Homo Cyborg-Naief Yehya

June 22, 2009

La ideología de la ametralladora y la guerra de Obama

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Tibios genocidas

En 1862 el Dr. Richard J. Gatling patentó su más reciente invención: “el arma de batería de revolución”: seis tambores de rifle calibre .58 sujetos circularmente alrededor de una vara giratoria equipada con un aditamento que recarga municiones automáticamente, un mecanismo de disparo que se controla con una simple manivela y que se monta sobre ruedas. Esta ametralladora primitiva llegaba a disparar 350 tiros por minuto y se usó por primera vez en la Guerra de secesión estadunidense en 1864. Gatling terminó sus estudios de medicina en 1850, pero su verdadera pasión era inventar cosas, desde un aparato para sembrar trigo hasta un dispositivo para perfeccionar el funcionamiento del excusado. Sin embargo, la máquina que pasó a inmortalizarlo fue el arma que cambió para siempre la forma en que se pelea cualquier conflicto. Gatling, quien se consideraba a sí mismo un humanista, se dio cuenta de que durante la mencionada Guerra de secesión la mayoría de los muertos sucumbieron a enfermedades y no por las balas del enemigo, entonces el médico, en vez de dedicarse a encontrar cura a dichas enfermedades, tuvo una singular ocurrencia que, en 1877, explicó así: “Se me ocurrió que si podía inventar una máquina –una arma– que pudiera, por su rapidez para disparar, permitir a un hombre encargarse del trabajo en el campo de batalla de cien hombres, esto es, que pudiera en gran medida sustituir la necesidad de grandes ejércitos, en consecuencia el riesgo de exponer [hombres] a batallas y enfermedades disminuiría enormemente[sic].” La patética ingenuidad de este tecnócrata, que podríamos llamar la ideología de Gatling, se refleja en la infame ceguera de los neocones que lanzaron una guerra contra Afganistán con un mínimo de tropas, valijas (literalmente) llenas de dólares para sobornar a jefes tribales y toneladas de equipo de tecnología de punta. En ambos casos el costo humano se disparó exponencialmente por encima de las expectativas de estos tibios genocidas.

Breve Distracción

Pensaba en el “terrible invento del señor Gatling”, como lo llama Julia Keller en su reciente libro, mientras contemplaba la patética derrota de la selección mexicana frente a la “selecta” de El Salvador, en el monumental estadio de Cuscatlán. La ametralladora me pareció una apropiada metáfora de la paliza que nos propinaron y la condición en que quedó un equipo que, a fuerza de cambios de técnicos, falta de continuidad, manipulación de promotores, voracidad de televisoras, desesperante ausencia de goleadores y de carácter, parece herido de muerte.

¿Quién es el enemigo

Pero hagamos a un lado al metafórico ametrallamiento del Tri para regresar a la ideología de la ametralladora y su influencia en la guerra antes mencionada, la cual Obama ha hecho suya y ahora se ha extendido a Pakistán. A casi ocho años del comienzo de la guerra de Afganistán, la situación en ese país sigue siendo desastrosa, las condiciones de vida no han mejorado y el talibán se ha reorganizado y reinventado. El grupo que durante su paso por el poder nunca pudo controlar a todo el país, hoy está revitalizado y su contraparte en Pakistán se ha vuelto mucho más osada y se ha fortalecido al confrontar al ejército en la zona de Swat, donde, como explicó el general Sajad Ali, comandante de las tropas en el norte de Swat, al Washington Post (22-5-09): “No se puede distinguir entre un Taleb y un ciudadano normal. El área está densamente poblada y es muy fácil para los terroristas esconderse.” Está imposibilidad de diferenciar entre el enemigo y el pueblo, ha engendrado una catástrofe humanitaria en la que han perdido la vida miles de inocentes y más de 2 millones de personas han sido desplazadas de su tierra.

Ametralladora ideológica

La ametralladora fue apenas usada en la Guerra de secesión, en cambio, fue una poderosa herramienta “civilizadora” utilizada por Estados Unidos y las potencias europeas en sus conquistas territoriales, para someter o eliminar nativos rencorosos y para despojar naciones de sus riquezas naturales. La guerra de Obama es otro de esos brutales ejercicios intervencionistas, postcoloniales, realizado a través de un gobierno títere, armado, financiado y sostenido por Washington. Tras innumerables ataques con aviones drones sin piloto, que han costado numerosas vidas, y un esfuerzo en gran medida inútil por parte del ejército paquistaní para erradicar al talibán, este grupo ha lanzado docenas de ataques contra blancos civiles en Pakistán (como el del Hotel Pearl Continental de Peshawar), con lo que la estabilidad del país se desmorona en gran medida bajo el peso de la ideología ingenua y criminal de Gatling, la cual lamentablemente parece haber infectado a Obama.

May 7, 2009

Lecciones no aprendidas: fin de año y genocidio en Gaza

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Tragedia como entretenimiento en la gran pantalla
El 2008 terminó con una efervescencia de películas hollywoodenses acerca de nazis y el Holocausto: The boy in the striped pajamas (El niño de la pijama rallada, Mark Herman), The Reader (El lector, Stephen Daldry), Defiance (Desafío, Edward Zwick), Valkyrie (Brian Singer), Adam Resurrected (Adán resurrecto, Paul Schrader) y Good (Bueno, Vicente Amorim). El productor, director y cofundador de Miramax, Harvey Weinstein, declaró al New York Post: “Nunca habrá demasiados filmes del Holocausto. Es un tema maravilloso para ser explorado en cuantas formas sea posible… Espero que nuestros hijos se eduquen acerca del Holocausto para que se cumpla el Nunca más”. Al mismo tiempo, las fiestas decembrinas tuvieron como fondo en las pantallas caseras la masacre de Gaza, la más reciente agresión e incursión sionista en territorio palestino. Es cierto que es necesario repetir las lecciones de la historia para no olvidarlas, lo grave es cuando en vez de aprender de dichas lecciones la reiteración nos hace insensibles a las tragedias de nuestro tiempo.


Propaganda y democracia
No resulta fácil cometer la clase de atrocidades que está llevando a cabo el ejército israelí al bombardear masivamente una de las zonas más densamente pobladas del mundo y presentarse como la víctima. El manejo de la desinformación y la propaganda ha jugado un papel fundamental en esta operación militar. Basta ver que en los medios electrónicos y la mayoría de los medios impresos en los Estados Unidos el conflicto es referido como la lucha entre Israel y Hamas y no como Israel contra el pueblo palestino. De tal manera el enemigo se convierte en una entidad abstracta, fácilmente estigmatizable y casi universalmente repudiada. Pero este conflicto como cualquier otro tiene una historia y Hamas no es una aberración inexplicable sino el producto de décadas de ocupación, despojo y sistemática aniquilación de líderes del pueblo palestino. El recientemente desaparecido Edward Said escribió: “Israel es frecuentemente señalado como una democracia. Si ese es el caso, entonces es una democracia sin consciencia, un país cuya alma ha sido capturada por la manía de castigar al débil, una democracia que refleja fielmente la mentalidad sicópata de su [ex]líder, el general Sharon, cuya única idea —si esa es la palabra correcta— es matar, reducir, lesionar expulsar a los palestinos hasta quebrarlos”


Una lección de historia más
Charles Freeman, el diplomático estadounidense y exembajador de los EUA en Arabia Saudita dice: “Israel comenzó Hamas. Era un proyecto del Shin Bet [la agencia de inteligencia doméstica] con la idea de usarlo para controlar a la OLP” (citado en Devil’s Game, Robert Dreyfuss). Hamas evolucionó de la Hermandad musulmana con el apoyo de los halcones del gobierno israelí como Menahem Begin, Ariel Sharon y Yishtak Shamir, entre otros. En 1978 Begin legitimó a la Asociación Islámica de Ahmed Yassin (el líder anciano y hemipléjico que fue asesinado en 2004 por un misil israelí mientras viajaba en su silla de ruedas) y dio lugar a la creación de las Ligas de las aldeas, concejos locales anti OLP controlados por el Shin Bet. Hamas cuyo nombre es un acrónimo del Movimiento de Resistencia Islámica que significa fervor, fue fundado entre 1986 y 87 por Yassin, coincidentalmente al tiempo de la primera Intifada. Hamas originalmente sólo empleaba la violencia en contra de otros palestinos pero apoyó la Intifada, aunque todo mundo sabía que estaba vinculado con el gobierno sionista. En buena medida su función era estorbar, sabotear y mantener un continuo y sangriento estira y afloje con la organización de Yasser Arafat. Más tarde cuando comienzan las negociaciones de paz entre la OLP y el gobierno israelí (septiembre 1993- septiembre 2000) Hamas se fue debilitando pero la masacre cometida el 25 de febrero de 1994 por el brookliniano Baruch Goldstein, del movimiento Kach, quien mató a 29 palestinos mientras oraban en la Caverna de los patriarcas de Hebrón, fue el detonador que necesitaba Hamas para revivir y convertirse en la organización terrorista responsable por docenas de ataques suicidas que cobraron la vida de cientos de israelíes. Hamas fue una estrategia de manipulación extremadamente eficaz para desarticular la lucha palestina por un estado nacional. Hamas era una organización con pocas probabilidades de éxito en una sociedad educada, políticamente consciente, heterogénea en lo social, cultural y religioso (gran parte de los palestinos son cristianos). A fuerza de destruir toda alternativa, de humillaciones inverosímiles, asesinatos, robo de tierras, presión y acoso, el gobierno israelí logró que Hamas se convirtiera en una organización de masas con el apoyo de más de una tercera parte de los palestinos.


Embate propagandístico
Mientras discutía con amigos y colegas estadounidenses y mexicanos al respecto de la reciente carnicería israelí me llamó la atención que la mayoría repetían lo que parecían eslóganes: “Hamas construye bombas debajo de los pupitres escolares”, “Los palestinos son tan víctimas de Israel como de los fundamentalistas de Hamas” y la más estrepitosa (por sus connotaciones racistas: árabes bestias, judíos decentes): “Lo que Israel hace ahora no es nada comparado con lo que haría Hamas si pudiera”. Mientras debatíamos sofismas el Ejército israelí (EDI) seguía aplastando Gaza. “La masacre en Gaza se justifica porque Hamas hubiera hecho lo mismo si pudiera, aunque no lo hagan porque no pueden”, como escribió Robert Fisk, quien en las páginas del Independent también identificó la misma retórica.



Mundos paralelos
La estrategia propagandística israelí ha sido global, incisiva y tan feroz como los bombardeos de sus pilotos. Por un lado han logrado influenciar tanto a los medios electrónicos como impresos con su mensaje, por otro fueron creados grupos de voluntarios en todo el mundo para discutir, denunciar y acosar a todo medio informativo regional, local o comunitario, páginas del web y blogs que no hagan eco de su versión. Uno de los mensajes más repetidos era el de establecer comparaciones, como mostrar el mapa de Nueva York o Toronto o Buenos Aires y pintar a un lado una franja de Gaza imaginaria, con un rango de alcance de misiles sobre la ciudad en cuestión. ¿Qué haría usted si los misiles cayeran sobre su casa? La hipótesis es absurda ya que no contempla: 1) que ninguna de esas ciudades mantienen a una población bajo un bloqueo genocida ni asesina regularmente a sus líderes y figuras públicas; y 2) que París no fue arrebatada a la población árabe durante la Nakba o catástrofe de 1948, cuando miles de palestinos fueron expulsados de sus tierras. Sin acción no hay reacción.


Construir un país desde una jaula
Los medios estadounidenses al unísono optaron por justificar la acción militar israelí, al repetir dogmas propagandísticos como los mencionados o como: “Esto no hubiera pasado si los palestinos en vez de querer destruir Israel se dedicaran a construir Palestina”. Difícilmente cualquier autoridad palestina puede construir un país en los bantustanes amurallados sin viabilidad territorial, sin acceso a mercados, materias primas, herramientas, transporte o seguridad que son Gaza y Cisjordania, fragmentos de tierra hipervigilados recortados caprichosamente por autopistas prohibidas a los palestinos, con puestos militares en cada recodo y camino, con acceso limitado al agua, la energía y la educación, con un gobierno títere como es la autoridad, completamente desprestigiada, de Abbas y su cohorte de pillos y colaboradores israelíes.


Una montaña de muertos
Pero quizás la idea más perturbadora del arsenal propagandístico es que Israel hace todo los esfuerzos posibles por evitar el daño colateral, por no asesinar civiles indefensos. Una y otra vez a lo largo de la historia ha sido demostrado que esto es una mentira flagrante. Desde la mencionada Nakba, en que pelotones de milicianos, como el Irgún y brigadas de la muerte, como la Unidad 101, lanzaron campañas de terror para matar o expulsar de la Palestina histórica a cerca del 85% de la población nativa, los sionistas crearon un culto de las armas y una ideología de la fuerza como única solución a cualquier problema. Quienes afirman eso ignoran o han olvidado la masacre de un centenar de civiles en Deir Yassin en 1948, las campañas del EDI en Líbano en 1982, cuando cerca de 2000 civiles palestinos murieron bajo las bombas y por las balas israelíes, la matanza de Qana en 1996 donde murieron más de 100 civiles, la masacre de Marwahin, la acción militar en julio y agosto de 2006 contra de Hizboláh, donde murieron alrededor de 1200 civiles y por supuesto, los 1300 civiles asesinados en Gaza. La pila de cadáveres que ha acumulado el EDI en su breve historia es impresionante y de ninguna manera es garantía de paz y seguridad.


La gran inmoralidad
Resulta inmoral y pasmoso que durante una clara matanza de civiles, los medios y en particular los editorialistas encuentren razones para justificar la muerte y destrucción impuesta a un pueblo que carece de ejército y que vive en condiciones que hacen ver humano el bloqueo de Sarajevo. Resulta increíble que aún se utilice el recurso de acusar de antisemitismo a cualquier critico de los crímenes del estado israelí. Quienes hoy defienden esta masacre son los mismos que ayer hubieran defendido la matanza de My lai, que habrían encontrado argumentos para justificar el anschluss y quizás hasta hubieran dado igual credibilidad a las víctimas judías alemanas que a los culpables de la repugnante abominación que conocemos como Kristallnacht.

April 21, 2009

J.G. Ballard: los mitos del futuro y la arquitectura de la desolación

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James Graham Ballard 11/15/1930 - 4/19/2009

La reciente muerte de JGB me hizo desenterrar este texto publicado en la revista Nexos, de México, hace cuatro años.

—“Este autor está más allá de la ayuda psiquiátrica. ¡No publicar!”

Esta fue la conclusión definitiva a la que llegó un anónimo editor al que se le comisionó dictaminar la polémica novela Crash (1973), de James Graham Ballard. Quizás este juicio aparentemente histérico no hubiera pasado de ser una nota cómica o un comentario ridículo e insignificante en la biografía de un autor que hoy es universalmente reconocido como un prolífico visionario, sin embargo en buena medida esas palabras reflejan la sensación de incomodidad, angustia e incluso malestar físico que puede producir esa y algunas más de las obras de este exestudiante de medicina. Podemos aventurar que la irritada espontaneidad de esas palabras está cargada de la misma honestidad que Ballard busca en su narrativa y con la que desea provocar reacciones que despierten la humanidad del lector.
Ballard es considerado por muchos como un autor de culto de ciencia ficción, como uno de los pilares de la imaginería cyberpunk y como el padre de una de las novelas más transgresoras de la historia. La realidad es que este autor es mucho más que un gurú posmo o que un ídolo de las masas adolescentes, Ballard es un feroz crítico social que ha consagrado buena parte de su obra a analizar la manera en que la tecnología articula y vuelve posibles los peores impulsos de la gente, y que se ha dedicado a explorar y disecar lo que denomina la “mitología del futuro”, la colección de iconos, imágenes, patologías y obsesiones que han surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Este escritor se dio a conocer fuera de los círculos de aficionados a la ciencia ficción cuando Steven Spielberg llevó en 1987 a la pantalla su novela, El imperio del sol, el recuento semi autobiográfico de su infancia en China. Ballard nació en 1930 en el seno de la burguesía inglesa que radicaba en el asentamiento internacional de Shangai; una comunidad que vivía rodeada de servidumbre y aislada de la realidad de ese país asiático. Todo cambió cuando Japón invadió China en 1936. Ballard fue testigo de las atrocidades cometidas por las tropas niponas en contra de la población china y en 1943, tras el ataque japonés a Pearl Harbour, su familia, al lado de cientos de inmigrantes occidentales, fueron desplazados de lo que quedaba de su idílico paraíso colonial al campo de concentración de Lunghua. Si bien es obvio que su experiencia durante la guerra y los dos y medio años de encierro fueron unas de sus principales influencias, Ballard asegura que nunca pudo recuperarse del choque cultural que sufrió a su “retorno” a Inglaterra (un país que le era completamente extraño); “Cuando llegué en 1946 encontré que Londres parecía Bucarest con una cruda –montañas de escombros, un pueblo exhausto y derrotado por la guerra, y todavía engañado por la retórica churchilliana, que tropezaba por el paisaje devastado de pobreza, libros de raciones y grotescas divisiones sociales” .
Paradójicamente, hace más de 20 años que Ballard no escribe ciencia ficción y la mayoría de sus obras más conocidas no pertenecen realmente a este género, al que acertadamente considera como una rama menor de la tradición de los relatos cataclísmicos. Y precisamente, si algo fascina a este autor son las catástrofes devastadoras de mundos, a las que concibe como metáforas de “la destrucción de la imagen del escritor mismo” y a la vez como “un intento por confrontar a un universo sin sentido al desafiarlo en su propio juego” .

Historias apocalípticas
En casi medio siglo Ballard se ha reinventado varias veces, y ha pasado de la fantasía de anticipación a la novela de la posguerra, de la ficción experimental de vanguardia al modernismo clásico, de la narrativa de aventuras al posmodernismo, de la necro-tecno-pornografía a la novela de misterio y la intriga policíaca. Ballard es un formidable cuentista (18 colecciones de relatos publicadas) pero por motivos de espacio nos concentraremos aquí tan sólo en sus novelas (16 publicadas); en las primeras cuatro de ellas Ballard realizó una exploración elegante y sistemática de la naturaleza de las catástrofes. En cada una de las novelas de esta tetralogía el mundo es destruido por un elemento distinto: el aire en The Wind From Nowhere (El huracán cósmico o El viento de la nada, 1962), el agua en The Drowned World (El mundo sumergido, 1962), el fuego en The Drought (La sequía, 1964) y la tierra en The Crystal World (El mundo de cristal, 1966). Esta última sería probablemente su última novela que podemos considerar estrictamente como de ciencia ficción.
Cambios dramáticos en su vida, como la muerte accidental de su esposa, llevaron a Ballard a dar un giro brusco a su carrera, en cierta forma abandonando el éxito y reconocimiento que comenzaba a cosechar en el medio de la ciencia ficción. Después de tres años de trabajo terminó La exhibición de atrocidades (1970), un texto críptico, híbrido y delirante, una novela fragmentaria y profética, que algunos se han atrevido a comparar con la laberíntica obra maestra de James Joyce, Finnegan’s Wake. En este complicado collage en el que conviven se funden y chocan diversos géneros, se establecían vibrantes contrapuntos entre incontables listas (algunas auténticamente irritantes como la de Las Generaciones de América, que consiste en una lista de nombres sacados de los créditos de las revistas Time, Look y Life), oscuras referencias a acontecimientos históricos y brutales recuentos de desmembramientos y mutilaciones sexuales que hacen pensar en los pasajes más intensos del Marqués de Sade. Este libro ofrece una prodigiosa disección del abigarrado bombardeo de información y entretenimiento al que nos somete la mediosfera y sigue hoy tan actual como hace dos décadas. Aquí Ballard inventaba un discurso poético para la era de la televisión y pudo anticipar que el culto de las celebridades, el voyeurismo, la necrofilia y la fascinación con la violencia extrema se transformarían en obsesiones de la cultura popular. Aunque él mismo ha señalado que no hacía falta una gran habilidad profética para imaginar cual sería el legado de las décadas de los 60 y 70. Ballard pudo ver en nuestras tecnologías como se trazaba la historia del futuro cercano y supo que la tecnología nos ofrecería tarde o temprano las herramientas para explorar nuestras perversiones más infames.
La exhibición de atrocidades, es una vertiginosa provocación en diferentes niveles, tanto por el lado formal como por su discurso netamente sádico que confrontaba al lector con la grotesca explotación toda clase de horrores corporales. Pero por otro lado el libro ofrecía también un nivel de subversión política como en el capítulo Porque me quiero coger a Ronald Reagan, en el cual se explica, entre otras cosas y en un tono seudo científico, el papel conceptual, la personalidad y las fantasías eróticas provocadas por las características corporales y faciales de Reagan. Este texto provocó en 1970 que el editor Nelson Doubleday triturara el tiraje completo del libro recién impreso. Lógicamente Ballard tuvo que conseguir otro editor. Porque me quiero… fue impreso en papel con apariencia oficial y fue repartido clandestinamente entre los delegados de la Convención Republicana de 1980, quienes lo aceptaron como si se tratara de un documento creado por un “think tank” de relaciones públicas, con el fin de mejorar la imagen pública del entonces candidato presidencial.
En 1972 Ballard organizó una exposición de autos chocados en una galería de arte de Londres. La respuesta del público fue extraordinaria ya que los autos desfigurados provocaron numerosas respuestas intensas y emocionales, desde una salvaje borrachera colectiva en la noche de la inauguración hasta un intento de violación en el asiento trasero de uno de los coches. Los autos fueron objeto de rabiosos y catárticos ataques por parte de los visitantes de la galería.
Chatarra que en la calle hubiera pasado desapercibida adquiría en ese contexto un aura provocadora y hasta insultante. Esa exposición convenció a Ballard de la necesidad de explorar los vínculos entre la sexualidad y los choques de autos. El resultado fue Crash (1972), su obra maestra y una novela prodigiosa que trasciende el sensacionalismo y la morbosidad al lograr penetrar los mecanismos de defensa de la conciencia para afectar las emociones del lector. Crash fue escrita a la sombra de los asesinatos de Kennedy, Martín Luther King, la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos. Esta es una novela extraña, cruel y desesperanzada, una obra escrita con una narrativa relativamente convencional y un literalismo descarnado. Aquí se narra la relación del protagonista, James Ballard, con Vaughan, un hombre obsesionado por la sexualidad de los accidentes automovilísticos, quien desea morir en un choque al lado de Elizabeth Taylor y que hace el papel de Virgilio al guiar al protagonista por los infiernos de la perversión motorizada.
Para Ballard los choques de autos eran una metáfora de la manera en que la violencia comenzaba a infestar a la cultura pop y a sustituir o a metastasiar al sexo. Pero además el novelista ponía en evidencia la función de los choques en la imaginación, los cuales eran puestos en escena en el cine y la tele cada vez con mayor violencia y espectacularidad. Lo que pretendía ser realismo era tan sólo una representación cosmética e ideológica del impacto entre autos, lo cual era convertido en una verdadera coreografía de metal retorcido y fuego. Los choques mediatizados eran imágenes rodeadas de clichés que se repetían obstinadamente, como si fueran secuencias orgásmicas de filme pornográfico.
Precisamente cuando se publicó esta novela tenía lugar el boom y la breve era dorada del cine pornográfico. Paralelamente, en el cine comercial comenzaban a incluirse mayores dosis de sexualidad y violencia, a menudo relacionada con persecuciones de autos y por supuesto choques. De tal manera se establecía un fuerte vínculo en el Zeitgeist entre los coches y el sexo. Crash es una experiencia sin precedente y no es demasiado aventurado señalarla como una de las obras más importantes y representativas del siglo pasado.
En 1997 David Cronenberg dirigió una adaptación de Crash que respetaba fielmente el texto original. La cinta fue motivo de escándalo y de un auténtico episodio de pánico moral. Incluso el propio Ted Turner, quien era propietario de la distribuidora Fine Line, la cual tenía los derechos de la cinta, trató infructuosamente de impedir que se exhibiera en los Estados Unidos. El diario London Standard la denominó como una obra que estaba ¨más allá de las fronteras de la depravación” y varios políticos lograron prohibir su proyección en ciertas partes de Londres. Finalmente la película terminó distribuyéndose en video y la histeria desatada quedó en el olvido.
A Crash le siguió otra novela que comenzaba con un accidente automovilístico, Concrete Island (Isla de concreto, 1973). El protagonista, Robert Maitland, pierde el control de su Jaguar y termina estrellándose en una de las islas en medio de la autopista. Maitland queda herido y se convierte en una especie de Robinson Crusoe urbano, al quedar varado en un espacio ahistórico donde descubre las ruinas de una civilización olvidada (autos chocados, sótanos misteriosos, casas victorianas derruidas y pequeñas calles cerradas) y a un par de seres marginales que han aceptado la imposibilidad de escapar esa prisión.
Las siguientes tres novelas giran en torno a otros personajes situados más allá de las fronteras de la modernidad: en High Rise (Rascacielos, 1975) los habitantes de un edificio que viven atrapados y aislados en sus departamentos en estado de permanente paranoia; en The Unlimited Dream Company (Compañía de sueños ilimitada, 1974) un accidente de aviación otorga extraños poderes al piloto caído quien se torna en una especie de dios y transforma con su semen una zona urbana en un paraíso; y en Hello America (Hola, América, 1981) un grupo de científicos y aventureros viajan a Estados Unidos años después de que un cataclismo ha transformado al país en un inmenso desierto. Ballard publicó en 1984, la antes mencionada El imperio del sol, su autobiografía y la primera novela que no contenía elementos surrealistas ni especulación alguna. En 1991 publicó otro recuento semi autobiográfico, The Kindness of Women. Estos recuentos confesionales ofrecían nuevas claves para entender a este autor pero a la vez establecían un juego de espejos y falsas pistas que confundían al Ballard “real” con el Ballard “ficticio” de Crash y otras de sus obras. A partir de El imperio del sol, la literatura de Ballard ha adquirido un tono más sarcástico, quizás porque como él señala, “Cuando eres un escritor joven quieres cambiar al mundo, pero cuando llegas a mi edad te das cuenta de que nada cambiará, no obstante sigues adelante” .

Piscinas secas, autopistas solitarias y otras ruinas del futuro
Sus libros más recientes, como Running Wild (1988), Cocaine Nights (Noches de cocaína, 1994), Rushing To Paradise (1996) y Super-Cannes (2000) están cerca de la novela de misterio o la intriga detectivesca pero están protagonizadas por los mismos seres fríos y desafectados de sus anteriores novelas, además de que también se desarrollan en las mismas zonas anónimas o de transición que ha explorado en sus trabajos anteriores. En ellas el paisaje está dominado por la desoladora uniformidad de obras faraónicas impersonales y anónimas, así como por construcciones carentes de referencias culturales específicas, divorciadas de cualquier función social, transformadas en ominosa basura imposible de desechar. Los paisajes de Ballard están marcados por la globalización de un estilo arquitectónico institucional e inhumano que se manifiesta en forma de vastos complejos habitacionales para retirados, bunkers decrépitos, bases espaciales corroídas por el óxido, comunidades burguesas amuralladas, ciudades inteligentes deshabitadas, centros comerciales en quiebra. En estas obras la arquitectura se transforma en una especie de molde psíquico que conforma y manipula a los individuos.
La literatura de Ballard tiene una consistencia notable e independientemente del género que utilice continuamente regresa a sus temas y obsesiones. Parece un lugar común decir que Ballard describe con frialdad clínica y precisión analítica, sin embargo dichos adjetivos son inevitables al constatar su siempre presente economía narrativa. El trabajo de este autor está influenciado por el existencialismo, el surrealismo, el cubismo y el dadaísmo, entre otras corrientes de pensamiento y escuelas artísticas del siglo XX. Así mismo su literatura parece encontrar la inspiración en textos tecnológicos y científicos (particularmente por su uso de la jerga sicoanalítica) y en la obra de numerosos pintores (Dalí, Max Ernst, Tanguy). Su prosa puede transitar de la poesía a la explotación del pulp, pasando por la reflexión filosófica y la escritura automática. Ballard está en deuda con William Burroughs, Antonin Artaud, Joseph Conrad e incluso Lev Tolstoi.
Pero a pesar de esta versatilidad, energía, inventiva y de su innegable maestría estilística, la obra de Ballard siempre estará estigmatizada por el “toque de bochorno asociado con un escritor que opera, aunque sea de manera indeterminada, en el género de la ciencia ficción”, como escribe Roger Luckhurst . A pesar de eso Ballard se ha declarado en numerosas entrevistas orgulloso de haber sido un escritor de ciencia ficción, “la literatura más auténtica del siglo XX”. Y de la misma manera en que Ballard ha sido aceptado a regañadientes en la elite literario, la mayoría de los escritores de ciencia ficción lo consideran un traidor, una influencia nociva y corruptora del género.
Ballard, quien falleció de cáncer en la próstata a los 78 años, se mantuvo durante muchos años al margen del mundo literario. Durante 48 años vivió en el amodorrado suburbio londinense de Shepperton (aunque pasaba hasta tres días a la semana en Londres), una urbanización rodeada por autopistas, cercana al aeropuerto de Heathrow y a los estudios de cine de esa ciudad. El novelista utilizó a Shepperton con su “ambiguo pero embriagador encanto enajenación y anonimato” , como mirador privilegiado para contemplar el “paisaje de consumo hypermediatizado”, el universo nihilista de la muerte de las ideologías y del afecto, un espacio en el que la gente puede dedicar enormes recursos a nutrir y materializar sus fantasías psicóticas.

Abolir el tiempo
Desde la década de los 70 Ballard proponía que el futuro estaba “…cesando de existir, devorado por un presente insaciable”. Una de las nociones más provocadoras de Ballard era su cuestionamiento de la idea del tiempo. En su “Proyecto de un Glosario para el siglo XX”, describe:

Tiempo internacional estándar: ¿Es el tiempo una estructura mental obsoleta que heredamos de nuestros antepasados distantes, quienes inventaron el tiempo serial como un medio para desmantelar la simultaneidad que eran incapaces de comprender como una totalidad? El tiempo debe ser liberado de los carteles y todo mundo debería elegir su propio tiempo.

Ballard escribió que la única diferencia entre una pintura surrealista y una clásica es que en la primera el elemento temporal no está determinado, mientras que en la segunda los personajes, paisajes y situaciones están perfectamente situados en el tiempo. Y ese principio lo ha aplicado sistemáticamente en su literatura al “sacar del tiempo” su narrativa mediante el recurso de la catástrofe, así como por interminables carreteras que aparentemente no llevan a ningún lugar, rascacielos abandonados, piscinas vacías, estacionamientos desiertos y demás ruinas inmutables de una neurasténica sociedad de consumo. Sus personajes al enfrentarse a estas estructuras descontextualizadas sufren una especie de primitivización, un devastador retorno al origen a un estado de ingenuidad y de honestidad, un estado al que Ballard aspira a conducir al lector con su prosa.

April 4, 2009

Encantadores roedores humanos y brutales manoseadores de autobús

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Hinata Seta está a la venta en una tienda de mascotas, es una de las tres mujeres hámster disponibles. Un comprador la escoge y la lleva a casa en una jaula gigante. Hinata juega, duerme, se revuelca en su jaula, defeca y su propietario introduce a un macho para aparearla. Eventualmente, como sucede con todas las mascotas, Hinata se va al cielo, en este caso al de los hámsteres humanos. Como criar una mascota mujer-hámster (How to Raise a Hamster Pet Girl), seguramente es uno de los videos porno más extraños y en cierto sentido perversos jamás realizados. Sin el menor pudor una mujer es convertida no sólo en mascota sino en versión humanizada de un roedor lampiño en cautiverio. El video resulta muy provocador por que fusiona la seducción del porno hardcore fetichista con el encanto cursi de series de animación infantiles como Hamtaro. Aquí la idea del sometimiento, de la observación perversa y del control absoluto del objeto del deseo quedan expuestos con crudeza singular.

La pornografía japonesa es de una diversidad asombrosa. Para quienes desconocemos el idioma, el porno japonés parece un laberinto hermético de mensajes cruzados, un extraño universo de sadomasoquismo y fetichismo, a la vez sórdido y colorido donde las mujeres a menudo visten disfraces estrambóticos y en general muestran niveles de sumisión surreales. La verdadera esencia de la porno, más allá de idolizar cuerpos desnudos o coitos, es la obsesión con la tecnología, con las posibilidades de observar y de revelar mediante diversos mecanismos los secretos ocultos de la fisiología y psicología humana. Y la cultura japonesa, como siempre a la vanguardia de la tecnología, expresa su fascinación sexual en un porno que cuenta con un arsenal de dispositivos eléctricos y electrónicos tanto para capturar imágenes como para interactuar con los genitales, las escenografías y las tramas. Es importante señalar que por su historia, los japoneses no arrastran con tabúes culturales sexuales comparables a los de Occidente ni tampoco deben someterse a la carga religiosa de la noción de pecado. En ese país ni el shintoismo ni la iglesia ni ninguna otra religión han sido factores para determinar lo que la gente puede o no ver. De manera semejante el feminismo no tuvo en esta nación un impacto semejante al provocado por sus logros en Estados Unidos, o Europa. Por lo que este movimiento tampoco ha tenido influencia en lo que se considera aceptable filmar a manera de fantasías eróticas.
La historia de la porno japonesa se remonta al período Edo (1603-1868). El florecimiento cultural y económico de la ciudad de Edo (hoy Tokio) tuvo como consecuencia una gran inmigración de hombres que dejaban a la familia en las provincias. Para sobrellevar la soledad éstos inmigrantes recurrían a la prostitución y a una prolífica industria que producía shunga o materiales pornográficos impresos. Estos libros solían ofrecerse también a las parejas de recién casados por los padres de la novia. La publicación y consumo de materiales pornográficos comenzó a declinar en el período Meiji (1868-1912) en buena medida porque las autoridades no querían que los extranjeros interpretaran ese aspecto de la cultura japonesa y su apertura sexual como una muestra de retraso o desviación moral. Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial las leyes militares de ocupación impuestas en esa nación hasta 1951 prohibían por completo las imágenes sexuales explícitas.
La porno comenzó a reaparecer poco después con influencias occidentales pero con elementos propios que serían considerados inaceptables en otras partes, como un cierto desparpajo por los temas escatológicos. Además estas imágenes se ofrecían al público severamente censuradas. A principios de la década de los sesenta numerosos estudios pequeños de cine producían “pink movies”, cintas porno de muy bajo presupuesto sujetas a una legislación a la vez ambigua y rigurosa. Una ley del período Meiji prohíbe mostrar penes o vaginas de manera explícita así como vello púbico, por esta razón en la revistas los genitales aparecen disimulados con retoque de pincel de aire o francamente cubiertos, con cintas negras, mientras que en el video apareció el ahora emblemático efecto de mosaico que oculta la región genital con grandes píxeles que permiten a medias ver la acción sin detalles. Esta misma legislación se aplica a los comics o manga y dibujos animados o anime. Hasta 1992 toda la región púbica era considerada obscena. Las leyes no hay cambiado pero una reinterpretación de las mismas ha permitido mayor tolerancia, especialmente debido a la gran cantidad de porno explícito que circula por internet. Sin embargo, lo que resulta impactante para el espectador extranjero es que muchos filmes muestran imágenes brutales y degradantes de abuso, humillación y tortura mientras que ocultan pudorosamente falos y vulvas.

La propia censura ha condicionado la evolución del genero pornográfico y en Japón ha engendrado fenómenos como el bukkake, que consiste en que una mujer recibe descargas seminales de docenas de hombres. En estas cintas no importa mostrar los sexos, en muchas ocasiones no hay coitos y el verdadero atractivo radica en el espectáculo casi ritualizado de ver como el rostro de una mujer es cubierto de esperma. La censura sumada a la desbocada y feroz competencia entre productores de porno ha conducido a una desesperada búsqueda de la novedad, a la ebullición de fetichismos, a la inclusión de parafernalia inusual (con una particular obsesión por los consoladores y vibradores) y la aparición de narrativas delirantes. Así tenemos productos como el comentado al inicio en que una mujer atractiva es transformada en mascota hámster o en muñeca desechable, como en el video dirigido por K.C. Takeda, en que la modelo Nao Yoshizaki, interpreta a una muñeca sexual que pasa por diferentes propietarios quienes después de utilizarla la desechan sucia y maltratada en basureros y callejones, hasta que regresa al científico que la fabricó quien tras usarla decide guardarla en su casillero personal.
También podríamos argumentar que la propia censura ha motivado la expansión y popularidad del cosplay o costume play, los juegos de roles y disfraces que tienen millones de aficionados entre los fanáticos del manga y la ciencia ficción pero que también son ávidamente practicados en la porno. Los uniformes más comunes son los de escolares, enfermeras y sirvientas pero las posibilidades son inacabables y no son pocos los videos porno de policías violadas, oficinistas manoseadas o súper heroínas de fantasía y ciencia ficción al estilo Power Rangers que deben ofrecer favores sexuales a megavillanos planetarios.

Estos juegos están inevitablemente vinculados con la porno travestista donde los cambios de género sexual corresponden a cambios de vestuario, a diferencia de la porno transexual, en la que algunos protagonistas han modificado su apariencia mediante cirugía por lo que tienen pene, implantes de senos y otras características femeninas. En la porno del Japón a los transexuales se les denomina newhalf mientras que a las mujeres que aparecen en videos porno equipadas con penes artificiales se les conoce como futanaris. Ambos seres híbridos protagonizan cientos de videos de dos corrientes que son en sí subgéneros pornográficos bien determinados.
Sin duda la porno más transgresora y perturbadora es aquella donde la violencia no se ejerce como en las tradicionales narrativas de los juegos de poder del sadomasoquismo, sino que se lleva a cabo de forma brutal con el fin de crear la ilusión de que realmente se está agrediendo o lastimando a una mujer. Así tenemos una gran veta de videos filmados supuestamente con cámaras escondidas de hombres manoseando, frotándose y masturbándose con pasajeras de trenes o autobuses. Este subgénero tiene a su vez variantes en videos donde el abuso es obviamente puesto en escena como en Chikan-Chikoku-Natsume Nana, donde una joven vestida con un elegante traje sastre aborda un autobús tan sólo para ser primero manoseada y después violada por media docena de pasajeros vestidos con trajes negros, al tiempo en que el resto de los pasajeros fingen naturalidad. Cuando sus atacantes han todos eyaculado sobre ella, la mujer desciende y aborda un tren donde, como en una pesadilla, le ocurre lo mismo. Luego es violada en un baño público y finalmente en otro tren.

Para muchos estas fantasías de abuso son inaceptables sin embargo, hay un obvio contenido onírico, fantástico y hasta caricaturesco en ellas. En cambio sería muy difícil encontrar elementos que rediman el tipo de actividades que tienen lugar en otras cintas que están emparentadas con los shows de cámara escondida, un ejemplo sería Really Bad Behaviour (Verdadero mal comportamiento), en que una cámara supuestamente oculta filma a mujeres solas que son víctimas de hombres que se acercan a toda velocidad con el miembro erecto masturbándose furiosamente con la mano y rápidamente eyaculan en su cabello, rostro o ropa para luego escapar corriendo. Gran parte del video consiste en mostrar a las mujeres agredidas desconcertadas tratando de limpiarse. Más brutal aún es la serie Taxi, donde un taxi recorre las calles recogiendo mujeres, tras unos minutos de viaje un atacante irrumpe en el auto, las somete a golpes y las viola mientras el vehículo sigue en movimiento, para luego tirarlas desnudas a la calle.
Es muy poco probable que las violaciones que tienen lugar en estos videos comerciales sean auténticas. ¿Quién quiere publicar y vender el testimonio de sus crímenes? Sin embargo, numerosas expresiones de angustia, horror y sufrimiento de las protagonistas de las cintas llamadas chikan o de abuso, resultan pavorosamente realistas. De acuerdo con varios estudios, como Pornography, Rape and Sex Crimes in Japan, de Milton Diamond y Ayako Uchiyama (1999), la abundancia de cine porno en Japón no se ha traducido en un aumento de crímenes sexuales. A pesar de la abundancia desmesurada de pornografía, en particular del tipo violento, el numero de crímenes sexuales no se han incrementado de manera relevante. La porno es el medio que canaliza las fantasía sexuales y los deseos más perturbadores, por tanto es debatible si constituye una válvula de seguridad o un peligroso estimulante. Sin embargo, sería interesante tratar de descifrar las motivaciones culturales que hacen deseable la fantasía de una mujer reducida a la condición de hamster o que transforman imágenes de maltrato, tortura real o simulada de mujeres en expresiones populares que se consume masiva y compulsivamente.

March 26, 2009

J.J. Abram, creador de Lost en TED

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March 11, 2009

Dinamitar la propiedad ajena

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Juventud es demagogia.

Pocos atributos son empleados con tanto descaro para promocionar productos, y vender estilos de vida, como la noción de la juventud. Cada nueva generación, cada grupo de creadores noveles deben ser estandartes de vitalidad y ruptura, de transición y de inconformidad. Nada más peligroso que creer en ese cuento, nada más absurdo que ignorarlo. Por tanto debemos olvidarnos del mito de la juventud y poner atención al trabajo de los jóvenes. Eso es lo que ha hecho el escritor peruano, Diego Trelles.
La tarea de hacer una antología de plumas jóvenes de todo un continente es obviamente compleja, indigesta e insalubre. No solamente, es una apuesta riesgosa sino que es la mejor manera de hacerse de enemigos. Sin embargo, alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que jugarse el prestigio y la vida mostrando la obra de estos autores a otros lectores, y estableciendo vínculos y puentes entre escritores jóvenes. Trelles, se aventuró por ese territorio, y recogió el trabajo de decenas de escritores nacidos, como él, entre 1970 y 1980. Eligió los mejores relatos a su parecer y los reunió en una antología. Así, simplemente, como una acto que no necesita ser justificado.
Trelles menciona que se trata simplemente de una selección de textos, hecha únicamente en consideración de su valor, no de los nombres, ni de los prestigios, ni las nacionalidades, ni los géneros, ni las ideologías, ni las editoriales. En el espíritu de esta era Trelles no hizo una antología, sino dos, una selección amplia en línea, en la que incluyó a 63 autores de 16 países, y otra impresa en papel con 20 escritores de 14 países. La tarea parecería rutinaria, una colección más de jóvenes optimistas deseosos de conquistar el mundo con unas cuantas páginas. Sin embargo, Trelles escogió un título significativo para la antología que resume su escepticismo: El futuro no es nuestro. Estas palabras pueden interpretarse de mucha maneras, pero es imposible perder de vista la ironía y el curioso desapego con que Trelles asume su función. Primero es el reconocimiento de que a estas alturas nadie puede ser tan romántico como para imaginar que las letras puedan cambiar al mundo (aunque exista la posibilidad de que lo hagan). El título tiene también una connotación geopolítica, un reconocimiento del orden cultural hegemónico y, sobre todo, un vigoroso deslindamiento de responsabilidades: “no tenemos culpa alguna por el futuro que nos espera”.
El futuro no es nuestro es un deleite por su diversidad y por sus propuestas desparpajadas que no buscan el cobijo de las viejas luminarias y santones latino americanos. En ese sentido sigue la trayectoria de antologías como McOndo (Fuguet y Gómez, 1996), pero afortunadamente las diferencias de tono, estilo y temáticas son notables. Estos autores no tienen ya la obligación de romper con el realismo mágico, ni con el boom, ni con el crack ni con otros traumas literarios desechables. Parecería que el calentamiento global ha desquiciado hasta las corrientes literarias.
Tenemos aquí la oportunidad de visitar pueblos antropófagos que tratan de preservar sus tradiciones en el mundo moderno, hijos de la revolución sandinista reeducados en el consumo, invasiones de gigantescas tortugas enfermas, enredos policíacos pesadillescos, superestrellas porno atribuladas por sus orígenes indígenas, asesinatos impunes y aparatosos actos sexuales (incluyendo un acto de perturbadora pedofilia). El futuro se parece al presente, pero como no es nuestro, nada mejor que ponerle una bomba y disfrutar el espectáculo pirotécnico.

Esta es una canción del grupo bretón Gwendal:



January 3, 2009

Las razones de la guerra olímpica de Georgia

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Ataque sorpresa

El caso parecía claro: el ruin gobierno ruso aprovechó la inauguración de los juegos olímpicos de Beijing para atacar a un vecino débil, un estado democrático y amigo de Occidente que simplemente quería defenderse de una serie de agresiones dirigidas por Moscú. El mundo reaccionó al unísono, condenando ese grotesco crimen. Los entonces candidatos a la presidencia estadounidense Barack Obama y John McCain criticaron con severidad a Rusia. El origen del problema es que las provincias georgianas de Abkhazia y Osetia del sur obtuvieron una especie de independencia de facto y son patrulladas por tropas de paz rusas desde principios de la década de los 90. Esta partición es una herida para Georgia. La versión oficial de los sucesos de la guerra de los cinco días recitaba que el 7 de agosto de 2008 separatistas prorusos habían lanzado un ataque con misiles contra ciertas aldeas georgianas y las tropas rusas habían penetrado el territorio de la pequeña república por el norte. Los rusos por su parte aseguran que si enviaron tropas fue precisamente para proteger a los civiles y a sus fuerzas de paz de las tropas georgianas que bombardearon sus pueblos. El “ataque sorpresa” que cobró (de acuerdo con el gobierno ruso) 1500 vidas, fue un fiasco catastrófico, ya que los rusos seguramente tenían al gobierno georgiano infiltrado y habían dispuesto en secreto tropas a lo largo de la frontera.

Con amigos como estos…
El presidente georgiano, Mikhail Saakashvili, creyó poder recuperar las provincias disidentes en unas cuantas horas, confiando que los rusos no se atreverían a intervenir debido a la buena relación que él mantenía con el régimen de Bush y con el candidato McCain (su principal asesor para relaciones extranjeras, Randy Scheunemann, era cabildero para esa nación así como director del Comité para la liberación de Irak, una organización dedicada a impulsar la invasión de Irak de 2003). El propio exembajador de Georgia en Moscú durante esta guerra, Erosi Kitsmarishvili, declaró a la agencia Associated Press que aunque ambas partes tenían la culpa el gobierno georgiano había comenzado las hostilidades. Según el exdiplomático, quien ha sido desmentido con vehemencia por su régimen, Saakashvili deseaba esta guerra desde hace cuatro años y creyó que la Casa Blanca daría la luz verde para recuperar por la fuerza las provincias disidentes. Supuestamente en su reunión en marzo del 2008, Bush le dio su apoyo y el 9 y 10 de julio siguiente la secretaria de estado, Condoleezza Rice aprobó el plan. Ese mismo mes 2,000 soldados estadounidenses fueron enviados a ese país para realizar un ejercicio conjunto con las tropas locales llamado: “Immediate Response 2008″. Saakashvili mandó 2,000 soldados a pelear en Irak y esperaba que su amigo personal, George Bush, lo premiaría por su fidelidad y por ofrecer convertir a su país en el “Israel del Cáucaso”, escribe de Arnaud de Borchgrave, en el Washington Times (4-sept.-08). Sin embargo, los EUA no estaban dispuestos en poner en riesgo su relación con el Kremlin a cambio del “proyecto Georgia”.

Alianzas convenientes
La otra nación que alentó a Georgia en su aventura bélica fue Israel. Georgia comenzó a comprar armas a Israel desde hace siete años (con la ayuda de préstamos estadounidenses). El ministro de la defensa georgiano, Davit Kezerashvili, es un exisraelí que jugó un papel fundamental en la adquisición de armas, compra de aviones a control remoto (drones)de Elbit Maarahot Systems, el entrenamiento de tropas (entre 100 y mil asesores militares israelíes y 110 estadounidenses tenían esa tarea) y acceso a información de sus servicios de inteligencia. Los rusos declararon que el material de origen israelí que confiscaron en esta guerra incluía: “ocho tipos de vehículos militares, explosivos, minas y explosivos especiales para limpiar terrenos minados” y un número de drones. Aparte del apoyo oficial israelí varias empresas particulares de ese país también daban servicios logísticos, entrenamiento y apoyo al ejército georgiano. Parte del acuerdo militar entre Georgia e Israel consistía en que aviones israelíes podrían utilizar dos aeropuertos en el sur de Georgia para lanzar un ataque preventivo en contra de Irán. La organización de inteligencia israelí, Debka, publicó que el vuelo desde Georgia hasta Irán, pasando por el Caspio reduciría el tiempo de vuelo a 3.5 horas y eliminaría la necesidad de pedir autorización a los EUA para sobrevolar Irak. La relación especial entre las dos naciones llegó a niveles espirituales, como publicó el Jerusalén Post el 12 de agosto, cuando el primer ministro Vladimir Gurgenidze pidió la bendición para lanzar su acción militar a uno de los líderes religiosos más importantes del país, el rabino Aaron Leib Steinman, como escribió Borchgrave.

Pirotecnia
Las olimpiadas arrancaron el 8 de agosto del 2008 con un espectáculo pirotécnico sin precedente. Mientras tanto, a unos 6442.05 kilómetros, en Tskhinvali (o Tsjinvali) la capital de la república separatista Osetia del sur y alrededores, ardía la pólvora y se iluminaba el cielo con los misiles, obuses y explosivos que las fuerzas georgianas lanzaban contra supuestos rebeldes. El día anterior el presidente de Georgia, Mikheil Saakashvili (quien llegó al poder en el golpe de estado patrocinado por la CIA, que se denomina románticamente en Occidente como la “revolución de la rosa”) anunció a la población que habían tenido lugar batallas en Osetia, pero declaró un cese al fuego y nuevas negociaciones con Rusia. Unas 24 horas después Saakashvili declaró que sus fuerzas controlaban la mayoría de Osetia del sur y que casi toda Tskhinvali había sido “liberada”. Supuestamente los rebeldes habían roto el cese al fuego y los rusos atacado a las tropas georgianas en Osetia. Mientras Saakashvili hablaba de paz, sus tropas ya estaban en posición de ataque, listas para lanzar una especie de blitzkrieg, y entre las primeras víctimas cayeron 10 soldados rusos de las fuerzas de paz asociadas a la Organización para la seguridad y Cooperación de Europa. Varias aldeas georgianas fueron saqueadas y destruidas, pero esto sucedió como represalia, después del intento del gobierno de Tbilisi de retomar la provincia.

Crímenes de guerra
Tener a Rusia como vecino no debe ser fácil. Por supuesto que Georgia tiene todo el derecho de reclamar lo que considera parte de su territorio, aunque hay canales diplomáticos para hacerlo. Lo que resulta injustificable es que un gobierno lance una absurda guerra contra un poder muy superior con la esperanza de que éste no responda por temor a enfurecer a los EUA o bien que utilice a su propio ejército y población como señuelo para arrastrar a Rusia a una trampa. Saakashvili, tenía que conocer las posibles consecuencias de su acción bélica, por lo que es responsable en gran medida por las vidas humanas perdidas y la destrucción causada. Este es sin duda un crimen contra la humanidad comparable a la invasión de Kuwait por parte de Saddam Hussein, en 1991. En su ataque contra los osetianos que supuestamente conducían ataques contra ciudades vecinas, el gobierno georgiano bombardeó ciudades indiscriminadamente con cohetes grad altamente imprecisos, así mismo emplearon bombas de racimo contra su propia población. Hussein fue enviado a la horca por crímenes semejantes.



Triunfa la propaganda

Los principales medios occidentales aceptaron sin cuestionamientos la versión oficial que difundía el gobierno de Saakashvili, con la bendición de la Casa Blanca, funcionando como portavoces de la propaganda georgiana. No fue sino hasta el 6 y 7 de noviembre de 2008 en que el New York Times reconoció que numerosos testimonios independientes contradecían la incoherente versión georgiana de los hechos. El NYT y otros medios prestigiosos tardaron tres meses en aceptar las abrumadoras evidencias de que Rusia no comenzó esta guerra. Para entonces el conflicto había sido olvidado por el público y la impresión de una Rusia peligrosa, beligerante y fuera de control ya se había incrustado en la memoria colectiva. Un triunfo más para los genios de la propaganda.

Otra vez en el frío
Horas después de la victoria electoral de Obama, el presidente ruso Dimitri Medvedev ordenó la instalación de misiles cerca de sus fronteras con las naciones de la OTAN, como en Kaliningrado, para contrarrestar los planes de EUA de poner un escudo de misiles en Polonia (a 185 kilómetros de la frontera rusa) y la República Checa, y de invitar a Ucrania y Georgia a la OTAN. Además anunció que no retiraría tres misiles intercontinentales como se había previsto. Vladimir Putin declaró en una conferencia de prensa en 2007: “Por primera vez en la historia habrá elementos del poder nuclear estadounidense en el continente europeo. Esto simplemente cambia toda la configuración de la seguridad internacional. Por supuesto que tenemos que responder a eso”. La guerrita olímpica de Georgia es tan sólo otra expresión de las intenciones estadounidenses de aislar a Rusia e impedir sus supuestas ambiciones de controlar los oleoductos propiedad de empresas occidentales en el Caspio. Este conflicto difícilmente dará lugar a una Tercera Guerra Mundial pero pone en evidencia nuestro desfilar a paso seguro hacia una Segunda Guerra Fría.

December 8, 2008

Afganistán, la otra guerra y su legado

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Dos visiones opuestas
Gane quien gane las elecciones de noviembre en los Estados Unidos, el nuevo presidente heredará dos guerras (o quizá tres si la Casa Blanca lanza una sorpresa de octubre en forma de un ataque contra Irán), una catástrofe financiera (cuyas consecuencias se harán sentir a lo largo de la década) y el desastroso legado de ocho años de Bush y su pandilla de neoconservadores: en lo social (como el abandono de Nueva Orleáns), lo judicial (cientos de leyes cambiadas en beneficio de corporaciones y organizaciones ultraconservadoras), y lo moral (la tortura como herramienta del estado y la doctrina de las guerras preventivas). Las propuestas de John McCain y Barack Obama como candidatos a la presidencia difieren en casi todos los dominios, en particular en materia de relaciones exteriores. Obama siempre estuvo en contra de la guerra de Irak, McCain siempre a favor. Obama cree en la utilidad de negociar con los líderes de los estados “parias” mientras que McCain canta: “bomb, bomb, bomb, bomb, bomb Irán”, con la tonada de Barbara Anne, (la canción hecha famosa por Los Beach Boys).

… con algo en común

No obstante, ni los pacifistas ni los enemigos de la guerra ganan elecciones en los Estados Unidos, por lo que Obama proyectó su furia bélica (por la necesidad de mostrar que a pesar de ser un elitista, un intelectual y un buen orador, también es capaz de matar terroristas) en lo que él y su equipo (en el que destacan operadores de la vieja guardia clintoniana) imaginaron que era una guerra menos problemática: Afganistán. Eso tienen en común los dos candidatos. Así, Obama trata de sonar agresivo y al mismo tiempo conservar un poco la congruencia, separando una guerra buena, (contra el talibán y al Qaeda), de una mala (contra Saddam Hussein). Así, el senador demócrata de Chicago, propone retirar a las tropas de Irak pero enviar más soldados a Afganistán. Esto es la receta infalible para más horrores y tragedias en una nación que, tras 7 años de conflicto, vive un brutal incremento de violencia. Entre enero y agosto de este año han muerto por lo menos 1,445 civiles (40% más que el año pasado), en el que ya se considera el peor años de la guerra.

La paz de los despojados
La última y más absurda falacia del gobierno de Bush (la cual McCain ha adoptado como dogma de fe) consiste en creer con desesperación que el “surge” o aumento de tropas en Irak ha funcionado y ha pacificado al país. La aparente calma no es más el resultado que de la estrategia de “depuración étnica” por parte de la mayoría chiíta, así como de una serie de alianzas entre milicias y grupos segregacionistas que tienen como objetivo eliminar a sus enemigos locales y consolidar su poder aprovechando la presencia de las tropas de los Estados Unidos. Ante la incapacidad de las fuerzas de ocupación de proteger a la población, en particular en Bagdad, las minorías, sunítas, turkmenas y cristianas, entre otras, han optado por huir de la violencia, y emigrar interna o internacionalmente.

Repetir la historia
La propuesta de enviar 8000 soldados más a Afganistán (como propone Bush) o de duplicar el número de combatientes, como quieren McCain y Obama (cuando esto se escribe hay 33 mil estadounidenses y 23 mil soldados de otros miembros de la OTAN), difícilmente resultará en una estrategia más exitosa que las empleadas por las tropas invasoras británicas en el siglo XIX o soviéticas en 1979. El entusiasmo del pueblo afgano, de haber existido al comienzo la invasión, se ha diluido, especialmente tras numerosos ataques fallidos, como aquel del 22 agosto del 2008, en el cual, de acuerdo con la ONU y las autoridades afganas, 90 civiles (60 de ellos niños) fueron asesinados por misiles lanzados erróneamente en el oeste del país (el ejército estadounidense tan sólo aceptó haber matado a 30, como si ese descuento fuera de alguna manera una compensación). El pueblo afgano sigue empobrecido y vive por lo menos igualmente aterrorizado que durante los años del régimen fundamentalista talibán. Lo que quedaba de infraestructura preinvasión ha sido demolida y las pocas obras llevadas a cabo por los ocupadores se colapsan tras años de guerra. Además, la creciente inestabilidad en Pakistán amenaza con extender la guerra y complicar aún más la situación afgana, por la facilidad con que los rebeldes atraviesan la frontera, prácticamente sin obstáculos, y por las incursiones estadounidenses en territorio paquistaní que han inflamado sentimientos nacionalistas y radicalizado a las poblaciones del Oriente cercano.

Narcos e invasores
Antes de la invasión estadounidense el talibán había limitado y en algunas zonas erradicado el cultivo de opio. Sin duda, esta fue una de las poca acciones decentes e inteligentes que llevó a cabo este grupo fundamentalista. Hoy, una de las provincias más turbulentas del país, Helmland, provee (de acuerdo con expertos de la ONU) más de la mitad de las 7,700 toneladas de opio que produjo Afganistán este año, cantidad que supuestamente equivale al 80 por ciento de la heroína que se consume en el mundo, y que ha generado internamente un ingreso anual de 4 mil millones de dólares. Presuntamente este es el dinero que financia a los rebeldes, por tanto desde la segunda semana de octubre la OTAN determinó incluir en su mandato atacar a los narcotraficantes. Uno se pregunta: ¿qué hacían antes si se topaban con camiones cargados de amapola?¿los dejaban pasar?¿Informaban a la incompetente policía o al letárgico ejército con la certeza de que no podrían hacer nada contra los narcos? ¿Cómo entender las relaciones entre una fuerza militar internacional invasora y los narcocaciques locales? No podemos más que imaginar que debe haber algún tipo de complicidad entre los ocupadores y los traficantes. Esta invasión moderna tiene muchas reminiscencias con las intervenciones y voracidad de las viejas potencias coloniales. Parafraseando a Philip K. Dick: “el siglo XIX nunca terminó”.

Fragmentos de país
El gobierno de Hamid Kharzai tan sólo tiene poder en Kabul. Al rebasar los límites de la ciudad se entra en territorio hostil. De acuerdo con testimonios como el del periodista Nir Rosen (“A Journey into Taliban-Controlled Afganistán”, publicado en la edición del 30 de octubre de 2008, de la revista Rolling Stone), el talibán se enfrenta diariamente a las tropas de ocupación y ni siquiera recurren al abrigo de la oscuridad para controlar los caminos, llevar a cabo redadas, instalar tribunales, detener y ejecutar a quienes acusan de espionaje o colaboración con los invasores. El talibán de hoy es una fuerza más pragmática, más sofisticada, menos fanática, mejor equipada y preparada que el de hace siete años. Sus acciones son cada día más atrevidas, violentas e ingeniosas, como fue aquel ataque contra la prisión de Kandahar el 13 de junio de 2008, cuando estacionaron una pipa de combustible frente a la puerta y después le dispararon con un lanza granadas. En la explosión murieron los guardias y 900 presos escaparon. El talibán conduce regularmente ataques espectaculares contra ciudades, así como bases estadounidenses y de la OTAN, como aquella donde mataron a 10 soldados franceses estacionados en las afueras de la capital.

El peligro de los invasores
Y al tiempo en que esto sucede la maquinaria propagandística ya teje su nuevo cuento: “Los terroristas no son afganos sino que son guerrilleros que vienen escapando de la estrategia estadounidense antisubversiva empleada en Irak”. El ejército de EU recurre nuevamente a la vieja y paradójica tradición de descalificar a un enemigo nativo al argumentar que en realidad se trata de invasores extranjeros. Sin duda hay militantes de muchas partes del mundo peleando en Afganistán, pero querer negar que los rebeldes persiguen una causa nacionalista es simple propaganda. Así mismo, está de vuelta la costumbre de exagerar los números de combatientes enemigos eliminados. El ejército estadounidense asegura diariamente que ha eliminado a decenas o cientos de talibanes y en cada ataque se dice que ha caído uno o más de los principales líderes rebeldes. Esta propaganda es insertada en el ciclo noticioso, con la esperanza de influenciar al público, y una vez que la noticia desaparece de los titulares, nadie pone atención si es desmentida.

Regresando al legado de George W. Bush
Al término de la era Bush hay quienes sentirán una enorme gratitud por su liderazgo. Bajo este régimen, empresas como Exxon Mobil, rompieron todos los récord históricos de ingresos, y se convirtieron en las corporaciones más ricas que han existido en el planeta (sus ganancias para el 2007 fueron 40.61 mil millones de dólares o bien $1,300 por segundo). Y si bien Bush deja a un país en ruinas algunos sectores de la economía han prosperado de manera increíble, como las empresas de mercenarios Blackwater, y Triple Canopy, así como empresas de “contratistas” multiusos como Halliburton (de la cual era director general el vicepresidente, Dick Cheney) y KBR. Y no podemos olvidar a los fabricantes de armas y equipo militar, que en 2008 vendieron más de 32 mil millones de dólares en armas, rompiendo también todo récord existente y estableciendo un nuevo estándar en las relaciones comerciales de los EUA y Oriente próximo.

September 17, 2008

Buenas intenciones, terribles consecuencias: Kanan Makiya y la memoria Iraquí

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En enero de 2003, Kanan Makiya, profesor de la universidad de Brandeis, y otros dos exiliados iraquíes fueron invitados a la Casa Blanca para reunirse con George W. Bush. Fue ahí donde le aseguraron al presidente que los iraquíes recibirían a las tropas estadounidenses “con dulces y flores”, reportó George Packer, en su artículo ‘Dreaming of Democracy’, (The New York Times Magazine, 2 de marzo 2003).

Makiya, un egresado de MIT, que en sus años universitarios se decía marxista y apoyaba la causa palestina, se había convertido a inicios del siglo XXI en una celebridad entre la comunidad exiliada iraquí, debido a su activa militancia en contra del régimen de Saddam Hussein. En 1989, mientras trabajaba como arquitecto para su padre, en Londres, Kanan escribió y publicó (bajo el seudónimo de Samir al Khalil) Republic of Fear, una denuncia de las atrocidades que se vivían como cotidianidad en Irak.

El libro solo tuvo un gran impacto cuando Hussein invadió Kuwait en agosto de 1990. Entonces se tornó una especie de referencia, texto obligatorio para quien quisiera entender la situación en Irak o por lo menos para justificar la visión que Occidente tenía del régimen iraquí.Otro exiliado iraquí, el tristemente célebre Ahmed Chalabi, compró cientos de ejemplares del libro (antes de conocer a Kanan) y los repartió entre la comunidad exiliada, políticos y periodistas estadounidenses para promocionar su caso.

Al término de la Primera Guerra del Golfo, Makiya se consideraba un experto en el tema. Viajó numerosas veces al kurdistán iraquí (el cual ya no se encontraba bajo el control de Hussein) y escribió el libro Cruelty and Silence, donde acusaba al mundo árabe de cobardía y complicidad con el régimen de Saddam. En ese libro denunciaba a los líderes árabes por su rabioso antiamericanismo, el cual argumentaba estaba injustificado.

Cuando los vientos de guerra comenzaron a soplar en 2002, y el régimen de Bush preparaba su invasión de Irak, con un arsenal de mentiras, distorsiones y propaganda, Makiya se convirtió en uno de los principales defensores de la acción armada. Pero para él no eran importantes las razones de Bush (armas de destrucción masiva, alianzas de Bagdad con al Qaeda y el peligro latente que representaba Saddam para los EUA); su lógica era que la guerra era la única forma de rescatar al pueblo iraquí de un régimen genocida como el de Hussein. Makiya creía que derrocar a Hussein era una “oportunidad histórica”, que haría posible a la democracia florecer en el Oriente cercano.

Makiya elaboró un esbozo de constitución e hizo una lista de los 45 líderes del régimen que debían ser condenados por crímenes contra la humanidad. El académico y autor, imaginaba que Irak sería como Sudáfrica después del apartheid o Alemania democrática después de la caída del Muro de Berlín. De hecho, el periodista Dexter Filkins, cuenta que Makiya visitó las oficinas de la desaparecida agencia de inteligencia alemana, Stasi, que había sido convertida en un archivo abierto, donde los ciudadanos podían ver la clase de abusos que se habían cometido contra ellos. Esta apertura lo inspiró.

Makiya llegó a creer que Chalabi, a pesar de su reputación como criminal, estafador, mercader de la muerte e intrigante, podría llegar a ser el “Mandela iraquí”; más tarde se decepcionó profundamente de sus manipulaciones.

Hoy ha quedado muy claro que la ingenuidad y la ignorancia política no son una buena base para pregonar guerras en países lejanos. A estas alturas, Makiya ha podido constatar que las multitudes no llegaron a recibir con flores a los soldados estadounidense, que la ocupación ha sido una fuerza devastadora que ha reducido al estado a ruinas, que cientos de miles de vidas iraquíes se han perdido y millones de iraquíes han tenido que abandonar el país; Estados Unidos y sus aliados ya se reparten los beneficios del petróleo iraquí, la liberación de Irak es un estigma que ha destruido la reputación estadounidense y el caos sembrado en la región durará por décadas. La guerra hubiera tenido lugar de cualquier manera, a final de cuentas ni Makiya ni sus socios fueron tan relevantes como imaginaron para la salvar a Irak, el equipo Bush y sus neoconservadores los usaron como un argumento propagandístico más.

Filkins escribe que el sueño de Makiya era construir un museo para los archivos del partido Baaz en el lugar donde está el Arco de la Victoria, el monumento construido por Hussein para conmemorar su presunta victoria sobra Irán, a un costo de un millón de vidas. Makiya creó la Fundación para la Memoria Iraquí, un grupo consagrado a documentar las atrocidades del régimen de Hussein.

De acuerdo con Edward Wong, Makiya tiene en su sala, ocho discos duros con más de once millones de páginas de documentos que “encontró” tras la caída del gobierno, en oficinas abandonadas en Bagdad. Por el momento su sueño de un museo en Bagdad tendrá que ser pospuesto, pero ya ha negociado con la universidad Stanford para guardar la base de datos.

Como escribe Hugh Eakin, en su artículo ‘Iraqi Files in U.S.: Plunder or Rescue?’ (New York Times, 1 de julio de 2008) su valeroso restante parece hoy un claro saqueo. El director de la biblioteca nacional de Irak y el ministro de cultura han declarado que los documentos fueron retirados ilegalmente del país y deben ser regresados sin la menor demora ni excusa.

La toma de estos documentos se encuentra en línea con los tradicionales saqueos de reliquias cometidos en las guerras e invasiones coloniales. Varias instituciones culturales del mundo, como la Asociación canadiense de Archivistas y la Sociedad Estadounidense de Archivistas se han unido al gobierno iraquí en su reclamo.

Makiya, con todo y sus buenas intenciones, se ha convertido en una figura trágica más en la espantosa historia reciente de Irak, y su rescate de aquellos documentos es el epílogo apropiado a una guerra que él pensó rescataría a su pueblo.

September 1, 2008

El terrorismo sexual en la era Bush

Filed under: General

Guerra santa

Sería difícil resistir la tentación de ridiculizar la experiencia militar del presidente y comandante en jefe de las fuerzas armadas estadounidenses, George Bush, Jr., cuya única tarea en el ejército consistió en proteger, entre 1968 y 1972, los cielos de Texas de cualquier incursión norvietnamita. No podemos negar que su labor fue un éxito. Sería difícil ignorar las muchas carreras frustradas que ha tenido el exporrista de la universidad de Andover, exdueño del equipo de béisbol Texas Rangers, expetrolero fracasado y exsocio de la familia Bin Laden. Pero si hay algo difícil de olvidar es que el presidente que gusta pasar sus vacaciones de verano en su “rancho” de la ciudad de Crawford, Texas, le dijo en 2003 al primer ministro Mahmoud Abbas en Aqaba: “Dios me dijo que atacara a al Qaeda y los ataqué, y entonces me indicó que atacara a Saddam, lo cual hice y ahora estoy determinado en resolver el problema del Medio Oriente. Si usted me ayuda yo actuaré y si no, vendrán las elecciones y tendré que enfocarme en ellas”. Estas inolvidables palabras fueron publicadas el 26 de junio de 2003 en el diario israelí, Ha’aretz por el periodista, Arnon Regular. Quizás jamás podremos saber si Bush en realidad dijo semejante cosa pero sí podemos intuir que Abbas no quiso o no pudo ayudar a Bush ya que la situación en Israel y Palestina está peor que nunca. ¡Que oportunidad perdida de aprovechar el poder divino que Bush ha despilfarradlo en sus guerras!

Guerra ambigua
No podemos asegurar que Bush crea realmente que sus guerras tienen motivación divina, lo que sí debería creer es que sus guerras tienen un elemento de terrorismo sexual cada día más ominoso. El presidente dio en verano del 2007 una discreta orden ejecutiva que permite a los agentes de inteligencia y espionaje estadounidenses evadir todas las restricciones (imaginadas por la Suprema corte, el Congreso y el artículo 3 de las convenciones de Ginebra) al respecto del uso de técnicas degradantes y humillantes de interrogación. El argumento es que un agente puede humillar y degradar a un sospechoso si sospecha que al hacerlo puede impedir que tenga lugar un acto terrorista. Se ha hablado mucho, especialmente en los medios estadounidenses de la controversia del “waterboarding” o la tortura del agua (a la que dedicamos dos entregas de esta columna), en cambio se ha omitido deliberadamente toda mención de tortura sexual. Y la genialidad de Bush y su equipo ha sido precisamente dejar todo en la ambigüedad: no dejar documentación alguna de la técnicas de tortura sexual aprobadas. De esa manera nuevamente han eludido la responsabilidad y futuros cargos por crímenes de lesa humanidad.

Las técnicas de la perversión
Habiendo tantas formas de provocar dolor podríamos preguntarnos porqué el énfasis en la tortura sexual. La razón es que este tipo de tormento no sólo provoca dolor físico sino también heridas emocionales y profunda vergüenza. Dado que no hay memorandums explícitos que instruyan a los agentes de inteligencia militar, de la CIA o de cualquier otra organización de inteligencia, el comentarista David Rosen, propone que una buena guía de lo que está ocurriendo es el registro histórico documentado de las prácticas y técnicas sexuales usadas por los Estados Unidos y otros países para hacer confesar a los sospechosos de terrorismo. Lo más obvio sería pensar en la violación de hombres, mujeres y niños, una práctica que se ha usado desde hace siglos en donde quiera que ha habido abusos de poder. No obstante se han reportado pocos casos de violación en la “guerra contra el terror”, en cambio se han empleado ampliamente las siguientes técnicas:

• Videograbar y fotografiar a detenidos desnudos
• Obligar a los presos a posar en posiciones sexualmente explícitas
• Mantener a los presos desnudos durante varios días
• Embarrar lo que supuestamente era sangre menstrual en el rostro de los presos
• Manosear sexualmente a los presos
• Obligar a los presos varones a utilizar ropa interior femenina
• Obligar a los presos a masturbarse en grupos para videograbarlos y fotografiarlos
• Obligar a los presos a formar pirámides o pilas humanas
• Ponerle bolsas de tela en la cabeza a los presos desnudos y luego conectarles cables en las manos y los genitales para darles o hacerles creer que se les darán descargas eléctricas
• Ponerle correas de perro al cuello a los presos desnudos, tratarlos como animales y hacerlos posar con mujeres soldados.
• Sodomizar a los presos con tubos de luz (como los usadas por los buzos) y escobas.

Estas prácticas han sido documentadas en varias guerras y tan sólo en la “guerra contra el terror” se han producido cientos de fotos y por lo menos cuatro videos. Además sabemos que la CIA ha destruido deliberadamente numerosos videos y evidencias de interrogatorios hechos en 2002. Resulta difícil creer que en algún momento los autores intelectuales de esta orgía del terror pagaran por sus abusos, pero sería revelador entender qué clase de dios pide a sus seguidores que pelen una guerra semejante.






















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