Homo Cyborg-Naief Yehya

April 7, 2005

Los aviones, la civilización y los inconformes

Filed under: General

I.
A las 9:03 AM del 11 de septiembre del 2001 el vuelo 175 de American Airlines se estrelló contra la torre sur del World Trade Center, en ese momento quedó claro que el mundo había cambiado para siempre. Hasta entonces podíamos seguir creyendo que el vuelo 11, también de American Airlines, se había impactado contra la torre norte a las 8:46 a causa de un terrible accidente. Ese día cuatro aviones de pasajeros fueron secuestrados con la intención de ser usados como misiles en contra de símbolos del poder económico y político de la única superpotencia mundial. Cerca de 3000 personas se transformaron en “daño colateral” de un castigo colectivo que llevó un atisbo del infierno de la guerra al corazón financiero planetario y al centro nervioso militar estadounidense. No hay duda que durante las próximas décadas seguiremos debatiendo en torno a los verdaderos motivos y los intereses oscuros de los autores materiales e intelectuales de este acto. Pero en todo caso para el complejo militar industrial estadounidense ese día comenzó la IV Guerra Mundial, ya que para la CIA la III fue la Guerra fría.
Por supuesto que los acontecimientos del 11 de septiembre no fueron los primeros actos de violencia en que aviones de línea fueron destruidos con todo y sus pasajeros por motivos políticos, pero nunca antes el avión había sido tan sólo un medio y no un fin en sí mismo. Nunca había tenido lugar un ataque de esta magnitud en territorio estadounidense y jamás se había puesto en evidencia la vulnerabilidad aérea de los Estados Unidos. Esto por supuesto es irónico ya que si un elemento ha determinado la absoluta supremacía de esta potencia sobre el resto del mundo es su poder aéreo, su total dominio de los cielos y su capacidad de verlo todo de día y de noche gracias a esa “visión global” que adquirió poco después de la II Guerra Mundial. Hoy, por lo menos en teoría, nada puede pasar desapercibido a la red de satélites, aviones espías y demás ojos celestiales al servicio de la maquinaria militar estadounidense. Así mismo, como señala Elaine Scarry , durante la Guerra Fría surgió el culto de la velocidad de las armas defensivas y ofensivas. La mitología nacional pregonaba que la seguridad de la nación era garantizada por misiles y aviones supersónicos que podían atravesar continentes en materia de minutos para asestar golpes mortales a cualquier enemigo y para fulminar a cualquier intruso. Cuando realmente fue necesario proteger a la población de un ataque aéreo, la velocidad no jugó papel alguno.
II.
El 21 de noviembre de 1782 fue lanzado el primer globo de aire caliente tripulado. Los intrépidos aeronautas Pilantre de Rozier (quien eventualmente sería la primera víctima de una accidente aeronáutico) y el marqués d’ Arlandes (un oficial de infantería), abrieron el camino al descubrimiento de panoramas que cambiaron radicalmente la perspectiva del paisajismo y del culto de la inmensidad en la pintura, en donde la escala era un factor fundamental para la ilusión de inmersión, como apunta Anne Friedberg . Y así como la visión desde las alturas afectó la representación artística de la realidad también influenció nuestra visión del mundo. Súbitamente se tornaron posibles sueños de grandeza y delirios de poder que involucraban el dominio del espacio. El hombre de pronto podía ser un gigante fantástico al embarcarse en un artefacto volador y desde el cielo podía asestar golpes mortales a sus enemigos. Una vez que el hombre ascendió con ayuda de la tecnología, era tan sólo cuestión de tiempo para que inventara un remedo de rayo mortal capaz de liquidar o crear pánico entre sus congéneres anclados irremediablemente en la superficie de la tierra. Es ingenuo tratar de ignorar que algo en nuestra herencia genética atraviesa el tiempo, el espacio, la culturas y las clases sociales para hacer que los niños jueguen a la guerra. Y que, de igual manera en que su imaginación transforma un palo en espada, fusil o ametralladora, el simple acto de orinar puede volverse una temible campaña bombardera contra un enemigo diminuto. Difícilmente podríamos justificar estas tendencias como patrones evolutivos.
No sorprende que desde principios del siglo XIX el globo aerostático pasó a integrarse al arsenal militar, inicialmente en calidad de puesto privilegiado de observación y reconocimiento aéreo, con innumerables ventajas sobre las torres de vigilancia. Más tarde habrían de usarse para transportar personal, información, correo y material. En 1849 los austriacos lanzaron 200 globos sin piloto cargados de bombas que eran liberadas con una espoleta de tiempo sobre las tropas que defendían Venecia, en lo que sería el primer bombardeo aéreo en combate. Aunque este práctica quedó prohibida por la Conferencia de Paz de la Haya de 1899, los sueños de fulminar al enemigo desde el aire no fueron inhibidos. Por el contrario, no tardarían en aparecer quienes defenderían la “humanidad” de las campañas de bombardeos aéreos sobre poblaciones civiles ya que según ellos estas forzarían resultados y victorias rápidas, por lo tanto reducirían el número total de muertes. Bombardear no sólo era sinónimo de progreso sino de civilización.
El primero de noviembre de 1911 el teniente Guilio Cavotti lanzó una granada de mano danesa Haasen, de unos dos kilogramos, desde su monoplano mientras volaba sobre el oasis Tagiura en las afueras de Trípoli, como señala Sven Lindquist . Más tarde tiró otras tres concluyendo exitosamente la primera campaña de un avión bombardero de la historia. Ese episodio ponía en marcha uno de los capítulos más sórdidos de la aventura colonial de las potencias europeas. El aeroplano era la manifestación más impactante de la “autoridad natural” del hombre blanco sobre los pueblos dominados en Asia y África, y una herramienta fundamental de la política de “civilizar” a sangre y fuego. El avión, más que un vehículo y más que una arma, era ideología pura de dominio, tecnología usada al servicio del racismo. De ahí que una de las mayores fantasías de los pueblos colonizados y subyugados ha sido siempre derribar aviones y helicópteros hostiles con las armas a su disposición, tanto en Afganistán (donde cuenta la leyenda que en un sólo día los mujaeidines tiraron 60 MIGs soviéticos) y el Congo como en Siria y Centro América.
El bombardeo no sólo es efectivo por la destrucción que provoca, sino por su efecto sicológico, al crear un estado de terror e inseguridad y al demoler la moral del enemigo; pero además cumple automáticamente con una de las premisas fundamentales de la guerra: la deshumanización del enemigo. Pero más importante aún es que elimina toda reserva moral para cometer masacres, ya que desde el aire no se pueden escuchar los gritos de pánico ni el crujir de los huesos ni los aullidos de dolor de las víctimas.
Y la supremacía tecnológica seguiría manifestándose en forma de nuevas e ingeniosas bombas capaces de causar destrucción y muerte sin precedentes, así fueron creadas bombas cada vez más grandes, bombas de combustible que incineran el oxígeno en cientos de metros cuadrados, bombas de fósforo como las que vaporizaron en Dresde a unas 200,000 personas (antes de esta lluvia de fuego, los bombarderos británicos y estadounidenses se encargaron de destruir todos los techos que pudieron con explosivos tradicionales), bombas de racimo que prolongan la destrucción por meses o años, la madre de todas las bombas o MOAB, bombas tan inteligentes como su programación lo permita (que dependen de software de bien conocida falibilidad), bombas de uranio empobrecido que penetran casi cualquier material y dispersan polvo radioactivo para los próximos 20 siglos y, obviamente, bombas atómicas y bombas de hidrógeno.
Además la muerte que cae del cielo no tiene que tener siempre la forma de una bomba, especialmente si lo que se quiere hacer es rociar a la gente con sustancias toxicas. Así, tenemos la familia de las armas químicas que debe incluir al NAPALM y otras gelatinas inflamables, así como las muy temidas pero poco prácticas armas biológicas. Antes de que tiranos desechables como Saddam Hussein desarrollaran su pasión por las armas químicas, Winston Churchill se manifestó como uno de los grandes entusiastas del gas mostaza y desde su posición de Secretario Colonial declaró: “No entiendo esta repulsión por el uso del gas. Yo estoy definitivamente a favor de usar gas venenoso en contra de tribus no civilizadas”. Con esa bendición, en la década de los 20 Inglaterra decidió acabar con las insurrecciones árabes y kurdas en Irak utilizando gas. Miles de rebeldes y civiles murieron sin poder ofrecer resistencia ni tener la oportunidad de pedir clemencia. Mientras tanto, en regiones del mundo más apacibles comenzaba la era de la aviación comercial y los afortunados viajeros tenían la oportunidad de volar en aviones militares modificados. Hoy en día Boeing y Airbus, empresas vinculadas con el complejo militar industrial, tienen el monopolio de la construcción de aviones comerciales. Además, buena parte de los pilotos de las aerolíneas civiles son militares retirados. Por más que queramos estamos muy lejos de poder cortar el cordón umbilical entre la aviación comercial y sus orígenes bélicos.
III.
Tras el colapso del imperio otomano el Medio oriente quedó en manos de la brutal colonización de las potencias europeas. En 1916 los británicos y los franceses se dividieron la región en esferas de influencia con el tratado secreto Sykes-Picot, trazaron fronteras en el desierto y crearon regímenes clientes en manos de títeres despóticos que les garantizaban el acceso a petróleo barato, el control estratégico de las rutas de oriente y la represión indiscriminada de sus pueblos. Su legado fue la inestabilidad, el odio y el rencor a los que debemos buena parte de los conflictos más explosivos de nuestro tiempo. Después de la II Guerra Mundial fue creado el estado judío en Palestina, una decisión controvertida que fue un golpe devastador y una humillación para el mundo árabe. Lo que debía ser el comienzo de una era de democracia e independencia se tornó en un tiempo de despojo, desesperanza, desencantos ideológicos, corrupción y batallas perdidas ante un enemigo inmensamente superior. Eventualmente el fracaso de la diplomacia, las relaciones internacionales y las alternativas militares tradicionales engendraron la cultura de las guerrillas suicidas. La auto inmolación es un fenómeno reciente en el mundo árabe (el Corán la prohíbe) que pretende desafiar y negar el poder del opresor al mostrarle que la muerte no lo intimida, al tiempo en que expone su incompetencia para proteger a su población.
IV.
Y nos encontramos de regreso en aquel martes de otoño por la mañana cuando aparentemente 19 hombres procedentes del Medio Oriente, varios de los cuales habían tenido entrenamiento como pilotos, abordaron aviones con la convicción de morir por su causa, el islam militante. Armados de cuchillos de mesa, cutters y la certeza de que si no se tiene fuerza aérea se deben de usar los aviones del enemigo, los militantes lograron dar justificación a la extrema derecha fundamentalista en el poder de los Estados Unidos para desatar una mesiánica guerra sin fin para civilizar, bombardeando desde miles de metros de altura, a todas las tribus insumisas del planeta.

1 Comment »

The URI to TrackBack this entry is: http://naiefyehya.blogsome.com/2005/04/07/los-aviones-la-civilizacion-y-los-inconformes/trackback/

  1. testcomment610

    Comment by testanchor627 — October 16, 2005 @ 1:08 am

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>























Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Minz Meyer