Homo Cyborg-Naief Yehya

December 23, 2011

Siria ante el precipicio

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Revueltas inconclusas
Nada se ha ganado aún en las revueltas de primavera-verano-otoño árabes. Con la excepción de Túnez, un país relativamente marginado del mundo árabe, donde lentamente los cambios parecen comenzar a encauzar a esa sociedad hacia una tímida democracia aunque el incremento en salarios y empleos no se ha materializado. Tras la caída de Mubarak ahora el pueblo egipcio tiene que confrontar a un enemigo aún más peligroso: el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, líder del Concejo Supremo de las Fuerzas Armadas, quien no respetará la voluntad popular a menos de que los EUA se lo impongan. En Bahréin los manifestantes han sido aplastados y sus simpatizantes han sido amedrentados incluso el personal médico que cometió la ofensa de atender a los manifestantes heridos fue encarcelado, torturado y condenado a penas absurdas. Kadafi fue derrocado y asesinado pero en su lugar ha quedado una turba intensamente comprometida con sus colegas golpistas de la OTAN, sus aliados europeos y estadunidenses. En Yemen la gente sigue en las calles mientras el presidente Ali Abdulah Saleh sigue maniobrando con la ayuda de sus amigos sauditas en busca de la fórmula para conservar aunque sea algo de poder. Y por su parte Arabia Saudita ha podido reprimir bestialmente a su minoría chiíta sin que la prensa tuviera oportunidad siquiera de observar.

Oportunismo y miopía
Inicialmente las revueltas árabes eran malas noticias para los socios, proveedores y cómplices de los sátrapas de la región. Sin embargo, sucedió algo milagroso. De pronto también los regímenes considerados hostiles a Occidente comenzaron a tener problemas con sus muy desilusionadas y frustradas multitudes. Un dolor de cabeza para los EUA y Europa se convirtió en una oportunidad de oro para deshacerse de viejos enemigos. Así se colapsó Kadafi, a pesar de haber coqueteado con Occidente hasta perder todo pudor, y ahora parece tocarle su turno a Siria, el único estado árabe que ha mantenido una postura congruente durante las últimas cuatro décadas al respecto del conflicto palestino-israelí. Siria ha estado en la lista de villanos de la Casa Blanca desde los años sesenta y en gran medida es uno de los principales protagonistas de lo que aún puede considerarse como una posición árabe independiente. Lamentablemente el régimen de Hafiz el Assad que heredó, en uno de eso vomitivos rituales despóticos, nepotistas y autoritarios, su hijo Bashar práctica el viejo sistema de que la paz interna equivale al silencio y la sumisión del pueblo. La brutalidad policiaca, la tortura, las desapariciones y las masacres están en la lista de los recursos con que el régimen baathista de Damasco controla la disidencia. Como otros regímenes cercados por potencias extranjeras, el sirio usa la amenaza externa como justificación para mantener un férreo control en todas las expresiones populares y en cualquier activismo político de oposición (un concepto casi inexistente en un país donde el dictador tiende a reelegirse con el 99% de los votos). Como otros detestables tiranos paranoicos el gobierno sirio no permite ahora la presencia de corresponsales extranjeros, una medida miope y contraproducente ya que si bien no impide que corran noticias (miles de blogs, videos y artículos de periodistas y ciudadanos circulan por la red) ni rumores de lo que sucede en el país sí permite que los enemigos del régimen difundan cualquier cantidad de mentiras, distorsiones y auténticas incitaciones a la violencia.

Con amigos como estos…
Siria no es un país que cuente con muchos aliados y en estos momentos la mayoría de sus amigos lo han abandonado: Turquía ha pedido la renuncia del Assad y ha declarado que “Siria ya pasó el punto de no retorno”, el emir qatarí se ha aliado con sus vecinos para acosarlo, al grado en que ha convertido a la usualmente respetable Al Jazeera en un vehículo propagandístico (repitiendo rumores y noticias sin confirmar en una campaña anti siria comparable a la del fraude noticioso que se conoce como Al arabiya) para embestirlo. Las potencias Occidentales, Arabia Saudita (sin duda uno de los peores enemigos de los derechos humanos en el mundo) y sus vecinos incondicionales del Golfo Pérsico ya planean irresponsablemente lanzar en contra de Damasco una ofensiva semejante a la que usaron contra Libia, el primer paso, que es la suspensión de la liga árabe (esa pandilla de tiranos reaccionarios que jamás han defendido otro derecho que el de oprimir a sus pueblos y que permanecieron impávidos mientras los ejércitos de Egipto, Marruecos, Omán, Bahréin y Jordania mataban a sus compatriotas civiles) tuvo lugar hace varias semanas.

Estado fragmentado
Aún si los medios exageran y distorsionan las noticias que vienen de Siria, es claro que lo que está sucediendo es catastrófico. Miles de manifestantes han perdido la vida, muchos más están en las mazmorras infectas del régimen donde sus captores tienen manos libres para torturar y asesinar. Sin embargo, hay una gran división entre los sirios al respecto de lo que esperan de su gobierno. Si bien muchos están dispuestos a sacrificarlo todo en pos de una idea abstracta de la democracia y la libertad, no son pocos los pragmáticos que temen que de derrocar a Al Assad vendrá una gran inestabilidad política, social y económica, una condición extremadamente peligrosa en cualquier región del mundo pero particularmente aterradora en el Medio Oriente. Muchos temen que de tomar el poder un gobierno sunita, éste se comporte como el Concejo de Transición Libio, el cual ha desatado o permitido toda clase de represalias contra todo sospechoso de haber apoyado al régimen. Las minorías cristianas y drusas de Siria no se han unido abiertamente a la rebelión ya que durante décadas se beneficiaron de la tolerancia a la diversidad religiosa y étnica que impuso Hafiz el Assad y temen que un gobierno sunita ponga en peligro su supervivencia o bien permita su persecución.

El factor iraní
De acuerdo con Patrick Cockburn los sirios intentaron pedir apoyo a los EUA al verse aislados, pero Washington exigió a cambio que cortaran sus vínculos con su último aliado: Irán, sin ofrecer nada definitivo a cambio. En gran medida la presunta conspiración iraní del 11 de octubre para asesinar al embajador saudita en Washington (una grotesca caricatura que involucraba a operativos Zetas y a un vendedor de coches usados, trató de usarse como propaganda para lanzar una ofensiva mediática con vistas a un futuro ataque militar de EUA y/o Israel contra Irán) y la más reciente acusación, del 8 de noviembre, en contra de Irán por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica de la ONU pueden verse como parte del crescendo en contra del gobierno de Ahmadinejad y como una amenaza para que a Teherán no se le ocurra tratar de intervenir a favor de Assad.

Sunitas vs chiítas
Cockburn señala con gran tino que en buena medida las revueltas libertarias del Medio Oriente han tomado un inconfundible cariz de lucha sectaria y religiosa al confrontar a sunitas y chiítas. La lucha por la libertad de expresión, por la democracia y por la justicia está siendo transformada en una lucha de parte de los regímenes sunitas en contra de la influencia iraní en la región, la cual imaginan que se traduce en los esfuerzos por exigir reconocimiento y respeto por parte de las minorías chiítas. Paradójicamente el primer gobierno chiíta de un estado árabe desde el tiempo del califato Fatimí en el siglo XII fue nada menos que el régimen títere impuesto por los Estados Unidos en Irak. Las revueltas chiítas crearon un estado de esquizofrenia cultural religiosa que ha motivado a los sauditas a lanzar una cruzada para someter a la disidencia en el mundo árabe. Y dado que la familia Assad y su círculo en el poder son alauitas, una rama del islam muy cercana al chiísmo, eso los ha puesto, independientemente de ideologías, del lado antagónico a los sauditas en esta incipiente guerra religiosa en la que las alianzas y rivalidades parecen desafiar las normas de la geopolítica.

La tragedia
La revuelta siria comenzó como una legítima insurrección popular, como una serie de acciones valientes y masivas de desafío a un régimen corrupto y salvajemente autoritario. Hoy el liderazgo de la rebelión ha sido secuestrado por agentes y fuerzas del Concejo de Cooperación del Golfo quienes tienen todo el apoyo de los EUA, Inglaterra y Francia. La lucha de los manifestantes en contra del gobierno de Assad parecía condenada al fracaso sin embargo ahora parece muy posible que derroquen al régimen, en cambio confrontar a los intereses extranjeros que desean controlar el futuro de Siria imponiendo un gobierno servil a sus intereses, parece una lucha de muy largo aliento y enorme costo. Por su torpeza, crueldad e incapacidad de abandonar sus delirios totalitarios la familia Assad y sus cómplices han puesto a Siria en el camino de la destrucción. Resulta desesperadamente trágico contemplar como el sacrificio de los manifestantes sirios será aprovechado por un enemigo del pueblo mucho más despótico que el régimen de Assad. Los manifestantes se encuentran ahora en una encrucijada sin salida entre abandonar la lucha ahora y desperdiciar todos sus esfuerzos o seguir y entregar su triunfo a sus próximos opresores.

November 11, 2011

Tiempos de respuesta

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Tiempo atómico
En 1863 Karl Marx escribió a Frederick Engels: “El reloj es la única máquina automática aplicada a propósitos prácticos, toda la teoría de la producción de movimiento regular fue desarrollada a través de él”. Como señala James Gleick, durante la mayor parte de la historia de nuestra especie el tiempo se llevaba mirando al cielo. La referencia temporal actual se basa en una escala atómica que consiste en la medición de vibraciones del átomo de cesio. Desde 1984 dejamos de confiar en la puntualidad de los cuerpos celestes. Si el tiempo es dinero el Bureau Internacional de pesos y medidas no podía permitir el despilfarro provocado por definir un segundo en términos del período de revolución de la tierra alrededor del sol, ya que como se sabe desde hace tiempo ese no es un fenómeno suficientemente uniforme y es imposible tomarlo en serio como referencia para organizar nuestra vertiginosa y eficiente cotidianidad.

Tiempo de Guerra fría
Los procesos industriales dependen de la capacidad de llevar el tiempo con precisión y de sincronizar a la maquinaria con el hombre. La defensa militar por su parte depende de la velocidad de reacción, de la capacidad de tomar decisiones contra reloj, desplegar recursos y anticipar las acciones del enemigo en un parpadeo. Desde los orígenes de la guerra los estrategas militares sabían que el sabio empleo del tiempo era una de sus armas principales. Durante la guerra fría se cultivó obsesivamente la noción de que a la amenaza de los misiles atómicos enemigos únicamente podía responderse con una ofensiva casi instantánea. El cuento que escuchamos hasta perder el miedo al holocausto nuclear era que en el momento mismo en que alguien disparara el primer misil intercontinental se respondería con docenas de misiles dirigidos a las principales bases militares y ciudades del ofensor. Durante cincuenta años nos obsesionamos imaginando gigantescos mapamundis iluminados, como los de la excepcional parodia kubrickiana Dr. Strangelove (1964), en los que se encendían las trayectorias cruzadas de las bombas que aplanarían las urbes y convertirían al planeta en un desierto radiactivo. La respuesta masiva y desproporcionada de la Destrucción Mutua Asegurada (o MAD, por sus siglas en inglés) era nuestra única garantía de supervivencia.

Tiempo desperdiciado
Creímos en el poder redentor de ese preciso “timing” balístico, en la fulminante velocidad de respuesta del arsenal occidental hasta que se presentó la primera auténtica amenaza en contra de los Estados Unidos, muchos años después del fin de la guerra fría, el 11 de septiembre del 2001. Ese día se desplomó el mito de la velocidad supersónica de respuesta al enemigo. Podemos creer en la versión oficial de que el ataque con aviones comerciales fue inesperado (aunque ha sido ampliamente desacreditada: ese “escenario” había sido considerado en incontables análisis, simulaciones, juegos de guerra, programas militares y hasta filmes hollywoodenses) sin embargo, resulta difícil aceptar que el Pentágono no sólo no fue capaz de defender a los EUA sino que ni siquiera fue capaz de defenderse a sí mismo. Como apuntó Elaine Scarry, el país que invirtió miles de millones de dólares en sistemas de defensa no pudo contener un ataque con cuatro aviones de pasajeros a pesar de que pasaron, entre el impacto del vuelo 77 contra el muro externo del Pentágono (9:45 AM):
— y el momento en que se supo que un grupo terrorista tenía varios aviones secuestrados (8:24 AM), una hora y veintiún minutos
—y el choque del vuelo 11 contra la torre 2 del WTC en Nueva York (8:47 AM), cincuenta y ocho minutos
—y el momento en que perdió contacto de radio con la tierra (8:50 AM), cincuenta y cinco minutos
—y el momento en que pierde la señal del transpondedor (8:56 AM), cuarenta y nueve minutos.
Quizás 49 minutos era muy poco tiempo para proteger el Pentágono pero entonces podemos concluir que durante medio siglo vivimos engañados por otra faceta del mito bélico estadounidense.

Tiempo perdido
Entre el día del Nakba (el día de la catástrofe palestina), un día después de la declaración de independencia del estado israelí (14 de mayo de 1948) y la solicitud de membresía plena en la ONU para Palestina (23 de septiembre de 2011) pasaron 63 años, 4 meses y 8 días o bien 33.33 millones de minutos. La expulsión, desplazamiento y masacre que comenzó con la declaración unilateral de independencia del estado judío sigue siendo la hora cero de la mayoría de los conflictos entre Occidente y el mundo árabe. En esos minutos miles de palestinos e israelíes han perdido la vida en un espantoso conflicto territorial, hegemónico y religioso. La respuesta a la solicitud de reconocimiento internacional de Mohammed Abbas fue el anuncio del gobierno israelí de que se construirán 1100 viviendas más, exclusivas para judíos, en Jerusalén este. Hoy la solución al problema medular del Medio Oriente, el cual ha inspirado a fundamentalistas a cometer crímenes y actos dementes como los ataques del 11 de septiembre, está más lejos que nunca, y el reloj sigue corriendo.

September 10, 2011

La amenaza de Eurabia y la cruzada de un solo templario en Noruega

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Los invasores y sus aliados
Una temible conspiración amenaza Europa. Por si no fuera suficientemente trágico que las ciudades y poblados, desde el sur de Italia hasta la Carelia finlandesa, son invadidos poco a poco por hordas musulmanas desalmadas, las izquierdas, los progresistas, los liberales, los multiculturalistas y hasta los moderados en todo el viejo continente conspiran con ellos para convertir a la Europa cristiana y blanca en una Eurabia jihadista y radical. Por esto no son pocos los grupos de extrema derecha, los blogueros neonazis, las organizaciones fascistas, los militantes cristianos y las sociedades anti inmigrantes que se dedican a promover la idea de que la única respuesta a esta invasión es la violencia, no únicamente contra los musulmanes sino contra los europeos tolerantes, quienes en el mejor de los casos son estúpidos e ingenuos y en el peor son traidores de raza que merecen ser eliminados antes de que lleven a cabo un monstruoso culturicidio y un suicidio racial colectivo. Durante muchos años observadores del fenómeno han opinado que esta mentalidad pone en más riesgo a Europa que los propios jihadistas. Esta amenaza se materializó de manera aterradora el 22 de julio de 2011, cuando Anders Behring Breivik, de 32 años, asesinó a 77 personas en la isla de Utoya y en Oslo, en el doble crimen más espantoso de la posguerra en Noruega.

Terrorismos
Behring Breivik, quien se autodenomina caballero templario (un grupo de fanáticos que paradójicamente fueron acusados de herejía y destruidos), es un terrorista que cree que para establecer una teocracia cruzada se debe primero purgar al país de sus compatriotas traidores para después expulsar o exterminar a los musulmanes. Las cruzadas fueron actos brutales de terrorismo, plagadas de episodios tan sanguinarios que hacen palidecer a algunos de los grandes genocidios del siglo XX. La lista de actos abominables llevados a cabo en pos del rescate de la tierra santa es interminable pero basta evocar la masacre de musulmanes y judíos en Jerusalén durante la primera cruzada, de la que Raimundo de Aguilers, canónigo de Puy y capellán de los invasores, escribió en sus memorias:

“… En las calles y plazas de Jerusalén no se veía más que montones de cabezas, de pies y manos: y sin embargo esto no es nada comparado con lo otro… Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el antiguo templo de Salomón, que los cadáveres de los fanáticos de Mahoma nadaban en ella arrastrados a uno y otro punto. Veíanse flotar manos y brazos cortados que iban a juntarse con cuerpos que no le correspondían; en muchos lugares la sangre nos llegaba a las rodillas, y los soldados que hacían esta carnicería apenas podían respirar debido al vapor que de ella se exhalaba”.


El secretario de las colonias Winston Churchill con un grupo de
oficiales británicos en la Conferencia del Cairo de 1921 Cairo donde se
discutiría el futuro de las naciones árabes.

Culturicidios
Hay 170,000 musulmanes en Noruega, una cifra que la derecha xenofóbica maneja como si se tratara de una señal del apocalipsis. Es curioso que no recuerden que durante muchas décadas todas las tierras musulmanas del planeta fueron dominadas por tiranías coloniales europeas, desde Indonesia hasta el norte de África. Y esas potencias cristianas no sólo despojaron a los pueblos de sus riquezas sino que crearon fronteras artificiales, les impusieron idiomas, monedas, y costumbres; dividieron a las sociedades y les arrebataron tradiciones y cultura, es decir, exactamente lo mismo que la gente como Breivik y sus correligionarios creen que le va a suceder a sus países, no por ser invadidos por armadas poderosas sino por masas de inmigrantes pobres que son usados para ocuparse de los trabajos manuales y sucios que muy pocos europeos blancos quieren hacer.

La ley antisharia
Y mientras Eurabia es el espantapájaros con que la extrema derecha asusta a las buenas consciencias europeas, en los EUA el terror de los conservadores cristianos anti musulmanes se llama la ley sharia (o ley islámica para vivir moralmente y alcanzar la salvación). En un tiempo en que el desempleo alcanza índices alarmantes, en que la industria se desploma y las corporaciones gozan de privilegios sin precedentes, los republicanos han logrado convertir la falsa amenaza de la ley sharia en su caballo de batalla y han logrado aprobar leyes en Oklahoma y Tennessee que garantizan que nunca se podrán aplicar las leyes islámicas en el estado. La periodista Andrea Elliot, escribió en un artículo de primera plana del New York Times el 31 de julio pasado, que detrás de esta ofensiva histérica que han adoptado grupos como el Tea Party y la derecha republicana está el abogado brooklyniano David Yerushalmi, un judío hasídico originario de Florida que vivió en los territorios ocupados de Cisjordania, y que asesora entre otros políticos a candidatos presidenciales republicanos (Newt Gingrich y Michele Bachmann) y a un ex director de la CIA (James Woolsey) con ideas criminales muy semejantes a las que inspiraron a Behring Breivik a lanzar su cruzada personal contra Eurabia.

July 27, 2011

Amina, el espíritu gay de la revolución siria

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¿Amina?

Una chica lista en Damasco

La de Amina Abdallah Aral al Omari era una historia de valor, pasión, peligro y rabia. Amina era “A Gay Girl in Damascus” una joven bloguera, lesbiana, siria-estadounidense de 35 años que describía día a día en su blog su vida, gustos, placeres, amenazas y atropellos en ese atribulado país del Medio Oriente. Amina nació en Virginia pero se declaraba orgullosamente árabe y sunita. “El árabe fue el idioma de mis primeras palabras e insh’allah será el de la última que diga”. La joven escribía articuladamente sobre su país, su historia y su política, además su conocimiento de la cultura occidental y de los coloquialismos estadounidenses la hacían una estupenda comunicadora y una poderosa intérprete del mundo y pensamiento árabe. En una ocasión, a mitad de la noche agentes armados tocaron a su puerta, venían por ella pero su padre valerosa e inteligentemente los confrontó y los “derrotó”. No se la llevaron en esa ocasión pero era claro que volverían, por lo que Amina tuvo que esconderse. Sin embargo, poco después sucedió lo inevitable: Amina fue secuestrada por la policía secreta. Según la revista Time, Amina se convirtió en una voz inspirada y honesta de la revolución.

Inmolaciones

Amina hubiera sido la versión siria de Muhammad Bouazizi, el vendedor de frutas tunecino que se inmoló el 17 de diciembre de 2010 y se convirtió en el símbolo de la revuelta en contra del régimen. Hubiera sido, lamentablemente no fue así, ya que Amina nunca existió. Amina fue la invención de Tom MacMasters, un estudiante estadounidense, heterosexual, “apasionado por Siria”, que vive en Escocia y que pensaba que no podía aportar nada a la discusión sobre el Medio oriente con un nombre anglosajón como el suyo. Por tanto decidió inventar un personaje que tuviera credibilidad, influencia y un impacto positivo entre sus compatriotas. MacMasters creó a su personaje alrededor de febrero de 2006 y comenzó a participar en discusiones en varias páginas del web. Cuando la editora del sitio lésbico LezGetReal invitó a Amina a colaborar, Tom se sintió muy elogiado, por lo que decidió llevar su historia más allá y escribir una novela. En vez de eso creó el blog de Amina. ¿Qué podría salir mal si él tenia tan buenas intenciones?

Anticlímax

Cuando el reportero Andy Carvin, de la estación de radio pública NPR comenzó a dudar seriamente sobre la autenticidad del blog preguntó por Twitter a la comunidad gay en Siria si alguien conocía a Amina. La respuesta fue contundente: nadie la conocía. Luego Jelena Lecic, una joven londinense, declaró que la foto que aparecía en el blog era de ella y que nunca había oído hablar de Amina. Entonces MacMasters confesó pero dijo que si bien lo había hecho por vanidad, el fin justificaba los medios y había creado un espacio legítimo de información y debate para concientizar a sus compatriotas. La reacción a este presunto pacifista y autodenominado “mesías de las lesbianas sirias”, (como declaró al blog brasileño Veja) fue obviamente violenta y las consecuencias de semejante acto fueron enormes.

Otras doncellas famosas en peligro

En 1897 William Randolph Hearst utilizó sus periódicos para contar la historia de Evangelina Cossío, una joven cubana que había enfrentado a la policía española y se había vuelto el espíritu de la independencia. La historia de Evangelina fue manipulada para crear un mito que ganó el apoyo popular para que los EUA invadieran Cuba. En 1990 una joven kuweití de tan sólo 15 años, a quien llamaron Nayira, “para proteger su identidad” declaró ante un comité del congreso estadounidense que ella personalmente vio a soldados iraquíes sacar bebés de incubadoras y tirarlos al suelo durante la invasión de su país. Este testimonio jugó un papel importante para convencer el púbico estadounidense de la urgencia de lanzar la primera guerra del Golfo. Nayira era la hija del embajador kuweití en Washington y no había pisado Kuwait en años. En 1999 tarde apreció Adona, una joven cibernauta kosovar que se convirtió en el símbolo del sufrimiento de su pueblo y uno de los pretextos que los EUA esgrimirían para liberar a esa provincia del gobierno de Belgrado. Amina es el más reciente episodio en esta historia de propaganda y desinformación.

Nayira al-Sabbath, hija del embajador de Kuweit en los EUA


Tom MacMasters transvestista propagandístico

Propagandista involuntario
Una de las muchas paradojas de la era de internet y la edad de los periodistas ciudadanos es que así como se han fortalecido las redes y canales de información que escapan al control y censura de los estados y poderes corporativos, también se han generado fenómenos como el de MacMaster, probablemente el mejor ejemplo de un propagandista involuntario que por su arrogancia sirvió mejor que nadie a los intereses que supuestamente quería confrontar. El fraudulento MacMasters refleja las peores taras del activismo occidental, quien no solamente se apropió de una voz árabe que no podría entender sino también de una voz lésbica que no podría sentir. Su habilidad como novelista es irrelevante pero su incapacidad de reconocer su actitud racista y paternalista es una extraordinaria lección en la ideología que provoca y permite las intervenciones, invasiones y colonialismos “humanitarios”.

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June 7, 2011

Osama Bin Laden: del mito a la irrelevancia y de vuelta al mito

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“Al final de cuentas Osama bin Laden sólo vivía para nosotros en Occidente”
Dexter Filkins

Confesión preliminar

Antes que nada debo aceptar que me equivoqué. Durante años tuve la certeza de que Osama Bin Laden (OBL) había muerto años atrás. Su virtual desaparición de los medios, tras su video distribuido cuatro días antes de la reelección de George Bush, me convenció de que había dejado de tener una función útil y su único valor era simbólico, por lo que era importante mantenerlo vivo por cualquier medio, tanto para el jihadismo como para la “guerra contra el terror”.


El enemigo número uno

OBL tuvo relevancia en la guerra contra los soviéticos en Afganistán, en gran medida por sus conexiones con los servicios de inteligencia paquistaníes ISI y la realeza saudita (aparentemente no tenía vínculos directos con la CIA). OBL luchó en el frente de combate y creó el mito del príncipe guerrero que abandona su fortuna para luchar al lado del pueblo en contra de una potencia invasora. Su imagen de ferviente defensor de los árabes lo hizo una especie de Che musulmán que inspiró a las juventudes desencantadas del mundo árabe y, más importante aún, sirvió a grupos de poder interesados en desestabilizar gobiernos, traficar con armas y narcóticos. OBL fue el rostro feroz del mundo árabe; sin embargo, entre los árabes era sólo una distracción, un terrorista con una ingenua ideología dogmática y religiosa de acción directa que tenía como objetivo eliminar el intervencionismo estadunidense y occidental en la región. Osama era un gurú sobreinflado que, como muchos han mencionado, fue rebasado por la historia cuando millones de árabes salieron a las calles de forma pacífica para exigir democracia, derechos humanos, gobierno justos y representativos. No hubo fotos de Bin Laden en las calles y plazas de Egipto, Bahrein o Siria, ni antes ni después de su muerte. Nadie salió a manifestarse por un califato medieval ni por la ley sharia. Lo que los jóvenes quieren no es jihad, sino “gobiernos normales” (literalmente), con lo que piden la abolición del nepotismo, de las despóticas familias reales, los presidentes vitalicios y sus ejércitos de torturadores y asesinos.

El fin

Este santón mediático explotó sus 15 minutos de fama con habilidad y se volvió un fenómeno viral que fue adoptado por el discurso belicista estadunidense como el villano perfecto: Osama fue el enemigo número uno de EU desde 1998. Su carrera meteórica terminó el 2 de mayo en un ataque anticlimático en el que alrededor de ochenta miembros del batallón de elite, Navy Seals Team 6, allanaron el bunker en Abbotabad donde se había escondido durante seis años y lo asesinaron junto con otras personas y miembros de su familia. Los soldados confiscaron computadoras y saquearon todo aquello que consideraron valioso, y se llevaron el cuerpo de OBL que después sepultaron en altamar (“de acuerdo con la ley musulmana”).

Vivo o muerto, o sólo muerto

Bin Laden, como otros enemigos de los imperios, estaba al margen de cualquier ley, no hubo ni siquiera un intento de aprehenderlo para enviarlo a Guantánamo. Quizás temían las complicaciones legales que implicaba tenerlo preso, tal vez imaginaron represalias o, a lo mejor, lo que deseaban era silenciarlo para siempre. Las tres hipótesis son débiles: eu ha creado una red de cárceles secretas (black sites) al margen de todo marco legal, represalias podría haber tanto matándolo como arrestándolo y, si se trataba de callarlo, Bin Laden llevaba callado muchos años; basta recordar lo que le sucede a los presos de la “guerra contra el terror” para ver que éstos no tienen ninguna posibilidad de comunicarse con el mundo exterior. Por tanto, no es difícil creer que simplemente lo querían muerto, no preso, ni sometido, ni arrepentido.

Y de vuelta al mito

Comentaristas de izquierda y derecha se precipitan a señalar que OBL mató más musulmanes que cristianos, como si eso diera validez universal a su ejecución sumaria. La realidad es que independientemente de las cifras de muertes, el asesinato de OBL se hace eco de tantos otros crímenes imperiales en contra de líderes y símbolos en las colonias y ex colonias. Por tanto, OBL será elevado al rango de mito. Sus seguidores recordarán que fue asesinado cuando estaba desarmado y no ofrecía resistencia; que las fotos de su cadáver fueron censuradas como si fueran un valioso tesoro (para evitar que fueran usadas como propaganda); que su captura (celebrada como un inmenso triunfo) tardó casi una década; que fue abandonado por sus socios y cómplices, y que el cuerpo del cerebro del 11/s fue tirado al mar desde un barco de guerra como última y definitiva ofensa.

Bipolaridad

Si algo es verdaderamente revelador acerca de las acciones estadunidenses para matar a Osama Bin Laden (OBL) en la ciudad paquistaní de Abbottabad (que debe su nombre a su fundador, el militar británico James Abbott), el 2 de mayo de 2011, ha sido el manejo propagandístico del asesinato. Era obvio que semejante acción sería rodeada por una poderosa y bombástica campaña mediática; lo sorprendente fue que la estrategia pareciera esquizofrénica al estar claramente dividida en dos mensajes antagónicos, quizás dirigidos a públicos diferentes. Por un lado, se reveló que los documentos capturados en el “bunker de un millón de dólares” (que no vale ni 200 mil) demostraban que Bin Laden seguía a cargo de la toma de las decisiones y la dirección cotidiana de la organización Al Qaeda. Pero al mismo tiempo se hicieron públicos videos donde Osama aparece como un viejo acabado y de barba canosa que, envuelto en una cobija, se mira a sí mismo (“como un viejo actor decadente”, escribió alguien) en una televisión decrépita. En otros videos, en los que intenta leer mensajes frente a una cámara, se confunde y comete errores. En estos últimos aparece con la barba pintada de intenso color negro (¿cuál sería el objetivo de teñirse la barba cuando en muchas fotos y videos aparece con canas; estaría afectado de la misma obsesión que padecía Mubarak?).

Bin Laden doméstico

Puede entenderse la necesidad de comunicar esos dos mensajes contradictorios: el de un OBL irrelevante que no merece ser admirado, y el de un peligroso líder que justificaría un asesinato a manos de un comando. En vez de mostrar a Bin Laden como un líder trágico, se le presenta como un anciano (de apenas cincuenta y cuatro años) ridículo, torpe, vanidoso, nostálgico y enajenado, que bebía Coca Cola y usaba un tónico para la virilidad. Probablemente esa es una imagen fiel de un obl cautivo en un ambiente doméstico (rodeado por sus tres esposas, muchos niños y un puñado de fieles que seguían ocupándose de él), incapaz de salir a la calle pero aún soñando con un retorno espectacular. Resulta difícil creer que él era aún el cerebro del terrorismo internacional. Cualquiera que trabaje en su casa rodeado de esposa e hijos sabe que es imposible conquistar al mundo cuando uno no puede tener cinco minutos de paz y silencio.

Distracciones

El asesinato de Bin Laden tuvo lugar poco después de que la OTAN intentara “decapitar” al gobierno libio y, en vez de matar a Muammar Kadafi, mató a uno de sus hijos y a dos de sus nietos. Un acto muy poco honroso para quienes dicen estar bombardeando por motivos humanitarios. La muerte de Bin Laden distrajo la atención del mundo, y a los pocos días la otan intensificó sus bombardeos sobre Trípoli y las fuerzas de Kadafi (resulta hasta cierto punto paradójico que el líder libio aseguraba frenéticamente que los rebeldes eran agentes de Bin Laden). Mientras tanto, la crisis humanitaria en ese país norafricano comienza a alcanzar niveles catastróficos y puede anticiparse que el conflicto está lejos de concluir. Así, al tiempo en que Occidente celebra la muerte del terrorista, las bombas de la otan aterrorizan a los civiles libios por haber cometido el crimen de vivir sometidos a la dictadura de un déspota demente.

¿Por qué hasta ahora?

Ahora bien, cubrirse de gloria con la captura o asesinato de Bin Laden implica un alto costo, ya que al eliminarlo lo natural es que la invasión de Afganistán deba concluir. Los objetivos del gobierno de Bush junior para la guerra contra esa nación eran: eliminar a Al Qaeda en ese país, reemplazar al gobierno Talibán y eliminar a Bin Laden. Todos objetivos cumplidos. Sin embargo, pocas horas después de matar a Osama, tanto Hillary Clinton como el Pentágono aseguraron que este no era el momento de “parpadear” y que la guerra continuaría. Inmediatamente la cadena nbc publicó los resultados de una encuesta en la que el ochenta por ciento de la población de EU apoyaba la decisión de que las tropas permanecieran en ese país. Esta cifra es más que sospechosa, ya que en ningún momento un porcentaje semejante del público ha apoyado esta larguísima ocupación. Esto se traduce en que el triunfo que goza ahora Obama muy probablemente se desvanecerá si persiste en la necedad de seguir manteniendo a las tropas en Afganistán. Podemos preguntarnos entonces: ¿sería posible que Bush Jr. haya sabido dónde estaba Osama pero prefirió dejarlo en paz a cambio de seguir peleando una guerra sin fin que ha demostrado ser una mina de oro para los contratistas militares y para el presupuesto de las fuerzas armadas?

May 12, 2011

La madre de todas las guerras humanitarias

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Escudo aéreo, pantano terrestre
Resulta muy difícil si no prácticamente imposible encontrar argumentos que rediman a Muammar Kadafi o que justifiquen defenderlo ante la arremetida occidental en su contra que comenzó después de que el Consejo de seguridad de la ONU autorizó declarar a Libia como zona restringida de vuelo para evitar que Kadafi bombardeara desde el aire a los rebeldes. Es probable que sin esa intervención el régimen de Trípoli hubiera aplastado en unas cuantas horas a los subversivos que se habían replegado en la ciudad de Bengasi. Para impedir un genocidio los “aliados” se dedicaron a destruir a la fuerza aérea libia y sus defensas antiaéreas, Pero cuando comenzaron a arremeter sistemáticamente contra las tropas, artillería y tanques del gobierno que quedó claro que el verdadero objetivo era el “cambio de régimen”. No obstante, la estrategia de los bombardeos aéreos está condenada a empantanar la situación en una larguísima guerra entre un régimen que se resiste a renunciar al poder y una fuerza rebelde mal equipada e incompetente en materia bélica que no puede derrotar a un enemigo superior aún cuando cuenta con un prodigioso apoyo aéreo. Durante el último fin de semana de marzo los rebeldes avanzaron más de 200 kilómetros, pero en cuanto la cobertura aérea cesó, el ejército defendió vigorosamente la ciudad de Sirte y obligó a los rebeldes a replegarse más de 160 kilómetros.

Las razones de los proveedores de armas
No son pocos los que han señalado que este ataque denota una selectividad obvia: nadie ha propuesto un escudo aéreo para la población de Gaza, de Yemen, de Bahréin o de Siria, por tan sólo mencionar algunos conflictos recientes ni mucho menos para los países donde EUA está bombardeando y matando decenas de civiles como Afganistán, Irak y Pakistán. La premisa elemental de esta intervención fue que se haría todo lo necesario para defender a la población con la excepción de enviar tropas de tierra. El argumento mil veces repetido fue que Kadafi amenazó que iría de casa en casa en busca de armas y de traidores (ratas, cucarachas y perros) y que no habría compasión contra el enemigo. Este arrebato de estupidez fue suficiente para que Washington, Paris y Londres pudieran vender una campaña de bombardeos como si fuera una estrategia de defensa popular. La amenaza de una masacre inminente sirvió para convencer a millones de liberales para apoyar otra guerra, que nadie quiere llamar guerra, a pesar de emplear misiles, bombas y armas de fuego de alto calibre que producirán enorme “daño colateral”. Además, cada vez que vemos un tanque destruido, una pieza de artillería chamuscada o un depósito de armas ardiendo hay que recordar que los mismos países que vendieron y destruyeron ese material son los que lo volverán a proveer a precios inflados a quien sea que quede en el poder.

La buena no-guerra de los liberales
En un tiempo de confusión ideológica los liberales del mundo han querido ver en los rebeldes libios una insurgencia popular amplia, franca y valiente, algo semejante a lo que los conservadores veían los muyahidines afganos a finales de los 70. Todos sabemos como evolucionaron esos “Freedom Fighters” pero estos liberales parecen perder de vista que en el caso libio se repite la vieja y gastada narrativa de culpar a los nativos por los actos de barbarie y de olvidar los intereses, las invasiones, el intervencionismo, las armas y las agresiones europeas que crean las condiciones para la violencia. Además olvidan que esta campaña humanitaria inevitablemente deja de serlo en el momento en que los rebeldes necesitan una ayudadita más en la forma de armas, asesores, inteligencia militar y demás recursos que liquidan la neutralidad que requiere una misión humanitaria. La lógica liberal dictaba que de permitir a Kadafi destruir a la oposición eso mandaría una señal a los demás tiranos de la región a usar fuerza masiva en contra de sus inconformes, La realidad operó de manera opuesta, en cuanto comenzaron los bombardeos “aliados”, los tiranos árabes comenzaron a reprimir con mayor violencia.

Aprender de los horrores
Kadafi no sobrevivió a 41 años en el poder por ser amable, confiado y generoso, éste es un líder mezquino, frívolo y despiadado que aprende rápido y que ha planteado una defensa de su poder en términos que obligarán a Occidente a cambiar de estrategia o abandonar la misión. Para evitar ser blanco de misiles Kadafi ha abandonado sus tanques para usar pick ups como las de sus enemigos, en lugar de fuera aérea ha introducido cientos de francotiradores y sus ataques cada vez parecen más acciones guerrilleras, rápidas y versátiles. Cada día será más difícil diferenciar entre los bandos y mucho más desde las alturas. Lo que se anunciaba como una campaña breve y fulminante parece que se convertirá en una guerra prolongada de desgaste y fratricidio.

El superfilósofo protector de los indefensos
El ataque contra Libia impone un acertijo moral particularmente complejo. Si Occidente no hubiera intervenido, quizás hoy millones acusarían a las potencias de complicidad en una masacre, por haberse cruzado de brazos ante la inminencia de un genocidio, como sucedió en Ruanda o en el sitio de Sarajevo. Entonces el intelectual-dandy-promotor de conflictos armados, Bernard Henry Levy (BHL) realizó una intensa campaña de cabildeo para convencer a Mitterrand de bombardear serbios para proteger a los bosnios. En el caso de Libia la participación del filósofo fue determinante para convencer a Sarkozy de que Francia tomara el liderazgo para llevar a la OTAN nuevamente por la ruta de los bombardeos humanitarios. BHL visitó a los líderes de la revuelta en Bengasi y logró que un muy confundido y atribulado presidente se portara magnánimo y aprovechara este conflicto para tratar de esquivar la crisis política que vive Francia. En su entrevista con el Spiegel, el filósofo señala que la acción militar era la única opción: “Se trató de hacer todo, pero Kadafi es un loco, un autista. No quiso escuchar”. Inicialmente BHL rehúsa llamar a esto guerra pero más adelante en la entrevista accede a llamarla una guerra inevitable, sin explicar jamás porqué lo era. También asegura que los rebeldes no son fanáticos, sino gente que “cree que el islam es materia de fe, no un asunto de gobierno”. Y más tarde para tranquilizar al mundo añade: “Los miembros del Concejo Transicional Nacional, que yo conocí, son gente sofisticada y alerta. Muchos de ellos han estudiado en universidades europeas o americanas… yo creo que son demócratas.” Nunca explica en qué consiste su ideología pero nada podría reconfortarnos más que sean egresados de instituciones educativas del primer mundo. El eurocentrismo puede ser tan ciego como abyecto: Pol pot el líder del Khmer Rouge que exterminó a una quinta parte de la población camboyana también estudió en Francia y muchos de los tecnócratas que han desangrado a las naciones pobres del mundo tienen diplomas de instituciones europeas y estadounidenses. Hemos de suponer que estos también eran personajes sofisticados y alerta.

La liga de la justicia
BHL como la mayoría de los liberales que justifican esta guerra olvidan la historia y echan mano de datos que deberían ser motivo de vergüenza: “La Liga árabe nos pidió intervenir”, declara. ¿Desde cuándo la opinión de los líderes de Somalia, Yemen, Sudan, Kuwait o cualquiera de las otras 18 naciones de esa liga es tomada en serio en materia de democracia? Esto no puede ser una justificación para la acción armada pero BHL lo toma muy en serio y dice que la intervención de esta Liga de bufones corruptos y déspotas fue “Un momento decisivo en la historia de la era moderna”. Y continua “La obligación de intervenir en los asuntos de otros países se volvió universal. Ahora nadie puede acusar a la coalición de participar en maniobras oscuras o en colonialismo oculto.”

Otro tipo de revuelta
La revuelta en Libia comenzó de manera diferente que en los demás estados árabes, aquí casi inmediatamente los rebeldes tomaron las armas, probablemente porque sabían que un levantamiento pacífico era inútil, pero sin duda se trataba de una iniciativa mucho más violenta que las manifestaciones de gente desarmada en Túnez, Egipto, Bahréin y Siria. La reacción de Kadafi en comparación con la de esos regímenes fue hasta cierto punto equivalente si se considera que los rebeldes libios se declararon enemigos del estado e impusieron su propia bandera, moneda, policía y guardia fronteriza. Cualquier estado hubiera reaccionado de manera agresiva a acciones de esta naturaleza. En Bahréin, Siria y Yemen donde la legitimidad del estado no ha sido cuestionada ni amenazada los muertos se cuentan por decenas.

Mirar para otro lado
En su discurso del 28 de marzo Obama, quien no olvidemos tiene ya un premio Nobel, aseguró que no podía mirar hacia otro lado mientras se cometían atrocidades. La paradoja es que tan sólo en fechas recientes Obama ha mirado hacia el otro lado mientras Israel masacra palestinos en Gaza, mientras Arabia Saudita manda tropas a Bahréin a silenciar revoltosos, mientras el presidente Gbagbo mata a gusto opositores en Costa de Marfil, mientras el presidente al Saleh asesina una cincuentena de manifestantes en una tarde y mientras Bashar el Assad fulmina varias docenas de gentes en minutos.

Los insurgentes misteriosos
Sabemos que los rebeldes libios son una masa informe e ideológicamente confusa, quisiéramos llamarlos pro democracia como en los demás países árabes pero no queda claro que ese sea su anhelo. Si bien eso no le resta legitimidad a su levantamiento sí es necesario cuestionar cuales son sus intenciones y quienes son sus verdaderos líderes, lo que sabemos hasta ahora, como confirma BHL, es que son una variedad de ex operativos de Kadafi, autodenominados jihadistas y burócratas complacientes con las ex potencias coloniales y los EUA. Resulta asombroso que el Consejo de seguridad haya corrido a defender a estos rebeldes desconocidos cuando en el pasado ha sido testigo mudo de la destrucción de toda clase de grupos disidentes, bien organizados y capaces de articular claramente sus motivos y el riesgo que corrían de no ser ayudados por esa bestia sorda, manipulable, hipócrita e incoherente que es la “comunidad internacional”.

January 31, 2011

Destruir un casa para salvar a un pueblo: vieja-nueva filosofía imperialista

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Oprobio disfrazado

En el rincón inferior izquierdo de la portada del New York Times del 17 de noviembre de 2010, el título de un artículo parecía no querer llamar demasiado la atención, como si intentara camuflarse entre otras noticias. No era para menos ya que, a pesar de las buenas intenciones de los editores del diario y de la barroca redacción del título, siempre es difícil hacer digerible el anuncio: “Para salvar vidas, la otan está arrasando hogares afganos repletos de trampas.” Hay una obscenidad implícita en la propuesta de demoler casas para “salvar vidas”, y más cuando ni el gobierno de la provincia de Kandahar ni el propio portavoz de la OTAN pueden precisar cuántas casas serán destruidas. Según el artículo de Taimoor Shah y Rod Nordland, las tropas invasoras gozan del apoyo del gobierno afgano e incluso de algunos residentes a quienes prometen recompensa. En algunas áreas (como en el distrito de Zhare) el ejército estadunidense está destruyendo sistemáticamente todas las casas abandonadas. Tras responsabilizar al Talibán por la destrucción, el gobernador del distrito, Shah Muhammed Ahmadi, declaró: “Tuvimos que destruirlas por seguridad.” Esto es un remix contemporáneo de la idea: “Hay que destruir una aldea para salvarla.” ¿Cómo contribuye esta campaña a la fantasía de los invasores de “conquistar corazones y mentes”?

La nueva geografía del desamparo

El ejército estadunidense afirma que han documentado y grabado en video todas las destrucciones con el fin de pagar los daños. Esta es una estrategia paradójica, condescendiente e hipócrita del invasor que desprecia esas casas construidas con materiales extremadamente humildes, y que piensa que los locales estarán felices y agradecidos si les dan unos cuantos cientos de dólares a cambio de sus hogares y memorias. Aparte de casas y estructuras, árboles y tierras de cultivo, también han arrasado caminos y creado otros nuevos que pasan por propiedades y casas, con lo cual se siembran nuevos problemas para el futuro. Por si el terror, el abuso y la humillación no fueran suficientes, ya comienza el invierno y cualquier construcción amenaza con retrasarse por meses, dejando a cientos o miles desamparados en los meses más crueles del año. En otra parte el artículo señala que esta destrucción también tiene como objetivo evitar que el Talibán cuente con refugio y posiciones para pelear, lo cual parece más realista que la fantasía de salvar pueblos volando hogares con misiles y cohetes.

Espacios desnudos

La destrucción de casas trajo a mi memoria el fabuloso documental y ensayo etnográfico Naked Spaces. Living is Round, de la documentalista, autora, viajera y compositora feminista y postcolonialista estadunidense de origen vietnamita Trinh Minh-ha. En su observación poética de la cultura de varios pueblos africanos, señala el significado del hogar: en Tamberma, Togo, el hogar es considerado como el cosmos, en Birifu, Burkina Faso, “una casa es como una mujer que debe tener partes secretas que inspiren el deseo… Una casa dañada es una familia dañada”. Desconozco la relación de las familias afganas con sus casas, chozas y tierra, pero difícilmente puedo imaginar que sea un vínculo superficial, epidérmico y fácilmente sustituible.

Odio inscrito en las piedras

Al tiempo en que tropas estadunidenses demuelen pueblos enteros, Israel avanza frenéticamente en la construcción de viviendas sobre tierra arrebatada a los palestinos en Cisjordania y Jerusalén este, para crear “hechos en la tierra”. Para desatar nuevos odios personales y profundos entre los desplazados y los recién llegados, odios que van más allá de la ideología y las convicciones para introducirse en las piedras, en los muros y cimientos del espacio habitable.

Cristianos victimizados

Los cruzados fueron a liberar “tierra santa” de los moros; las tropas estadunidenses bajo las órdenes de ideólogos fundamentalistas en la guerra de Bush y Obama quieren liberar el Medio Oriente de los fanáticos islámicos. En ambos casos todo se reduce a una guerra religiosa. Tras padecer por siete años al lado de sus vecinos musulmanes las atrocidades de la guerra, los cristianos de Irak son hoy víctimas de una persecución y acoso criminal que los está empujando al exilio. La invasión estadunidense tendrá por consecuencia propiciar una limpieza étnica que ni siquiera Hussein hubiera podido lograr.

December 7, 2010

Los muy occidentales orígenes del fundamentalismo islámico

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¿La traición original?
Poco después del ataque de 11 de septiembre de 2001 contra las Torres gemelas y el Pentágono los medios masivos repetían al unísono, a manera de explicación-confesión, que los Estados Unidos habían abandonado a Afganistán poco después de que los mujaedines habían expulsado a las tropas soviéticas, con la ayuda financiera, técnica y de material de los Estados Unidos. Muchos comentaristas explicaban que Afganistán se había desintegrado como país, había caído en las garras del talibán y transformado en santuario para terroristas, en particular para al Qaeda, debido a que los EUA, aún inmersos en la mentalidad de la Guerra fría, se habían retirado de ese conflicto con la impresión de haber triunfado cuando vieron a los rusos derrotados. La ayuda en tiempo de guerra no continuó cuando hacía falta reconstruir y salvar del hambre a la población. En este recuento la historia del fundamentalismo islámico comenzaba con los “freedom fighters” del mundo árabe, que por despecho o traición habían vuelto sus armas en contra de sus exbenefactores. Se infería que el vacío de poder y las pugnas entre líderes milicianos habían fomentado el nihilismo que a su vez se tradujo en la proliferación del islamismo más radical.


Robert Dreyfuss

El juego del diablo
Obviamente esta visión de la historia es de una miopía asombrosa. Primero Inglaterra y después los EUA han utilizado y explotado el factor islam en su beneficio desde hace más de un siglo. En su notable libro Devil’s Game (El juego del diablo. Como los EU ayudaron a desatar el fundamentalismo islámico), Robert Dreyfuss (Metropolitan Books, 2005) traza la historia del intervencionismo anglo estadounidense en Oriente Próximo y de ese engendro maligno que se conoce como islam político o panislamismo. Esta extraña filosofía no tiene nada que ver con el islam tradicional y desde muchos puntos de vista es una perversión de esa fe. Este islamismo trató de ser utilizado por los británicos para crear un cerco en torno a la frontera oeste de Rusia (para neutralizar cualquier ilusión de los zares de acercarse al océano índico) y para aplastar cualquier destello nacionalista en las entonces colonias musulmanas (desde el norte de la India hasta Egipto). Después de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos tomaron la batuta para hacer algo similar contra los soviéticos, así como para destruir los movimientos socialistas y nacionalistas de izquierda.


Jamal Eddine al-Afghani

La triple apuesta británica
Dreyfuss señala que las tendencias reaccionarias del islam datan de hace por lo menos trece siglos, cuando oscurantistas e irracionalistas competían contra los religiosos progresistas, abiertos y moderados. Pero la versión contemporánea del jihadismo aparece en la era del “Gran Juego”, cuando el sol nunca se ocultaba en el imperio británico, y su padre es Jamal Eddine al-Afghani (1838-1897), un aventurero (“quijotesco”, escribe Dreyfuss) que sirvió a la inteligencia británica, ofreció sus servicios de espionaje al zar (o al mejor postor), era masón y ateo, pero se hacía pasar por musulmán devoto. Afgani creó los cimientos del fundamentalismo con la intención de crear una organización que sirviera a los británicos para apoderarse del Califato que dejaba vacante el imperio otomano y que no querían perder al avance francés (quienes tomarían Líbano y Siria) o alemán (que a través de Turquía querían llegar a Bagdad). Los ingleses conocían bien la región, sabían explotar, seducir y amedrentar a los nativos. Tenían además vínculos con las espurias aristocracias locales. Para asegurar su poder apostaron por la imposición de dos monarquías en la región. Por un lado dieron su apoyo y financiamiento a la familia Hashemita para crear una monarquía con dos ramas, una en Jordania y otra en Irak. Pero al mismo tiempo dieron su apoyo a la familia Saud de la península arábiga, una banda de ultrafundamentalistas a los que ayudaron a crear Arabia Saudita, el primer estado islámico radical. El espíritu de la versión saudita del islam proviene de un predicador viajero, violento, mojigato e ignorante de comienzos del siglo XVIII: Mohammad ibn Abdul Wahab, conocido como al sheik o el maestro. Este polemista formó un verdadero ejército de seguidores, y convirtió al fundador de la dinastía Mohammed Ibn al Saud, el patriarca de la familia, a su credo, el wahabismo. En 1920 las familias Saud y Sheik formaron el estado saudita.


Soldados Wahabis

Los wahabis destructores de domos
Al final de la Primera Guerra Mundial Inglaterra tenía la mira puesta en el Oriente próximo e hicieron una apuesta triple:
1. dieron su aprobación a la familia Hachemita para que asumieran el cargo de guardianes de la Meca y por tanto el liderazgo del mundo árabe,
2. apoyaron a la familia Saud (a la que financiaban desde mediados del siglo XIX) y
3. aprobaron la propuesta de Jamal Eddine al-Afgani de “revivir al islam” para crear un movimiento político religioso ortodoxo y estrechamente vinculado a la corona británica. En su libro Dreyfuss describe la trayectoria de los Sauditas, quienes a partir del siglo XVIII se dieron a conocer por sus incontables saqueos, carnicerías y masacres en la península arábiga, así como por su afición a destruir los domos de las mezquitas de sus enemigos. En 1902 los sauditas tomaron Riyadh y crearon la temida Ikhwan, o la Hermandad, una banda de beduinos sanguinarios y fanáticos que no parpadeaban ante ningún enemigo. Aproximadamente al mismo tiempo las potencias europeas “firmaron” las primeras concesiones petroleras con los sheiks locales (los cuales eran acuerdos impuestos bajo amenaza, soborno o extorsión).


El Ikhwan

El imperio se equivoca
La “conspiración” británica parecía una fórmula infalible. Los ingleses creyeron que los Hachemitas serían “revolucionarios” románticos perfectos (rodeados del aura heroica de Lawrence de Arabia) y que expulsarían a los otomanos de la región, controlarían los actuales estados de Siria, Líbano, Irak, Jordania y el Hijaz, en la costa oeste de Arabia, además de que crearían alianzas con el futuro estado judío que pensaban establecer en Palestina. El plan se desmoronó. La alianza entre árabes y sionistas resultó un fracaso y los sauditas estaban muy lejos de dejarse gobernar por los Hachemitas. Dreyfuss señala que la familia al Saud y su Ikhwan dejaron en 1920 una estela de 400,000 muertos y heridos, llevaron a cabo 40,000 ejecuciones públicas, un entretenimiento al que siguen siendo afectos hasta la fecha) y unas 350,000 amputaciones para imponer su versión estricta y fantasmagórica del islam. Hussein, el líder del clan Hachemita, pidió a los ingleses que obligaran a los sauditas a desmantelar al Ikhwan, ya que anticipó el inmenso potencial que tendrían. El fundamentalismo armado fue esencial para la creación del estado saudita ya que con él unieron a las tribus de la región. Hacia el final de la I Guerra Mundial los ingleses sabían que el poder de Hussein sería limitado y de hecho los Hachemitas fueron expulsados de Hijaz. Arabia Saudita obtuvo su independencia en 1927 y dos años después el emir desintegró al Ikhwan y lo integró al ejército del reino y a la policía religiosa encargada de imponer las estrictas minucias del wahabismo: la prohibición de la inmoralidad, la imposición de la plegaria cinco veces al día y del severo código del vestir.


Hassan al-Banna

La Hermandad
En 1928 en Egipto surgió otra pieza importante del rompecabezas del extremismo islámico: la Hermandad musulmana, la cual fue fundada por Hassan al-Banna, quien contaba con fondos de la Compañía de canal de Suez inglesa. La Hermandad creció de manera imponente, en poco tiempo contaba con más de 100 mil miembros y ramas en Palestina, Siria y Jordania. La Hermandad fue usada como ariete para atacar a los comunistas y a los nacionalistas egipcios y posteriormente al presidente Gamal Abdel Nasser. Dreyfuss señala que al-Banna junto otro protegido de los ingleses, el muftí de Jerusalén, Haj Amin al- Husseini (un fanático, feroz y pronazi) fueron los principales responsables de la proliferación del islam político incluyendo su versión terrorista. Esta organización es en esencia la madre de al-Qaeda y de los demás grupos de extremistas que hoy en día han hecho del atentado suicida su modus operandi preferido.


El joven rey Faoruk en camino al Parlamento

Las dos derechas
El auge moderno del fundamentalismo islámico comienza precisamente al mismo tiempo en que la derecha cristiana comienza a conquistar el poder en los EUA como reacción a décadas de liberalismo: es decir con el régimen de Ronald Reagan. Es muy importante señalar que en ese momento la derecha moderada de ese país comenzó a dejar de ser conservadora para inclinarse más y más hacia el extremismo religioso y apocalíptico. No obstante, como señaló Kevin Phillips, uno de los teóricos del partido republicano y autor del libro American Theocracy (Viking, 2006), Reagan podía ser conservador y fanático pero también fue el primer presidente divorciado y el primero en ser exestrella de Hollywood. Desde la década de los veinte los movimientos nacionalistas en Oriente Cercano fueron objeto de ataques por parte de los grupos fundamentalistas que se extendían desde la península arábiga hasta Turquía. Estos grupos, a través de organismos como la Sociedad para la propaganda y la orientación, creada en el Cairo, lograron exacerbar pasiones religiosas, obtener dinero de árabes e hindúes ricos y explotar la ambición de los ingleses que deseaban controlar la región sin ensuciarse las manos. Estos grupos pregonaban un retorno a la simplicidad de la vida que reinaba en los tiempos del profeta Mahoma. El Corán sería la única constitución y su aplicación sería la ley sharia, la cual debía sustituir a las legislaciones existentes. Este anacronismo en realidad era una expresión de rechazo por las interpretaciones académicas de la religión, las cuales estos fanáticos denunciaban como perversiones occidentales del islam. Pero a la vez atacaban con ferocidad a los nacionalistas que buscaban la expulsión de los ingleses del Medio Oriente. Robert Dreyfuss señala que en 1936, tras la primera conferencia nacional de la Hermandad Musulmana en Egipto, los fanáticos comenzaron a formar grupos paramilitares moldeados en los movimientos fascistas europeos, algunos de los cuales, como el Aparato Secreto, se dedicaban a aterrorizar y asesinar a sus rivales, ya fueran políticos, policías, jueces, comunistas, sindicalistas y comerciantes judíos. Más tarde se formaron pequeñas células que eran entrenadas en lo religioso y lo militar, las cuales pasaron a darse a conocer como Hermanos Activos. Paradójicamente muchos de los fundamentalistas que organizaron estos grupos pronazis, terminaron exiliándose en Inglaterra al término de la Segunda Guerra Mundial. Estos grupos eran fieles al fundador de la Hermandad, Hassan al-Banna, quien los ofreció como tropas de choque para cuidar el orden durante la coronación de Farouq, el corrupto e incompetente rey egipcio al servicio de los británicos (varios recuentos señalan el pasmoso desprecio con que era tratado en su cara por el embajador inglés en Egipto). Al-Banna prácticamente se integró a la corte real al tiempo en que coqueteaba con los panislamistas y el ejército. Pero cuando el poder del rey comenzó a desmoronarse se distanció del monarca, aunque la Hermandad siguió espiando y asesinando enemigos mientras los ingleses miraban hacia otro lado. Dreyfuss señala que más que un movimiento la Hermandad, “era un culto, una operación de espionaje, una unidad paramilitar y una organización internacional…”


Gamal Abdel Nasser

El factor Israel
Pocas cosas dieron mayor impulso a los fundamentalistas que la creación del estado de Israel y la derrota de los ejércitos árabes. La Hermandad aprovechó la pérdida de Jerusalén para incendiar la imaginación de las masas y apropiarse de un lugar prominente en la política árabe de la posguerra. Pero este acontecimiento también fortaleció a los nacionalistas árabes. Ambos creían que era indispensable confrontar al estado judío pero no podían ponerse de acuerdo en nada más. Mientras Nasser veía ahí una oportunidad para barrer con los emires, reyes y noblezas decadentes de la región. La Hermandad encontró apoyo en los regímenes más reaccionarios y en la burguesía más decadente, mojigata y rancia para crear brigadas de combatientes para pelear contra los judíos. Estos recibieron armas de diversos orígenes pero gran parte fue proporcionada por el Aparato Secreto. Los fanáticos preparaban una guerra y diseminaban propaganda antijudía, como los muy famosos y ampliamente revelados como apócrifos Protocolos de los sabios de Sión. Este tema está muy bien explorado en el libro: Conspiraciones, de Julio Patán (Paidós, 2006).


Anuar Sadat

Sadat y el oportunismo
Uno de los miembros más famosos de la Hermandad Musulmana fue el expresidente egipcio Anwar el Sadat, quien en la década de los cuarenta, era parte del grupo de los Oficiales Egipcios Libres, una organización que fue determinante para que Nasser llegara al poder. Sadat se volvió el enlace entre al-Banna y Nasser y eventualmente los usó a todos en beneficio propio. Nasser lo nombró para dirigir Congreso Islámico Pero a su vez la CIA comenzó a usar a Sadat para infiltrar el gobierno egipcio con la idea de darle un golpe de estado, como señaló el exagente de la CIA, Ed Kane, o bien de asesinar a Nasser, como quería el entonces primer ministro británico Anthony Eden.
A finales de la II Guerra Mundial, los EUA decidieron establecer contactos regulares con un grupo internacional abiertamente terrorista como la Hermandad Musulmana, el cual era abiertamente profascistas y contaban con el apoyo de nazis refugiados en el mundo árabe. Sin embargo, así como los ingleses habían usado a los fundamentalistas en su expansionismo colonialista, los estadounidenses, quienes no contaban con un cuerpo de expertos y veteranos en la región como los ingleses, decidieron reciclarlos como mecanismo anticomunista. En ese momento los británicos veían disolverse su inmenso poder en la región por lo que trataron de crear alianzas (como el Pacto de Bagdad) entre las naciones que esperaban seguir manipulando. Pero en gran medida no tuvieron la influencia esperada y no pudieron detener el avance estadounidense en el Oriente Próximo.


Milicias palestinas tras una batalla contra el ejército jordano

Qtub en una prisión egipcia
Qtub en una prisión egipcia

La trágica epopeya de Nasser
Nasser logró sobrevivir a la Guerra del Canal Suez en 1956, cuando Francia, Inglaterra e Israel atacaron Egipto. La guerra parecía perdida pero la intervención soviética y una orden de Eisenhower obligó a las potencias europeas a retirarse del Canal de Suez antes de lograr su principal objetivo que era derrocar al presidente egipcio. Esto provocó la renuncia de uno de los principales enemigos de Nasser, el primer ministro británico, Anthony Eden (quien declaró: “Quiero que lo asesinen… Y me importa un demonio si se desata la anarquía y el caos en Egipto”, como cita Stephen Dorril). Nasser en 1954 (cuando trataron de asesinarlo con ocho disparos durante un discurso público que se negó a suspender y siguió hablando: “Déjenlos que maten a Nasser. ¿Quién es Nasser sino uno entre muchos? Mis queridos compatriotas. No se muevan de ahí. No estoy muerto, estoy vivo e incluso si muero todos ustedes son Gamal Abdel Nasser”) confrontó y logró controlar a la Hermandad Musulmana (a quienes llamaba “terroristas medievales”). Al mismo tiempo se convirtió en la pesadilla de los servicios de inteligencia estadounidenses quienes lo veían como su principal enemigo en Oriente próximo. Allen Dulles, el director de la CIA, y John Foster Dulles, el secretario de estado, ni siquiera imaginaban la clase de amenaza que representaba la Hermandad, pero estaban obsesionados con la fantasía de que Nasser era comunista. Nada podía estar más lejos de la verdad, Nasser persiguió a comunistas y socialistas en quienes no confiaba y veía como enemigos, además de que el apoyo que recibía de los soviéticos era siempre cauteloso y limitado. La hermandad se reorganizó y volvió a lanzar ataques a mediados de los años 60. Nuevamente Nasser los confrontó, logró desmantelar a la organización, envió a prisión a muchos líderes e incluso ejecutó a su principal teórico Sayyid Qutb (conocido como la principal inspiración ideológica de Bin Laden). Al llegar John F. Kennedy al poder trató de cambiar el rumbo de su administración y establecer relaciones con el gobierno egipcio, pero la buena voluntad del joven presidente fue saboteada por cabilderos prosauditas y proisraelíes y porque Egipto se involucró en la guerra revolucionaria de Yemen, la cual era percibida como una amenaza directa contra Arabia Saudita. Nasser, quien era célebre por fumar cinco paquetes de cigarrillos al día se salvó de varios intentos de asesinato (por lo menos uno en el que trataron de envenenar su tabaco) y más conspiraciones, pero en cierta forma fue culpable de su catástrofe y de la debacle del nacionalismo árabe, la cual tuvo lugar tras la terrible derrota de los ejércitos egipcio, sirio y jordano en la guerra de los Seis Días contra Israel, en la cual todos perdieron parte de su territorio, pusieron en evidencia su inferioridad militar y dejaron un amargo sabor de boca en todo el mundo árabe que eventualmente llevó a muchos a buscar esperanza en el fundamentalismo religioso. Tres años más tarde, un afligido y agotado Nasser (tras décadas de jornadas de 18 horas de trabajo) murió a los 52 años de un infarto, el 28 de septiembre de 1970, al tiempo que en Jordania tenía lugar la masacre de palestinos conocida como Septiembre negro. Su sucesor, Anwar Sadat, quien había sido miembro de la Hermandad Musulmana, restableció el viejo orden e hizo todo lo posible para borrar el legado de Nasser.


Hafez al Assad

Nuevos liderazgos
La Guerra de los Seis días dejó al mundo árabe en una ruina moral que propició que entre 1967 y 1970 varios líderes de izquierda influenciados por Nasser tomaran en poder, como Hafez el Assad en Siria, Muammar Khaddafi (quien logró finalmente hacer las paces con los EUA después de renunciar a su inexistente programa de armas de destrucción masiva y su apoyo al terrorismo) en Libia, Jaafar Numeiri en Sudán y Ahmed Hussein al-Bakr y el partido Baz en Irak. Pero estos regímenes “revolucionarios”, independientemente de las debilidades características de los gobiernos golpistas (autoritarismo, militarismo, corrupción, inexperiencia, paranoia, etc.) enfrentaban a enemigos muy poderosos: los intereses estadounidenses, Israel y un movimiento fundamentalista que crecía, se internacionalizaba y se radicalizaba.

Mohammed Mossadegh
Mohammed Mossadegh

La catástrofe de la democracia iraní
Fuera de la órbita del mundo árabe, el islam político también estaba en vías de volverse una monstruosidad aberrante debido al apoyo que ese movimiento recibió de la CIA con el fin de contrarrestar a los nacionalistas y comunistas. El ejemplo más conocido es el de Mohammed Mossadegh, que por ser un ferviente defensor de la nacionalización del petróleo iraní, terminó en la mira de la Anglo Persian Oil Company (que hoy es la empresa supuestamente comprometida con el medio ambiente: British Petroleum) que gozaba de los derechos exclusivos del petróleo iraní. En 1951 Mossadegh fue nombrado por el Sha para el puesto de primer ministro tras el asesinato del general Ali Razmara por un fanático fundamentalista. Mossadegh era un moderado que tenía una buena relación con el Sha, sin embargo tuvo el atrevimiento de pensar que el pueblo iraní debía ser dueño de su petróleo. Inicialmente, el extravagante Mossadegh (quien era dado a aparecer en publico en su bata de baño y que era dado a expresar sus emociones estruendosamente) fue bien recibido por Washington. La Casa Blanca intercedió por él para calmar la furia de los británicos (quienes contaban con ese petróleo como su principal reserva) e incluso le vendió armas. Todo cambió cuando el nuevo líder rechazó la propuesta estadounidense de tomar el relevo de los ingleses y controlar el petróleo iraní. El 19 de agosto de 1953 Mossadegh fue víctima de un golpe de estado planeado por la inteligencia inglesa, MI6, y la CIA, quienes coordinaron las acciones de las fuerzas monarquistas y de las hordas islámicas, principalmente aquellas comandadas por el Ayatolá Abolqassem Kashani, quien fue el padre espiritual del Ayatolá Khomeini. Con Mossadegh depuesto, el Sha otorgó a los EUA una buena tajada de la industria petrolera, pero no premió a los islamistas que lo ayudaron, sino que los cercó y oprimió, ya que deseaba modernizar y occidentalizar al estado. Esto eventualmente lo llevó a su caída y a la aparición del gobierno de los mulás. De manera semejante, Anuar Sadat fue asesinado por miembros de la Hermandad a los que había restituido sus libertades y privilegios, a cambio de usarlos para golpear a la izquierda. Las secuelas de esa alianza pueden verse en Egipto hoy, donde fanáticos y criminales son empleados rutinariamente por el gobierno para atacar a intelectuales, manifestantes y políticos de la oposición.

King Faisal
El rey Faisal


El feroz y dócil reino de Saudi Arabia

El reino saudita quería ganarse el respeto del resto del mudo árabe por ser los guardianes de los sitios sagrados de Meca y Medina, sin embargo como estado carecía de mucha credibilidad. El monarca, Saud, sobresalía por ser alcohólico, adicto al sexo, incompetente y corrupto, pero no por saber cómo gobernar un estado moderno. En Arabia Saudita la enseñanza se reducía a memorizar y estudiar el Korán en escuelas, academias y universidades pero no había un sistema educativo formal. Pero los EUA decidieron que el reino era el mejor bastión contra el comunismo por lo que optaron darle su apoyo económico, político y militar. Y a su vez los sauditas invertirían en la Hermandad musulmana, una organización que apoyaban pero no toleraban dentro de sus propias fronteras. En 1964 Saud fue relevado de su cargo por el rey Faisal, quien era ligeramente menos incompetente y era mucho más útil a los intereses estadounidenses. Su tarea consistía en crear la ilusión de ser un hombre piadoso que defendía a sus hermanos árabes y luchaba contra el sionismo mientras se encargaba de mantener el flujo de petróleo hacia Occidente y de dinero hacia los fundamentalistas.


Ayman al-Zawahiri en una prisión egipcia

La primera víctima
Una de las tres ocasiones en que la humanidad estuvo cerca de una guerra nuclear fue durante la Guerra del Ramadán en octubre de 1973, cuando Egipto y Siria atacaron Israel en los territorios que había ocupado en la Guerra de los Seis Días. Al reponerse a la sorpresa, los israelíes contraatacaron y despedazaron a ambos ejércitos enemigos. Si la URSS hubiera intervenido apoyando a Egipto es muy probable que hubiera tenido lugar una confrontación de potencias. Pero Egipto aceptó la propuesta estadounidense con lo que terminó la alerta nuclear. Esta derrota monumental contra los árabes fue paradójicamente aprovechada por el presidente egipcio Anuar Sadat. No sólo fue una campaña bélica rodeada de verborrea religiosa (lanzada en pleno ramadán-yom kippur) sino que además dio oportunidad a Sadat de restablecer vínculos con EUA para negociar un cese al fuego y mediar los términos de la paz con Israel. Dreyfuss señala que es imposible saber si toda la aventura bélica no fue simplemente una estratagema para que Sadat se creara una aura de guerrero musulmán y, armado con ese prestigio, renunciar al idealismo nacionalista, romper con los demás países árabes y resolver de manera independiente sus diferencias con Israel. Por medio de una campaña propagandística Sadat presentó la derrota militar como una especie de triunfo. En su nueva encarnación piadosa, Sadat permitió que los fundamentalistas se reorganizaran y al fortalecerse adoptaron una retórica más antioccidental, más antidemocrática, más antifemenina y más beligerante. Una de las primeras víctimas de esta transformación fue el propio Sadat, quien fue asesinado por miembros de la organización Jihad islámico durante un desfile militar el 6 de octubre de 1981. Entre los cómplices del ataque destacaba Ayman al-Zawahiri, quien se volvería la mano derecha de bin Laden.


Muhsin al Hakim

El islam económico
La Hermandad musulmana siempre estuvo del lado de las grandes fortunas, a favor de las privatizaciones de empresas del estado, de las reformas y medidas de austeridad impuestas por el FMI y el Banco Mundial; pero en contra de las huelgas, los sindicatos y los programas de beneficio público. Varios miembros de la Hermandad publicaron textos en los que aseguraban que Mahoma creía en el capitalismo y el libre mercado, mientras que estaba en contra de impuestos y regulaciones. De creer a estos (econo)teólogos el Profeta hubiera podido ser confundido con una especie de Milton Friedman del desierto (ver Islam and the Free Market, de Peter J. Ferrara y Khaled Saffuri en: http://www.islamicinstitute.org/freemrkt.htm). La Hermandad, como otras sectas religiosas piensa que su labor con los pobres se lleva a cabo a través de la caridad, no la justicia social. Enredados en esta ideología nacieron los bancos islámicos (el primero fue el Mit Ghamr, de Egipto), creados con las fortunas de miembros ricos de la Hermandad y el apoyo de los gobiernos saudita, egipcio y jordano entre otros, quienes dieron todas las facilidades, crearon nuevas leyes e ignoraron las existentes para establecer un sistema que propulsaría una “economía islámica” para confrontar a la “banca judía” y “anti islámica” de sus pesadillas paranoides y xenófobas. Estas instituciones eran corruptas, incompetentes y caóticas por lo que necesitaron de la asesoría de bancos occidentales como Citibank, HSBC y Chase. Su función originalmente era ayudar al desarrollo de negocios islámicos pero pronto fueron usados para subsidiar a grupos extremistas y terroristas en el mundo. El principal teórico del “islam económico” fue Mohammed Bakr al-Sadr, quien junto con al Muhsin al-Hakim formaron en los años 50 el partido al Dawa (o el llamado) para contrarrestar la popularidad que comenzaban a ganar las ideas socialistas entre las masas pobres (principalmente shiítas). Este grupo creado por los patriarcas de las dos principales dinastías de líderes religiosos en Irak, al Sadr y al Hakim, se dedicó al sabotaje, el asesinato, la intimidación y el terrorismo para disuadir y recuperar almas para la fe. Al Dawa, originalmente incluía a shiítas y sunitas, y recibía asesoría y material de la temida SAVAK, los servicios de inteligencia del Sha de Irán. Hussein mandó al paredón a cientos de miembros de al Dawa por haber colaborado con el enemigo en la guerra contra Irán. El actual Primer Ministro iraquí, Nouri al-Maliki, es miembro de al Dawa.


Yasser Arafat

La fundamentalización de Palestina
A partir de 1967 Israel y Jordania comenzaron a apoyar a la Hermandad musulmana para debilitar y sabotear al gobierno sirio y a la Organización para la Liberación de Palestina. Hashemitas y sionistas mantenían una relación fría y tensa pero pragmática para combatir a sus enemigos mutuos. Arabia Saudita por su parte daba un entusiasta apoyo financiero a los fundamentalistas en Palestina. De tal manera cuando se formó la organización que se volvería la OLP, el movimiento se dividió en una rama laica, el Movimiento Nacional para la Liberación de Palestina o Fatah (1958-59), y otra islámica que permaneció aliada a la Hermandad y fue formada en buena parte por palestinos que habían estudiado y habían sido endoctrinados en Egipto. Mientras el primer grupo tenía metas nacionalistas e independentistas, el segundo en cambio se oponía a la creación de un estado palestino, tenía lealtad con el rey jordano y soñaba con crear un califato islámico en todo el mundo árabe (lo cual no era una idea atractiva para los palestinos cristianos). Hasta la guerra de 1967 los movimientos y partidos palestinos nasseristas, socialistas y comunistas eran extremadamente populares. Pero a medida en que la organización que lideró Yasser Arafat hasta su muerte fue víctima de toda clase de ataques, represión, sabotaje y corrupción endémica, los palestinos fueron buscando otras opciones y lamentablemente muchos encontraron una respuesta a su desesperanza en la Hermandad.


Ahmed Yassin

El golem fundamentalista
Más tarde Israel vio a un aliado en Ahmed Yassin (al cual el gobierno israelí decidió asesinar con un misil), el frágil pero flamígero líder de la Hermandad en la franja de Gaza. Inicialmente las autoridades israelíes en los territorios ocupados lo toleraron y se hicieron de la vista gorda de sus actividades mientras el número de mezquitas pasó de 200 a 600 en Gaza (entre 1967 y 87), la Hermandad creó una infraestructura económica y social considerable, llegaron a controlar alrededor del 10% de las bienes raíces en Palestina (incluyendo comercios, viviendas y tierra de labrado) y fundaron numerosas instituciones islámicas de caridad, las cuales ante la ausencia de un estado se convirtieron por default en la red de seguridad social. Dreyfuss recoge el testimonio de Charles Freeman, un exembajador de los EUA en Arabia Saudita, quien afirma que Hamas fue producto de la organización de inteligencia doméstica israelí Shin Bet. En 1973 la solicitud de Yassin para establecer un Centro islámico fue aprobada por el gobierno de ocupación a pesar de que era una institución religiosa que buscaba controlar a todas las mezquitas y servir como centro de reclutamiento. En 1978 el gobierno de Menachem Begin, autorizó a Yassin a crear una asociación islámica diseñada para restar presencia a la OLP y de hecho, como señala Ray Hanania algunos militantes (organizados en lo que se denominaba Liga de aldeas, que eran consejos locales impuestos por las fuerzas de la ocupación para combatir a la OLP) recibieron entrenamiento paramilitar del propio ejército israelí además de que muchos fueron reclutados (por su voluntad o mediante diversos medios de extorsión y chantaje) como informadores. Yassin formó en 1987 al grupo Hamas, el cual como se convirtió en un grupo terrorista que durante la década de los 90 adoptó el atentado suicida con bomba como modus operandi y ahora ha llegado al poder en Palestina por medio del voto popular. Es inevitable comparar a este engendro con el monstruo de Frankenstein, o mejor aún, con el Golem del rabino Eliyahu de Chelm, quien en la tradición judía es un prodigioso defensor de su pueblo cuya obsesiva determinación lo convierte en una amenaza para los judíos y termina aplastando a su creador.


El golem, en el filme del mismo nombre de Carl Boese de 1920

La guerra fundamental
El islam político se ha convertido en una bestia destructora de sociedades que está provocando una cisma entre el mundo árabe y occidente, un huntingtoniano “choque de civilizaciones” (que reduce a miles de millones de seres humanos a meros estereotipos y clichés), pero más grave es que está disolviendo vertiginosamente el tejido social del Medio Oriente. Entre hombres bomba, células terroristas durmientes, mujeres con burkas y libros de texto sauditas en los que se enseña a los niños de primer año que el judaísmo, el cristianismo y el paganismo son falsas religiones y a los de quinto año se les prohíbe “ser leales a cualquiera que no crea en Mahoma”, la liberación de esta peligrosa ideología reaccionaria no se ve cercana y esto es una tragedia gigantesca. Sin embargo, es inevitable que tarde o temprano aparecerá en el mundo islámico un movimiento rebelde que se oponga al criptofascismo teológico, esperemos que para entonces Occidente deje incitar, apoyar y financiar a los sectores más retrógradas, criminales e ignorantes de la sociedad musulmana.

November 7, 2010

La robotización de las zonas de combate

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EMOCIONES Y GUERRA

En su reciente libro Wired for War, P. W. Singer comenta que sin duda la obsesión de la humanidad con la guerra radica en buena medida en “su capacidad de provocar las emociones más profundas que definen lo que es ser humano: valor, honor, amor, liderazgo, piedad, altruismo, camaradería, compromiso, caridad, sacrificio, odio, miedo y la pérdida de seres queridos”. La búsqueda de este tipo de estímulos en una era de desencanto, cinismo y mediatización de las emociones es sin duda un poderoso magneto para reclutar jóvenes. El mito de la guerra puede ser perversamente fascinante, de ahí el éxito del cine bélico y los juegos de video del estilo de Call of Duty (y otros juegos que ofrecen el punto de vista del tirador), pero esas son experiencias diluidas, controladas y no aspiran a la intensidad de las que provoca la guerra. No obstante, si a la guerra real le quitamos el riesgo, el sacrificio, la angustia y el miedo, y nos queda sólo la experiencia de matar a distancia, entonces la guerra real se ve reducida a una cruel experiencia de la matanza como tarea burocrática o entretenimiento. Esa es la realidad de aquellos “pilotos” de aviones a control remoto y robots armados que aniquilan sospechosos en una pantalla al apuntar y disparar con un joystick.

REEMPLAZOS CYBORGS

La guerra moderna aún depende de soldados que arriesgan la vida al entrar a la bruma del combate, donde la confusión y el pavor son incontrolables y toda confrontación es impredecible. No obstante, a partir de la primera Guerra del Golfo las campañas bélicas estadunidenses y occidentales han tratado de venderse al público como batallas peleadas principalmente con armas inteligentes en las que hay un mínimo de pérdidas humanas (propias) y apenas un poco de “daño colateral”. Después de incontables errores y matanzas de inocentes, no cabe duda que la precisión de estas tecnologías es más que cuestionable. Pero en cualquier caso los frentes de combate están cada vez más poblados de máquinas inteligentes, como los aviones drones, en particular el Predator, que patrullan los cielos comandados desde puestos de control remotos y eventualmente disparan misiles Hellfire y otras armas en contra de blancos sospechosos, que a menudo resultan ser equivocados. La flotilla de Predators ha crecido, de diez en 2001, a unos trescientos hoy, mientras que en 2008 todos los aviones a control remoto del ejército sumaban 5 mil 331, casi el doble que sus flotillas de aviones comunes. En tanto que en tierra los soldados cuentan con robots capaces de desarmar bombas, participar en misiones de rescate, en patrullas de vigilancia, en puestos de observación y reconocimiento, y que pueden ser usados como francotiradores, como el versátil Packbot y su competencia el Talon, máquinas resistentes con una sorprendente autonomía y flexibilidad. Al inicio de la guerra de Irak no había un solo robot en el frente; en 2005 había 2 mil 400, en 2008 eran alrededor de 12 mil y los pedidos siguen aumentado. Hoy el ejército estadunidense cuenta con alrededor de veinticinco tipos de robots diferentes en zonas de combate. La tendencia es a incorporar cada vez más robots en el terreno de combate y reducir la participación de soldados humanos. Un ejemplo: en la marina eliminar a un marinero de un barco representa un ahorro de 150 mil dólares anuales.

VIOLANDO LEYES

Esto puede verse como una evolución lógica del uso de la tecnología para matar al prójimo, pero tiene graves implicaciones, la más obvia es que viola las leyes de la robótica de Isaac Asimov (concebidas en un contexto de ficción pero ahora muy necesarias):

1. Un robot no podrá lastimar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la primera ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda.

EL FRENTE DOMÉSTICO

Es bien sabido que poco después de enviar robots a las guerras en el Medio Oriente, el siguiente destino de estas máquinas fue la frontera sur, donde la tarea de cazar terroristas pasó a ser la de cazar indocumentados. El departamento de Seguridad de la Patria adquirió su propia flota de Predators y sólo entre 2005 y 2006 detuvo a 2 mil 309 personas. Además, por lo menos un grupo de civiles cuenta también con aviones a control remoto que usa para vigilar la frontera e informar a las autoridades.

UN PELIGROSO FUTURO

Los robots bélicos de hoy son usados para lesionar y matar (Singer cuenta cómo algunos batallones usan pequeños robots marcbot de 5 mil dólares para enviar y detonar minas en lugares donde hay insurgentes), además de que lesionan y/o matan a gente por inacción, error o negligencia. Estamos en el umbral del momento en que estas tecnologías comiencen a tomar decisiones propias para lesionar o matar humanos deliberadamente. Esta permisividad va a definir la mediósfera de los próximos años y el panorama no es alentador.






















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