o no usaba agentes de cianuro. No obstante, la doctora especialista en genética, Christine Gosden, de la universidad de Liverpool visitó Halabja 10 años después del ataque y concluyó que los químicos usados eran un cóctel de gas mostaza (que afecta la piel, membranas, ojos, vías respiratorias y garganta) y agentes tóxicos como sarín, tabún y VX.
Pelletiere y Johnson escriben: “…dado que los iraquíes no tienen antecedentes de uso de este tipo de agentes y los iraníes sí, pensamos que los culpables de esta matanza fueron los iraníes. Además hay que señalar que cantidades letales de cloruro de cianuro son difíciles de obtener en un área blanco, por lo que los reportes de 5000 muertos kurdos en Halabja son sospechosos. No encontramos evidencia de que los iraquíes haya empleado gases sanguíneos, cloruro de cianuro o hidróxido de cianuro” (Lessons… Pág. 100). Pero de acuerdo con la doctora Gosden, el ataque no tuvo que ser con cianuro para que los cadáveres tuvieran la decoloración alrededor de la boca características de esa sustancia. El tabún (que sí ha sido usado por Irak) tiene un residuo de cianuro que puede producir esa misma decoloración.
La posición oficial de la Marina no ha sido desacreditada ni contradicha y el reporte de Pelletiere y Johnson ha sido citado de manera parcial en los medios. Cuando el régimen de Irak era aún considerado como aliado, el 3 de mayo de 1990, Patrick Taylor publicó en The Washington Post, que un estudio del Pentágono había revelado que la masacre de Halabja había sido el resultado de fuego cruzado. De tal manera se asignaba parcialmente la culpa a Hussein, ya que según Taylor, Irak había aparentemente usado armas químicas para tratar de aniquilar a las tropas iraníes que habían tomado ese pueblo en la región norte del país. El 19 de enero de 1991, cuando Irak ya era el enemigo, Knut Royce publicó en Newsday un reportaje en el que mencionaba los resultados del reporte del War College y señalaba que no podía probarse que los kurdos hubieran sido víctimas de armas químicas iraquíes.
Glen Rangwala, un politólogo de Cambridge, escribió una interesante crítica al reporte de Pelletiere, que publicó inicialmente en el foro de debate Campaign Against Sanctions on Iraq, http://www.casi.org.uk/discuss/2002/msg00034.html. Rangwala cuestiona las credenciales de los autores (ya que no son especialistas en armas químicas), el hecho que dediquen pocas líneas a Halabja, sus métodos (el no haber realizado un estudio de campo) y principalmente sus intenciones. De acuerdo con este académico, Pelletiere y sus colegas buscaban justificar al régimen iraquí ante ciertos círculos en el poder y el público estadounidense. Por su parte, el controvertido periodista y colaborador de Vanity Fair, Christopher Hitchens, aseguro en un artículo en Salon (2 de marzo de 1998) que en su visita a Halabja, al término de la Guerra del Golfo, se tomó una foto posando cerca de una bomba química sin detonar con inscripciones del ejército iraquí que se había incrustado en el sótano de una casa destruida y que había escapado a una brigada enviada por el ejército de Saddam tras el ataque para recoger todos los casquillos y proyectiles sin explotar, para eliminar cualquier evidencia. El 31 de enero del 2003, en plena euforia belicista, el New York Times publicó en su página de Op-Ed, A War Crime or an Act of War? un artículo de Stephen C. Pelletiere en el que defendía su reporte, negaba que este estuviera impregnado de cualquier favoritismo y cuestionaba los motivos y la urgencia de Irán por tomar ese pueblo, que aparentemente no tenía gran valor estratégico. Sin embargo, es claro que Irán quería tomar la presa de Darbandikhan, ya que el agua en el medio oriente es casi tan valiosa como el petróleo.
Nadie disputa el hecho de que Hussein ha producido y usado armas químicas, e incluso probablemente bacteriológicas desde 1982, no obstante la acusación que se ha repetido como uno de los principales argumentos para justificar la invasión, de que las usó para atacar deliberadamente a “su pueblo” es falsa, ya que Hussein no es más no es kurdo que argentino y sin duda los kurdos se sentirían insultados con la mera insinuación de que Hussein es uno de los suyos. Resulta difícil concluir quien gaseó a los kurdos de Halabja, pero lo que es innegable es que este no puede ser el argumento para declarar una guerra y más cuando en su momento esta atrocidad fue convenientemente ignorada y tan sólo fue rescatada del olvido para ser usada para servir a los objetivos ideológicos del grupo Bush. Nadie disputa que ambos lados en la guerra entre Irán e Irak usaron gases suministrados por los Estados Unidos e Israel, en su estrategia para desangrarlos a ambos, con un altísimo precio en vidas y en destrucción material.
He rescatado este artículo a raíz de la confesión por parte del ejército estadounidense del uso de fósforo en contra las fuerzas insurgentes, con lo que se confirma la información presentada por el ya muy comentado documental de la televisión italiana, RAI.






















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